4 de diciembre de 2016

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Fedora 9, apuesta de renovación

Fedora 9, apuesta de renovación

Fedora 9, apuesta de renovación
abril 27
13:59 2009

La nueva distribución de la comunidad de Red Hat es una de las más audaces e innovadoras, y eso se nota en los componentes que incorpora. Su apuesta por KDE4 como escritorio por defecto o el soporte Ext4 demuestran esa vocación. La inclusión del nuevo X.org 7.4 / X Server 1.5 también es muy relevante en una distribución que destaca por su temprana inclusión de novedades en el mundo Open Source sin descuidar su acabado.

Fedora 9 “Sulphur” es la última de las ediciones de esta popular distribución Linux que sucede a la exitosa Fedora 8 “Wolfdale” y que trae un buen abanico de novedades, abanderadas por el entorno de escritorio KDE 4, la joya de la corona de la mayoría de distribuciones Linux de última hornada.
Sin embargo, las novedades van mucho más allá, y afectan a todos los aspectos de esta distribución: desde las versiones en descarga disponibles hasta el nuevo sistema FreeIPA (que se asemeja en funciones al Active Directory de Windows) pasando por nuevas e interesantes opciones de instalación y por las versiones renovadas de la inmensa mayoría de aplicaciones de escritorio, tales como OpenOffice, Firefox, y un largo etcétera.

Instala como quieras: LiveCD, DVD, LiveUSB

El primer paso a la hora de instalar Fedora 9 es, obviamente, descargarla en alguna de sus versiones. Los ingenieros encargados de este desarrollo han puesto a nuestro alcance un gran número de opciones de descarga, tanto en soporte de plataformas (32 bits, 64 bits, PowerPC) como en formatos de instalación (LiveCD con GNOME, LiveCD con KDE 4, DVD) e incluso tipos de descarga (directa, BitTorrent o a través de la herramienta Jigdo).

Ficha técnica

Todas esas opciones ofrecen lo necesario para completar la descarga de la imagen ISO correspondiente a nuestro ordenador, y es interesante la presencia de Jigdo, una utilidad que permite acortar los tiempos de descarga si ya disponíamos de alguna versión beta previa de Fedora. Si es el caso, podremos retomar la descarga para obtener una ISO completa de Fedora 9, pero habrá componentes que no habrá necesidad de descargar, lo que reducirá el tiempo total de transferencia. También será útil, por ejemplo, si sólo queremos el LiveCD de GNOME y ya habíamos descargado el DVD con una beta previa de Fedora. Sólo se descargarán los paquetes necesarios para ese escenario, de modo Jigdo es una solución perfecta para los que ya han trasteado con esta distribución antes de la versión final que ya tenemos entre manos.

Otra solución interesante es la generar una llave USB con el sistema operativo Fedora 9 instalado de forma persistente. Esto significa que podremos instalar Fedora 9 en este tipo de memorias USB, utilizándolas en cualquier equipo desde el que se pueda arrancar con USB. Pero además todos los cambios que realicemos en esas sesiones con nuestra llave USB quedarán registrados y salvaguardados, de modo que en esencia tendremos un sistema operativo portátil a nuestro alcance en cualquier momento. Entra así en juego el concepto de distribuciones LiveUSB que comienzan a extenderse entre otros desarrolladores y que aportan muchos beneficios, como apuntaba recientemente uno de los responsables de la distribución en una entrevista sobre el tema.

Instalar, cifrar y redimensionar, todo en uno

Una vez con la imagen ISO grabada en el CD o DVD correspondiente podremos pasar a instalar la distribución, que nos presenta el típico menú en el que se nos dan las opciones de instalación en modo gráfico o en modo texto, una opción muy socorrida en caso de dificultades con el asistente visual. Precisamente el asistente gráfico nos lleva a lidiar de nuevo con el tradicional Anaconda, el desarrollo en el cual se basa la instalación de Fedora desde hace ya varias ediciones (al igual que ocurre con Red Hat) y que destaca por su claridad y sencillez, salvo quizás en un apartado, la gestión de particiones.

