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Globalización, Digitalización… ¿hacia dónde nos dirigimos?

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Entre 1820 y 1990, la proporción de los ingresos del mundo que fue a los países ricos (Estados Unidos, Europa, Japón…), aumentó desde el 20% hasta casi el 70%. Como explica el economista Richard Baldwin, este reparto de la fortuna es una nueva era de la globalización, que es drásticamente distinta de las anteriores y cuyo esencial componente diferencial son las TIC y las de la Digitalización y la Transformación Digital, de las que, aún, “el Sur” (América Latina, África, gran parte de Asia, etc), ni dispone ni disfruta.

Ahora que se celebra un nuevo aniversario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, podría argumentarse que los viajes de Marco Polo, Colón, Magallanes, Livingstone, etc, fueron una forma de generar globalización en el mundo antiguo, puesto que, la mejora en las comunicaciones, fuera con los grandes barcos en el Mediterráneo y los océanos, o las carreteras en la Ruta de la Seda, propiciaron el comercio y, con él, estimularon la producción y el consumo en el mundo antiguo. Nada que no hubieran descubierto y vivido los romanos, gracias a las innovaciones tecnológicas del momento, o los chinos con la pólvora y los árabes con el papel.

Podemos rastrear los orígenes del sistema financiero actual en la banca de los Medici en Florencia, en el siglo XIV o los Fugger en Austria, dos siglos más tarde (Niall Ferguson; “The Ascent of Money”). Solo les faltaba llevar a cabo transacciones financieras cibernéticas apretando la tecla enter del ordenador y hoy serían Goldman Sachs o Citibank; para lo que hubo que esperar a los años 90 del siglo XX, cuando la computación e internet (“Ordenador Conectado a Internet” fue el lema de esa época no tan lejana para algunos) empezaron a dominar todos los ámbitos de la empresa y la economía, haciendo posible una globalización total y absoluta, capaz de llegar a todos los rincones del planeta, aunque con efectos positivos y negativos desiguales: la experiencia dice que “los pobres” suelen pagar los platos rotos y los ricos “se van de rositas”. Téngase en cuenta, en cualquier caso, que, sin un dispositivo (ordenador, tableta, smartphone, workstation, servidor, etc) que tenga sistema operativo y microprocesador, más un interfaz inteligible, no hay computación y, por tanto, tampoco globalización.

Muchos, en empresas tecnológicas, pensarán que digo lugares comunes. La realidad es que ellos -lo respeto y me parece muy bien- venden los productos y servicios de sus empresas o, mejor dicho, de las empresas para las que trabajan. Pocos tienen el big picture. Personajes como Bill Gates, Steve Jobs y Tim Cook, Andy Grove, Hewlett y Packard (ordenadores, impresoras, HP y HPE), etc, en el mundo de la empresa, sabían que estaban transformando el planeta. Eran conscientes de ello. Y, por este motivo, cuando, por ejemplo, Bill Gates aprecia disfunciones en la globalización que procede de las TIC, actúa: si en las escuelas de Ghana no hay ordenadores para los niños, la Fundación Gates los provee. Solo así, con educación, saldrá Ghana de la pobreza.

Warren Buffett, el primer y mejor y más exitoso y rico inversor en Bolsa de todos los tiempos, siempre había creído en la globalización y sigue creyendo en ella. En su línea de pensamiento solo ha cambiado un factor esencial: “la incorporación de las Tecnologías de la Información a mi portafolio de inversiones” (“The Snowball: Warren Buffett and the Business of Life”, de Alice Schroeder). Las inversiones de Buffet durante setenta años habían sido “globales”, por hacerlas en empresas multinacionales con presencia en muchos países.

