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España, Italia y Francia quieren que las Big Tech contribuyan al mantenimiento de las redes

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Que sean las grandes Big Tech quienes en parte financien las redes que los operadores de telecomunicaciones despliegan en países como España, Francia o Italia. Esta es la posición que tresde los grandes países de la UE acaban de hacer llegar a la Comisión Europea. Una reivindicación que no es nueva, pero que sí que es cierto, se presenta por primera vez de forma conjunta.

En un documento al que ha tenido acceso Reuters esta semana, los tres países insisten en la posición que de forma informal se discutió el pasado mes de mayo, cuando algunos reguladores expresaron la opinión de que compañías como Alphabet, Meta, Google o Netflix, deberían sufragar el coste de mantenimiento de unas redes de las que en gran medida, se han convertido en sus principales beneficiarios.

En ese documento, los tres gobiernos expresan la preocupación sobre que el tráfico que generan las seis principales compañías tecnológicas norteamericanas sobre las redes de la UE, ya representa el 55% del total, lo que supone un gran coste para los operadores de telecomunicaciones.

Concretamente se asegura que «esto genera costes específicos para los operadores de telecomunicaciones europeos en términos de capacidad, en un momento en que ya están invirtiendo enormemente en las partes más costosas de las redes con el 5G y la fibra hasta el hogar».

En este sentido, las autoridades de estos tres países solicitan a la UE que desarrolle una propuesta legislativa que garantice que «todos los agentes del mercado contribuyan a los costes de la infraestructura digital». Según un estudio publicado por el lobby ETNO a principios de este año, una contribución anual de 20.000 millones de euros por parte de los gigantes tecnológicos podría dar un impulso de 72.000 millones de euros a la economía de la UE.

Sin embargo, algunos activistas de los derechos digitales han advertido que hacer que las grandes empresas tecnológicas paguen por las redes podría amenazar las normas de neutralidad de la red de la UE, temiendo que se diluyan en un acuerdo global y que por lo tanto, empiece haber accesos de primera y de segunda calidad.

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