En este punto Fedora 9 integra una serie de nuevas posibilidades que son muy destacables, como por ejemplo el redimensionamiento de particiones en tiempo real y el cifrado de las particiones Linux de datos que vayamos a utilizar para la instalación de Fedora. Aunque el segundo apartado es muy interesante para aquellos que quieran asegurar la privacidad de sus datos, nos parece más interesante la opción de redimensionar particiones que evita tener que acudir a soluciones de terceras partes. PowerQuest Partition Magic y Acronis Disk Director Suite son las clásicas utilidades en Windows, mientras que los usuarios de Linux podemos arreglarnos muy bien con GParted, y de hecho incluso existe una distribución específica destinada a las tareas de particionamiento llamada Parted Magic que en tan sólo 45 Mbytes ofrece todo lo necesario para preparar nuestro esquema de particiones antes de afrontar una nueva instalación de Linux.

Ese redimensionamiento integrado permite seleccionar una partición en la que dispongamos de espacio libre y aprovechar ese espacio precisamente para crear otra partición destinada a instalar Fedora. El proceso es algo complejo para los no iniciados (Fedora ofrece una guía de instalación con un apartado dedicado a este tema), por lo que es conveniente que los nuevos usuarios de Linux acudan a las opciones que Fedora ofrece a la hora de particionar el sistema. Cuando se nos presenta el menú de particionado tendremos una serie de opciones a elegir, entre las cuales estarán activados los discos detectados (sda será el primero, sdb el segundo, y así suceisvamente) para los que dispondremos de cuatro alternativas:

1.- Borrar todas las particiones de los discos seleccionados y crear una configuración por defecto.

2.- Borrar todas las particiones Linux de los discos seleccionados y crear una configuración por defecto.

3.- Usar el espacio libre disponible en los discos seleccionados y crear una configuración por defecto.

4.- Configuración personalizada.

Esas opciones tratan de facilitar una instalación automatizada, pero si uno no ha trabajado nunca con Linux hay que advertir del peligro de la primera opción, que borrará todos los datos de los discos duros seleccionados (cada disco dispone de su casillita de activación/desactivación) para utilizar el espacio para las particiones que Fedora considere convenientes. Si ya teníamos una distribución que queremos sustituir por Fedora lo mejor será usar la segunda opción, mientras que si antes de la instalación hemos borrado alguna partición para dejar ese espacio (no asignado) a la futura Fedora, podemos optar por la tercera alternativa. Pero si somos usuarios habituales de Linux, lo mejor es realizar una configuración personalizada con la cuarta opción, que nos permitirá redimensionar particiones, cifrarlas, establecer sistemas RAID, particiones LVM, y otras funcionalidades a través de la herramienta Disk Druid, otra vieja conocida de los usuarios de Linux. Mención destacada merece el soporte (aún beta) del nuevo sistema de ficheros Ext4, que se espera que pronto reemplace al actual Ext3 y que aporta también nuevas mejoras respecto a su predecesor. Solo Fedora añade dicha compatibilidad, algo que de nuevo demuestra su vocación de experimentar.

GNOME y KDE a la última

Durante el proceso de instalación se nos ofrecen una serie de “Empaquetados” (Spins) que son otra forma de llamar a grupos de paquetes que ofrecen funcionalidades concretas en ciertas áreas. En openSUSE estos subgrupos de paquetes también están disponibles, aunque en esa distribución los llaman “Patrones” (Patterns). Sea como fuere, dichos spins permiten que de golpe y porrazo el asistente instale todos los paquetes necesarios para que, por ejemplo, tengamos disponibles GNOME y KDE de forma simultánea. Si no lo hacemos así luego podremos igualmente acudir al gestor de paquetes para instalar dichos desarrollos, pero elegirlos durante la instalación es buena idea.

Si hemos optado por instalar GNOME y KDE nos daremos cuenta de nuevo de que las últimas versiones de estos entornos de escritorio lo ponen todo mucho más fácil. En Fedora 9 se incluyen de serie las versiones GNOME 2.22 y de KDE 4.0.3 de estos entornos, y las ventajas de ambas soluciones son muchas frente a sus antecesoras.

Hemos hablado largo y tendido de GNOME 2.22 en el análisis de Ubuntu 8.04, la primera distribución “importante” que integró de serie este entorno de escritorio, pero hay que destacar la presencia de GVFS, un sistema de ficheros virtual que permite acceder a protocolos como SFTP desde Nautilus, el explorador de ficheros de GNOME, como si el servidor destino fuese una partición más del sistema. Igualmente importante (quizás más) es la presencia de PolicyKit, una nueva tecnología de seguridad que permite gestionar la escalada de privilegios y que nos pide contraseña de superusuario cuando detecta una operación susceptible de modificar cierto recurso relevante del sistema. Esto ya era posible anteriormente, pero con PolicyKit la granularidad es notablemente superior, y el administrador del sistema puede establecer para cada usuario qué operaciones requieren ciertos privilegios y cuáles no.