De todos es sabido que la Junta General de Accionistas de la empresa de Buffett, Berkshire Hathaway, es la cita anual de inversores multimillonarios más importante del año y del mundo. Hasta hace muy pocos años, Buffett no invertía en empresas tecnológicas porque decía que no las entendía, por mucho que su amigo Bill Gates se lo explicara. Un día, estudió el plan estratégico de Virginia Rometty y decidió comprar acciones de IBM, que le dieron formidables dividendos. Cuando la acción de IBM ha bajado, Buffett ha reducido sustancialmente posiciones. Buffett pensaba que Steve Jobs era un cantamañanas (en inglés británico, singer-mornings). Y fue muy escéptico con la elección de Tim Cook (“el contable”, le llamaba hace 10 años Buffett, despectivamente) como sucesor de Jobs. Pero el 65% de los ingresos de Apple, primera empresa del mundo por valor bursátil, provienen del iPhone y sus beneficios trimestrales equivalen a la facturación anual de la que fuera primera empresa informática del mundo en los años 90 -razonó Buffett-, por tanto, ni Cook debe ser tonto, ni Apple simplemente humo, sino que tiene que haber un muy lucrativo negocio detrás. Y Buffett invirtió fuertemente en Apple.

Objetos de deseo

Apple y su iPhone son objeto de deseo en el mundo árabe (1.200 millones de personas), con respecto al Samsung Galaxy, que triunfa más en Asia, aunque no en China, donde “el objeto aspiracional de las mujeres es poseer el último modelo de iPhone”, dice el presidente comunista chino, Xi Jinping.

El iPhone tiene conectados a una inmensa mayoría de árabes. Y de europeos y norteamericanos y rusos… En definitiva, un teléfono inteligente ha hecho el mundo más pequeño, más asequible, más cercano: si una chica va en el tren y se le ocurre organizar un viaje de “solo amigas” a Marrakech, no necesita complicarse la vida, en el móvil tiene todo: reservas de avión, hotel, “reviews” de otros viajeros, recomendaciones de restaurantes y lugares que visitar, etc. El inversor en Bolsa “de andar por casa”, que por el día trabaja en la oficina y por tarde degusta la evolución de los valores en Bolsa, puede comprar y vender acciones con un simple click en su teléfono. La empresa en que invierte puede tener sede en Singapur o en Wyoming. Hace 25 años, el mismo inversor hubiera tenido que leer en papel las páginas de bolsa de periódicos económicos de medio mundo, a un coste prohibitivo. Hoy, en cuestión de segundos tiene -nunca mejor dicho- al alcance de su mano en el iPhone X o en e Galaxy 9 toda la información necesaria para tomar la decisión de invertir o no. A esto le llamo “globalización en el bolsillo y al alcance de cualquier bolsillo”, en mi reciente libro “Digitalización, productividad y competitividad: Empresas más exitosas gracias a la transformación digital” (Julio 2018)

Sin embargo, en el siglo XIX, cuando se produce la Segunda Revolución Industrial, los países occidentales crecen aceleradamente gracias la innovación tecnológica y eso les da una ventaja competitiva (“Competitive Advantage”, Michael Porter) frente a lo que en el siglo XX se denominó el Tercer Mundo, sujeto a la colonización durante siglo y medio

En la década de 1800, la globalización dio un salto adelante cuando el poder de la máquina de vapor desencadenó un ciclo de autoalimentación de la aglomeración industrial y el crecimiento económico que impulsó a las naciones ricas a dominar el mundo. Esa fue la Gran Divergencia.

La nueva globalización está impulsada por la tecnología de la información, que ha reducido radicalmente el coste de trasladar ideas a través de las fronteras. Esto ha sido práctico y útil para que las empresas multinacionales trasladen el trabajo intensivo en mano de obra a los países en desarrollo. La nueva posibilidad de combinar alta tecnología con bajos salarios impulsó la rápida industrialización de las naciones pobres y la desindustrialización simultánea de las naciones desarrolladas. El resultado es la Gran Convergencia de hoy (“The great convergence: information technology and the new globalization”, de Richard Baldwin), que aúpa a China y empequeñece a Estados Unidos, dice Donald Trump, quien no entiende las tecnologías de la información y es claro opositor de la clobalización. Dando un paso atrás de dos siglos, Trump vuelve al “América first” de la doctrina Monroe, que pensaban los expertos, solo existía en los libros de historia y ahora está presente en los tuits a sus 95 millones de seguidores en la red social llamada Twitter, otro fenómeno espectacular de la Globalización gracias a las TIC, junto a Facebook, LinkedIn, YouTube, etc: redes sociales en Internet conectando a miles de millones de personas.

