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HoloLens 2, primeras impresiones: un futuro industrial

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Ha pasado casi un año desde que Microsoft presentase en el  MWC de Barcelona  la segunda generación de Holo Lens, sus gafas de realidad mixta. Muy similares a la primera generación en el exterior, la renovación en sus «tripas» era completa: chipset Qualcomm SnapDragon 850, una Unidad de Procesamiento Holográfico (HPU) y coprocesador de IA eran, son, sus principales novedades, en las que destacaban además un mayor campo de visión, mejor seguimiento de las manos y una apuesta por la ergonomía.

Pero desde que Satya Nadella anunciase la nueva generación de HoloLens  hasta que finalmente el pasado mes de noviembre la multinacional pusiera el dispositivo a la venta, también se han introducido algunas mejoras en el campo del software, especialmente en una interfaz mejorada  que tiene como objetivo de que el usuario sea capaz de utilizar HoloLens 2 desde el primer momento, simplificando para ello gestos y comandos.

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El reto eso sí, sigue siendo el mismo: conseguir que las empresas sean más productivas. Que tareas como la asistencia remota, la formación de los trabajadores o la colaboración en tiempo real sean mucho más sencillos en sectores como el industrial, el logístico o el médico. En MCPRO hemos tenido la oportunidad pasar una mañana con las HoloLens 2, asesorados por expertos de Microsoft y de Plain Concepts el principal partner de la compañía para la distribución de HoloLens en España. Estas han sido nuestras impresiones.

Cómodas, fáciles de utilizar y enormes posibilidades…

Lo primero que llama la atención de las HoloLens 2 es que se sienten increíblemente ligeras, pese a que el peso apenas ha cambiado: 566 gr frente a los 577 gr de la generación anterior. Sin embargo sí que ha cambiado cómo se distribuye ese peso. Mientras que con las primeras teníamos esa sensación de tener una «losa encima de la cabeza» y cierta inestabilidad, ahora el centro de gravedad se ha trasladado a la parte de atrás, lo que distribuye el peso de una forma mucho más equilibrada. El ajuste también ha mejorado y hemos pasado de necesitar la asistencia de otra persona, a poder realizar el agarre perfecto girando una tuerca. La diadema se ha estilizado y se acopla mejor sobre la frente. En definitiva, con HoloLens 2 tardamos poco en notar que hemos varios enteros en comodidad.

La puesta en marcha no puede ser más sencilla. El asistente de configuración nos invita a seguir con la mirada determinadas esferas y otros objetos geométricos que distribuye a lo largo de la habitación en la que nos encontramos. El objetivo es doble: por un lado mapea el espacio en el que nos encontramos, por el otro haciendo el uso de la tecnología Windows Hello escanea nuestro iris, de modo que la próxima vez que las utilicemos nos reconocerá automáticamente.

Una vez listos llega el momento de abrir las aplicaciones con las que queremos trabajar. Y aunque podemos invocarlas utilizando comandos de voz, por nuestra experiencia la forma más efectiva de hacerlo es mediante gestos. Si situamos una mano frente al visor y a la vez un dedo de la mano contraria sobre la muñeca (como si estuviéramos enseñando la hora sobre un reloj de pulsera), lanzaremos un menú “Inicio” muy similar al que encontramos en Windows 10.

Para abrir una aplicación sencillamente deberemos “pulsarla” con el dedo. Y aquí el verbo pulsar es importante en sentido de realmente deberemos alargar la mano y extender el brazo sobre el icono que queramos pulsar. Con esto Microsoft consigue un efecto de “profundidad” con el que nos convence de que los hologramas que nos presenta no están literalmente “pegados” sobre el visor, sino de alguna forma “suspendidos” en el espacio.

En la demo en la que participamos nos vemos de repente rodeados de objetos: un piano que podemos tocar, una taza de café, un globo terráqueo, un trozo de queso…¿Y cómo se comportan las HoloLens 2 cuando interactuamos con estos objetos? Pues en gran medida depende de la forma en la que hayan sido programados. Común a todos ellos es que podemos cogerlos con una mano, agrandarlos o reducirlos (utilizaremos para ellos las dos manos) y dejarlos donde queramos. A partir de aquí, cada objeto entiende la “física” a su manera.