Junto a estas grandes tecnologías encontramos nuevas aplicaciones integradas como Vinagre (el nuevo cliente para sesiones VNC), Brasero (el programa de grabación de CDs y DVDs), Cheese (efectos simpáticos si realizas videoconferencia con una webcam en tus sesiones con Linux) o el reloj internacional que permite conocer la hora de forma simultánea en distintas partes del mundo. Todas estas mejoras y muchas más hacen de GNOME 2.22 la revisión más potente de este entorno de escritorio, cada vez más pulido y más versátil.

Y si la presencia de GNOME 2.22 es relevante, lo es aún más la de KDE 4.0.3, la versión de este entorno de escritorio que está comenzando a demostrar sus verdaderas virtudes tras unos comienzos algo titubeantes. La utilización de las librerías Qt4 y de Plasma como gestor de escritorio ha hecho posible que dispongamos de un control absoluto sobre esta nueva arquitectura gráfica que se beneficia del uso de nuevos conceptos como los componentes llamados Plasmoids, pequeños widgets/gadgets/applets que se pueden añadir al escritorio y al panel de KDE para ofrecer funcionalidades interesantes. La presencia de Dolphin como navegador de archivos es muy bienvenida, ya que este nuevo explorador permite disfrutar de opciones potentes a la hora de navegar por nuestros discos duros y trabajar con los sistemas de ficheros instalados. Hay aún más aspectos interesantes de los que también hablamos en el test que realizamos a openSUSE 11.0 Beta 2, por lo que no nos extenderemos más para no repetir conceptos. Baste decir que KDE 4 comienza realmente a demostrar su potencial gracias a estas últimas versiones (sobre todo la 4.0.3 y la reciente 4.0.4, que apareció después del lanzamiento de openSUSE o Fedora).

La apuesta de Fedora 9 con respecto a KDE ha sido sorprendentemente arriesgada. Tanto, que en Fedora han decidido olvidarse directamente de KDE 3.5 y pasar a KDE 4 como versión estándar de este entorno de escritorio en dicha distribución. Ninguna otra ha dado un paso semejante, y aunque es perfectamente posible instalar KDE 3.5 desde el gestor de paquetes, es evidente que los desarrolladores de Fedora creen firmemente en la nueva rama de desarrollo de KDE 4.

No obstante, hay que señalar que el acabado e integración de KDE 4 en Fedora 9 no es tan sobresaliente como el que han logrado los desarrolladores de openSUSE. De hecho, el tema por defecto queda algo tosco en algunas aplicaciones (por ejemplo, en Firefox, donde es evidente que quedan cosas por pulir en su integración con Qt4) y las propias características de Fedora están peor distribuidas y clasificadas que con GNOME, un entorno con el que Fedora parece entenderse mejor… de momento.

Mejoras en el escritorio

Además de esa integración de GNOME y KDE (y opcionalmente, de XFCE, un gestor de ventanas ligero realmente notable y con muchos seguidores) en esta distribución los desarrolladores han puesto especial atención a algunos aspectos que serán de utilidad a muchos usuarios, como es el que afecta a la gestión de la tecnología Bluetooth. En Fedora 9 la integración de dicha conectividad está mucho más presente, y por ejemplo podremos enviar archivos a otros equipos y dispositivos con Bluetooth con la opción “Enviar a…” del menú contextual que aparece al trabajar con Nautilus. La recepción de archivos también se ha potenciado en el paquete gnome-user-share que es compatible con los protocolos ObexFTP y ObexPush utilizados en estas transferencias, y aquí acude de nuevo en nuestra ayuda GVFS para poder navegar por directorios conectados a través de Bluetooth como si fueran propios discos de nuestro equipo.

También se han realizado cambios en la gestión de diccionarios, que permiten acceder a esas opciones de autocorrección que tan útiles son en la redacción de textos y que se han unificado a través de un back-end único llamado hunspell. Esto permite utilizar un sólo conjunto de diccionarios independientemente de la aplicación, un esfuerzo sobre el que podéis leer más en otra página de la excelente documentación de Fedora.

