Tecnología 5G: ¿mucho ruido y pocas nueces?

La mayoría de los científicos e ingenieros que trabajan en innovación realizan su labor con tranquilidad, alejados de los focos mediáticos. Los resultados de su investigación solo salen a la luz cuando esta ha concluido y ha dado frutos. Sin embargo, existen unas pocas tecnologías que, aun estando en desarrollo, despiertan una gran expectación y hacen que la red, la televisión, la radio y hasta los periódicos se inunden con especulaciones sobre todo lo bueno que nos van a aportar. Este es el caso del 5G, un estándar de conexión inalámbrica que nos traerá una gran “revolución tecnológica”, en palabras del presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete.

Pero este vaticinio se queda corto frente a todo lo que se escuchó en la última edición del Mobile World Congress. “Asombroso”, “con aplicaciones inimaginables”, “cambiará la sociedad”. Promesas que llevamos escuchando desde hace ya años. Y entonces, ¿por qué las conexiones a Internet móvil siguen desafiando a la paciencia en muchos lugares de España? ¿No será el 5G otro de esos hypes que nos mantienen entretenidos pero que luego se desinflan a las primeras de cambio, como pasó con Pokémon Go?

De la expectación a la decepción: la ley de Amara

La implantación del 5G tiene todas las papeletas para ajustarse a lo que la consultora tecnológica estadounidense Gartner denomina hype cycle (o ciclo de sobreexpectación). Este representa la evolución en la percepción que se tiene de una determinada tecnología desde que esta comienza a ser conocida por el gran público hasta que se generaliza su uso.

El hype cycle se basa en la Ley de Amara, enunciada por el científico americano Roy Amara, que señala que el impacto de la tecnología se tiende a sobreestimar en el corto plazo y a subestimar en el largo. Gartner adaptó esta teoría señalando que todo empieza por un primer aviso sobre la posibilidad de que se desarrolle un adelanto tecnológico sin precedentes. Rápidamente se corre la voz, las expectativas crecen exponencialmente y se inicia una escalada de ¿quién da más?, pronosticando éxitos, disrupciones y nuevas eras que nacerán en cuanto se ponga en marcha la prometida innovación.

Una vez que el globo se ha hinchado, se produce el pinchazo y, con él, la decepción. Los primeros usuarios constatan que no era para tanto y la adopción de la tecnología, como cabía esperar, conlleva retos y problemas que no son sencillos de solucionar. Es entonces cuando la atención se disipa y cuando, poco a poco, la innovación empieza a instalarse y a demostrar sus ventajas hasta que alcanza un reconocimiento justo (ni escaso ni desproporcionado) por su aportación.

Podríamos decir que el 5G está ahora mismo en pleno proceso de inflación. La realización de las primeras pruebas y el anuncio del lanzamiento de nuevos móviles con 5G por parte de marcas como Samsung, Huawei o Xiaomi no han hecho más que alimentar la hoguera de la intriga.

El 5G en la calle: ¿qué podemos esperar?

Seamos, entonces, sinceros. ¿Va a ser para tanto el 5G? Pues depende de para quién, de para qué y de cuándo.

  • Para el usuario de a pie, el efecto del 5G se notará en una mejora de la cobertura, especialmente en las ciudades, y en un aumento de la velocidad de descarga que le permitirá bajarse películas y series enteras en segundos. No obstante, esto no será de hoy para mañana, ya que la implantación requiere un despliegue bastante complejo por parte de los proveedores. Según un estudio de Deloitte, la evolución del 5G va a ser muy similar a la que tuvo en su día el 4G. A pesar de haberse lanzado en 2009, este último estándar no se ha convertido en el más utilizado a nivel mundial hasta este año; y aún habrá que esperar a 2023 para que la penetración del 4G alcance al 50% de los usuarios. En el caso del 5G, Deloitte pronostica que para 2025 solo el 14% de las redes móviles (una de cada siete) funcionarán con este sistema.
  • Para el avance del IoT (Internet de las Cosas), sí que supondrá antes y un después, aunque en aplicaciones muy, muy concretas. El motivo es que las redes 5G presentan mucha menor latencia que las 4G, lo que hace que el tiempo entre la emisión de una orden y su recepción en el dispositivo destinatario caiga desde los 20 milisegundos a tan solo un milisegundo. Gracias a esta ventaja, se abren posibilidades de futuro para el desarrollo de los vehículos sin conductor, la industria 4.0 y la automatización en el manejo de maquinaria pesada, o la realización de pruebas e intervenciones en remoto en el área sanitaria.

Por eso, en BETWEEN nos decantamos por pensar que más que una revolución imparable que pondrá nuestras vidas patas arriba de la noche a la mañana, el 5G será, más bien, una tendencia de cambio paulatina cuyo efecto se irá haciendo patente con el paso de los años. Para los más impacientes, la mala noticia es que no podremos hacer un balance justo de la aportación de esta tecnología hasta dentro de una década. Para entonces, probablemente, el 5G habrá sido capaz de convencer a los más escépticos: habrá dejado de hacer ruido para mostrar, por fin, su cosecha de nueces.