Así, el piano podíamos tocarlo, pero solo utilizando dos dedos. La taza podíamos por ejemplo situarla sobre una mesa o dejarla caer (y aquí HoloLens hace muy buen trabajo reconociendo las distintas superficies) pero si intentábamos lanzarla, básicamente no conseguíamos hacer nada. Es decir, por sí solo HoloLens no “comprende” qué es lo que esperamos que ocurra cuando realizamos determinados gestos sobre un objeto. Impresiona sin embargo agrandar con nuestras manos el globo terráqueo, situarlo en mitad de la habitación y a continuación movernos a su alrededor para examinarlo desde distintas perspectivas y ángulos, como si fuese algo que realmente estuviera ahí y es fácil comprender el enorme campo de posibilidades que esto abre en el mundo académico.

… para los profesionales

En la demo probamos algunas cosas más, como literalmente “colgar” una ventana de Microsoft Edge de una pared y navegar utilizando un teclado virtual o realizar una llamada de vídeo utilizando Skype. Y no nos vamos a engañar, cumplen su función. Casi podemos imaginarnos a nosotros mismos pasando el día rodeados de unos objetos y experiencias interactivas que parecen demasiado reales como para no existir en realidad.

Pero a la vez, no tenemos más remedio que coincidir con el diagnóstico que nos hacen desde Microsoft: “es una tecnología que a día de hoy no tiene un uso claro en el sector doméstico”. Por precio por supuesto, pero también por falta de aplicaciones atractivas para el consumidor. ¿Podemos ver una película proyectada en la pared de nuestro salón? Podemos hacerlo, pero la calidad dista mucho de ser la que nos va a ofrecer una televisión 4K.

En este sentido como nos reconoce Pablo Peláez, CEO de Plain Concepts, “en estos momentos la mayoría de las aplicaciones que se están desarrollando para HoloLens son ad hoc, pensadas para dar respuesta a lo que necesita concretamente cada empresa”. Y ahí no importa tanto la calidad en el «diseño estético» de la aplicación sino que cumpla con la función para la que ha sido diseñada.

Esto no quita por supuesto que no haya una base común a todas ellas con las que Microsoft simplifica esa experiencia. Dynamics 365 Remote Assist permite por ejemplo que un técnico de mantenimiento pueda resolver problemas en tiempo real y en remoto conectando con un especialista que le guíe a través de videoconferencia, pizarra virtual y otros elementos hacia la resolución de la incidencia a la que se enfrenta.

O Dynamics 365 Guides capaz de recrear un entorno inmersivo en el que los trabajadores se benefician de un proceso de aprendizaje “paso a paso” con instrucciones holográficas, reconocimiento de objetos e incluso para los managers, paneles de métricas en los que identificar que pasos del proceso son los que resultan más complicados o en que áreas conviene incidir dentro del proceso de formación. Pero insistimos, está en manos de las empresas que adquieren HoloLens buena parte de la responsabilidad a la hora de construir buenas experiencias.

Con eso y con todo, cuesta poco encontrar en sectores como el industrial todo tipo de aplicaciones prácticas y tanto desde Plain Concepts como desde Microsoft reconocen que el feedback que reciben es positivo y el interés alto, con compañías como Thyssenkrupp en España empleando el dispositivo de Microsoft para mejorar algunos de sus procesos técnicos más complejos. Al mismo tiempo, también reconocen que dentro de la empresa el uso está destinado a corto y medio plazo a ser de nicho, a entrar solo en esas áreas en las que lo que se gana en productividad, ahorro de costes y otras variables críticas permita amortizar el precio del dispositivo en poco tiempo y realmente marcar la diferencia.

 

Periodista tecnológico con más de una década de experiencia en el sector. Editor de MuyComputerPro y coordinador de MuySeguridad, la publicación de seguridad informática de referencia.

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