Y cómo no, también dispondremos de todos los efectos visuales que proporciona Compiz Fusion gracias a la inclusión de la versión 0.7.2 de Compiz, el gestor de ventanas de composición que vuelve a demostrar que las interfaces visuales de Windows Vista o de Mac OS X no tienen nada que hacer ante la potencia gráfica y visual de este gestor. De hecho, con cada versión van apareciendo más y más plugins novedosos, que tanto por su atractivo visual como por su refuerzo a la usabilidad del sistema vuelven a destacar a las distribuciones Linux en este apartado. Como sabéis, para poder hacer uso de tal característica deberéis contar con una tarjeta gráfica y unos controladores que permitan el trabajo con este escritorio “3D”. Lamentablemente y como indicamos más adelante, las innovaciones incluidas en Fedora hacen esta característica compleja de conseguir en parte de las configuraciones hardware actuales.

Versión nueva, aplicaciones nuevas

Como era de esperar, la llegada de la nueva versión ha traído consigo la inclusión de las últimas versiones de las aplicaciones y componentes más relevantes de la distribución. Las novedades comienzan con la elección del núcleo del sistema, un recién salido del horno 2.6.25 que incluye algunas mejoras muy importantes en temas “oscuros” para el usuario final como su acercamiento a entornos de ejecución en tiempo real o la utilización del célebre planificador CFS que ya ha dado que hablar por la presencia de ciertos bugs en su inclusión en Ubuntu con el kernel 2.6.24, un aspecto del que ya hablamos y que ha obligado a muchos usuarios a hacer un “downgrade” del núcleo del sistema para evitar comportamientos anómalos del planificador del sistema. Nadie se ha quejado por el momento en Fedora, así que es posible que dichos errores se hayan solventado en esta versión 2.6.25.

Las aplicaciones tradicionales también han sufrido cambios, y de nuevo (como en openSUSE o Ubuntu) nos encontramos con Firefox 3 Beta 5 como la elección estándar para navegar por Internet. Ya lo dijimos en aquellos análisis, y lo repetimos aquí: no creemos que la inclusión de un navegador aún en fase beta en una distribución estable sea la idea más feliz del mundo, pero es evidente que Firefox 3 aporta muchas ventajas y que su estabilidad es sobresaliente para su estado aún preliminar, lo que parece que ha decidido a los desarrolladores de todas las distribuciones a optar por él en detrimento de Firefox 2, que podemos seguir instalando de forma opcional. Sin embargo, la incompatibilidad actual con muchos componentes y extensiones lo desaconseja para aquellos usuarios que aprovechan al máximo esa modularidad de Firefox.

OpenOffice.org 2.4 es otra de las estrellas de la distribución, y las mejoras son muchas y muy importantes, como demuestra la larga lista presente en la documentación en formato wiki que han publicado sus propios desarrolladores.

Las aplicaciones multimedia instaladas por defecto, Rhytmbox (audio) y Totem (audio y vídeo) son solventes, pero seguimos sin entender porqué los desarrolladores no apuestan de serie por amaroK, el reproductor más popular por parte de una inmensa mayoría de usuarios, y que está a punto de llegar a su versión 2.0. El tema de los códecs multimedia sigue siendo problemático, y aunque por ejemplo se da soporte nativo al contenedor Ogg, no existen esa compatibilidad nativa con los formatos MP3 (que está accesible a través de soluciones como la de Fluendo), DVD, o Flash. Este tipo de ficheros necesitarán que previamente realicemos unas labores de instalación de paquetes específicos para dar soporte a todos esos formatos, algo que por ejemplo explican muy bien en esta guía de personalización de Fedora 9.

Java es otra de las protagonistas en esta edición de Fedora, ya que en lugar de la tradicional inclusión de la máquina virtual Java de Sun, muchas distribuciones (incluida esta) han optado por usar OpenJDK 6, la implementación Open Source de este lenguaje que trata de ponerse al día aunque aún no sea completamente funcional, algo que reconocen sus propios desarrolladores. Si encontráis problemas al respecto siempre podréis hacer uso de los paquetes Sun Java oficiales, con lo que con seguridad todas vuestras aplicaciones dispondrán de un comportamiento perfecto ante la presencia de código Java.

Precisamente a la hora de instalar nuevos paquetes hay que destacar la presencia de un nuevo componente, PackageKit, que trata de de unificar todas las herramientas gráficas de instalación de paquete de las distribuciones existentes, y que además hace uso de PolicyKit para gestionar los privilegios necesarios a la hora de trabajar con paquetes. La idea de PackageKit es la ofrecer una utilidad gráfica para controlar las distintas herramientas de instalación de paquetes (yum, apt, conary, etc.), pero aunque su funcionamiento parece bueno, le hemos encontrado al menos un problema.