El impacto de la globalización

Debido a que la globalización ahora está impulsada por el rápido cambio tecnológico y la fragmentación de la producción, su impacto es más repentino, más selectivo, más impredecible y más incontrolable. Como muestra la Gran Convergencia, la nueva globalización presenta a los países ricos y en vías de desarrollo con desafíos políticos sin precedentes, en sus esfuerzos por mantener un crecimiento sostenido y sostenible y la cohesión social.

Entre 1820 y 1990, la globalización condujo a una gran divergencia, por la cual, los países más ricos agrupados en el G7, se hicieron con el poder en el mundo: productos manufacturados en USA, UK o Canadá y exportados al resto del planeta. La globalización fue impulsada por el transporte masivo de mercancías más barato y por los aranceles más bajos. A esto lo denomino como una segunda forma de “colonización”.

La gran pregunta es ¿cuáles son los resultados potenciales de esos cambios?

Desde 1990, con la difusión de las TIC  y la ilimitada posibilidad de compartir ideas mediante Internet, se ha cambiado un elemento clave específico de la actividad humana, pero la naturaleza de este intercambio o “comercio de ideas” se ha modificado a medida que se han reducido las barreras derivadas de los costes de mover bienes, ideas y personas. El desarrollo del transporte masivo ha aumentado significativamente. El desarrollo de las TIC ha permitido la transferencia de ideas a través de las fronteras, en beneficio de las economías industrializadas, que ahora pueden ser fácilmente accesibles a una escala masiva y a las cadenas de valor de diferentes componentes, fabricados en diferentes países.

La globalización actual, derivada de la digitalización, viene acompañada de un contenedor lleno de desafíos, especialmente en lo que respecta a los trabajadores hasta ahora comparativamente privilegiados del G7. Esto no es un problema para el futuro, sino para solucionar en el presente. Se requiere más reflexión para mitigar los efectos nocivos de la globalización, y también, especialmente, para garantizar que las personas tengan oportunidades genuinas de beneficiarse de los efectos positivos de la globalización. Es decir, el famoso debate sobre el (presente) futuro laboral de las personas que, dependiendo del tipo de trabajo, serían sustituibles por robots (producción) o por inteligencia artificial (gestión), por ejemplo.

La solución está en poner a la persona en el centro de la globalización y de las Tecnologías de la Información. Hoy vivimos la Cuarta Revolución Industrial. Sabemos por la historia que las tres previas tuvieron consecuencias adversas en el corto plazo para las personas: muchos perdían su puesto de trabajo y pasaban décadas hasta que surgían nuevas formas y puestos de trabajo.

En vez de responder con lo que considero una soberana estupidez aberrante, propia de quien no sabe lo que dice: “se destruirán muchos puestos de trabajo, pero surgirán otros que aún no se han inventado”, sugiero aprender las lecciones de la Historia y aplicarlas al presente y el posible futuro de la globalización y las Tecnologías de la Información y Transformación Digital.

Si empezamos a pensar ya, anticipando el futuro, en qué puestos de trabajo habrá que recolocar a la gente, mediante formación en las nuevas tecnologías, nos ahorraremos las consecuencias negativas de la globalización. Pero hay que anticiparse y actuar ya, porque lo más importante, lo único importante, son las personas.

jorgeJorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Ha sido Director General de Ipsos Public Affairs, Socio Director General de Brodeur Worldwide y de Porter Novelli International; director de ventas y marketing de Intel Corporation y Director de Relaciones con Inversores de Shandwick Consultants. Autor de miles de artículos de economía y relaciones internacionales, ha publicado una veintena de libros, como Las empresas y empresarios más exitosos; Innovación y éxito empresarial; El legado de Obama; Hillary Clinton versus Trump: el duelo del siglo; La victoria de América; Éxito con o sin crisis; Recuperación Económica y Grandes Empresas; Obama y el liderazgo pragmático, La Reinvención de Obama, Contexto Económico, Empresarial y Social de la Pyme en España, Digitalización y éxito Empresarial, Trump, año uno, Digitalización, productividad y competitividad: Empresas más exitosas gracias a la transformación digital, entre otros. Es Premio Economía 1991 por las Cámaras de Comercio de España.

Periodista especializada en tecnologías corporate, encargada de las entrevistas en profundidad y los reportajes de investigación en MuyComputerPRO. En el ámbito del marketing digital, gestiono y ejecuto las campañas de leads generation y gestión de eventos.

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