Esa personalización es genial para unificar el comportamiento de la instalación de paquetes independientes, pero esa filosofía hace que las funcionalidades avanzadas de herramientas como Synaptic (Ubuntu), Anaconda (Fedora) o YaST (openSUSE), por ejemplo, pierdan sentido. Así, no será posible acceder fácilmente a esos ‘spins’ desde este instalador, y lo mismo ocurrirá con otras opciones si se utiliza desde openSUSE o cualquier otra distribución. Sí que hay una posible selección de grupos, pero no ajustada (al menos, no en Fedora 9) a la distribución, lo que complica un poco las opciones al usuario.

Seguridad ante todo

Fedora siempre ha sido considerada como una distribución que trataba de proteger al máximo a sus usuarios con diversas tecnologías, y en Fedora 9 esa evolución sigue notándose. El propio documento de sus desarrolladores demuestra cómo la presencia de distintas utilidades y componentes en este apartado es notable, y comienza hablándonos del Firewall, uno de los componentes básicos a la hora de proteger cualquier máquina conectada a Internet. Este firewall está activado por defecto, y podremos establecer sus preferencias a través del comando system-config-firewall (hay unos cuantos system-config-* disponibles para acceder a las preferencias de diversas utilidades).

Ya hemos mencionado la importancia de PolicyKit, el componente integrado en GNOME 2.22 que permite gestionar de forma mucho más específica los privilegios por usuario y aplicación en el sistema.

SELinux es otra de las grandes aplicaciones protagonistas a la hora de proteger nuestro equipo, y Fedora siempre ha apostado por ella frente al avance de su principal rival en este terreno, AppArmor. La idea es la de aplicar una serie de políticas de seguridad incluyendo la famosa MAC (Mandatory Access Control). Este tipo de medidas especifican qué objetos tienen ciertos derechos y privilegios, y cómo se puede acceder a ellos, o por parte de quién.

Por último hay que destacar la presencia de la nueva suite llamada Free IPA, que trata de servir como centro de control de identidades, políticas y auditorías del sistema. Podríamos decir que la idea es similar a la que se maneja en el Directorio Activo de Windows, pero con una aproximación desde el mundo Open Source que trata de ofrecer algunas de esas prestaciones. El sistema aún está en plena dase de desarrollo, pero es interesante comprobar como Fedora nuevamente se sitúa a la cabeza de la innovación con esta característica, impulsada de forma notable por la empresa matriz de la que depende Fedora, Red Hat.

Lo último no siempre es lo mejor

Lo cierto es que el repaso a todas las novedades de Fedora 9 no deja de ocultar un hecho importante: algunos paquetes y componentes son tan nuevos que han provocado demasiados quebraderos de cabeza. Es lo que nos ha ocurrido con el servidor gráfico, ya que Fedora ha instalado por defecto la reciente versión X Server 1.5 que es una parte integrante (e indispensable) de X.Org 7.4. El sistema de ventanas de Fedora incluirá novedades importantísimas en cosas como la velocidad de inicio y cierre de sesiones gráficas, la conexión de dos o más pantallas a nuestro equipo, la rotación de pantallas para ponerlas en modo retrato o apaisado según las necesidaes, o la conexión en caliente de nuevos dispositivos.

Sin embargo, esas mismas mejoras son tan novedosas que también han significado la incompatibilidad con los drivers propietarios de NVIDIA, de modo que hemos sido incapaces de configurar los efectos visuales de Compiz en nuestras pruebas con una GeForce de NVIDIA. Este problema afectará a todos los usuarios de estas tarjetas gráficas, y hasta que NVIDIA no ofrezca drivers compatibles con las nuevas extensiones de X.Org, iros olvidando de usar Compiz, tal y como explican en los propios foros de NVNews, donde este tema y otros relacionados con NVIDIA y Linux se debaten a diario.

Esta dificultad, las limitaciones con el gestor de paquetes (que aún no está del todo afinado) y la implementación algo pobre de KDE 4 nos llevan a pensar que quizás los desarrolladores de Fedora 9 han sido demasiado ambiciosos a la hora de ser los primeros en integrar muchas funcionalidades que aún no estaban presentes en otros sistemas. Es una lástima, porque estos problemas reducen la usabilidad de una distribución que en cuanto solvente esos hándicaps se convertirá sin duda en una de nuestras favoritas.

 

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David Martín

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