Opinión
La inteligencia artificial y el pulso emocional del trabajo
De todos es conocido que la IA es ya parte de nuestras vidas: tanto a nivel personal como profesional. Ya no sorprende a nadie ver en la televisión, oír en la radio o leer en alguna web cómo influye en nuestro día a día, y cómo está cambiando el mundo laboral tal y como lo conocíamos.
Para conocer de primera mano su opinión sobre cómo la IA influye en su vida profesional. ADP Research, nuestra rama de Investigación. preparó «People at Work: una visión sobre el equipo humano global» un estudio en el que entrevistó a más de 38.000 trabajadores en España y otros 33 países. Y me gustaría analizar las principales conclusiones que se obtuvieron.
España: entre la inquietud y la adaptación
En el caso español, el informe dibujó una dualidad significativa. Un 10 % de los trabajadores teme que su empleo pueda ser reemplazado por la IA, cifra que coincide con la media mundial pero que sitúa a España como el segundo país europeo con mayor preocupación en este aspecto.
La distribución generacional de este temor es especialmente reveladora: mientras que un 26 % de los jóvenes de entre 18 y 26 años manifiesta ansiedad por la posibilidad de ser sustituidos, el porcentaje desciende hasta el 12 % entre los adultos de 27 a 39 años y se reduce a un modesto 4 % entre los mayores de 55. Podríamos decir que la IA es la primera revolución de la historia en la que los jóvenes están más preocupados que los mayores.
Yo considero que, más allá de la cifra, lo relevante es que la IA no es sólo un cambio tecnológico, sino también emocional. En efecto, la introducción de la IA en el trabajo no se percibe únicamente como una evolución de las herramientas o de la productividad, sino como una transformación que toca las fibras más sensibles de la estabilidad laboral y la identidad profesional.
La paradoja global: entusiasmo y temor a partes iguales
Las conclusiones del estudio a nivel internacional confirman que el debate sobre la IA no es lineal, sino profundamente contradictorio. Así, sólo un 17 % de los trabajadores se muestra totalmente de acuerdo con la afirmación de que la IA influirá positivamente en su trabajo durante el próximo año, mientras que un 33% se declara de acuerdo de manera general. Sin embargo, esta visión optimista convive con un trasfondo de inquietud: uno de cada diez empleados reconoce sentir miedo a que la IA reemplace su puesto, y un 27 % de quienes ven su potencial positivo también teme ser desplazado por ella.
Este cruce de emociones sugiere que la tecnología no genera divisiones entre optimistas y pesimistas, sino que despierta en muchos trabajadores sentimientos simultáneos de oportunidad y amenaza. Los países con las perspectivas más favorables, como Egipto o la India, son también los que presentan mayores índices de preocupación por el reemplazo laboral. Por su parte, el 11 % de los europeos es propenso a pensar que la IA tendrá un impacto positivo en su trabajo el próximo año.
Desconocimiento y ansiedad: el coste de la incertidumbre
Una de las conclusiones más significativas del informe es el peso del desconocimiento. El 44 % de los encuestados admite no tener idea de cómo la IA transformará su labor en los próximos años. Esta falta de claridad parece amplificar la ansiedad, especialmente en los sectores donde la automatización avanza más rápido.
De hecho, entre quienes creen que podrían ser reemplazados, el 30 % está buscando activamente un nuevo empleo —casi el doble que entre los que no perciben esa amenaza—. La incertidumbre, en consecuencia, no sólo erosiona la confianza, sino que impacta directamente en la retención de talento y en el bienestar psicológico de las plantillas.
Industria, cualificación y edad: una lectura segmentada del impacto
El estudio también matiza cómo varía la percepción de la IA según el tipo de trabajo. Los sectores tecnológicos, financieros y de información —los primeros en adoptar herramientas de automatización— son los más optimistas respecto al potencial de la IA, pero también los más preocupados por la posibilidad de ser reemplazados. Paradójicamente, los profesionales más cualificados —programadores, ingenieros, académicos— encabezan tanto el entusiasmo como el temor, reflejando la tensión inherente entre dominar la herramienta y ser dominado por ella.
Por el contrario, las industrias centradas en el factor humano, como la atención médica o la asistencia social, mantienen una posición más cautelosa. La percepción general es que la IA puede optimizar procesos, pero difícilmente replicar la empatía, el juicio y la interacción personal que definen estos oficios.
En términos generacionales, los trabajadores más jóvenes —que aún construyen su trayectoria profesional— manifiestan tanto mayor apertura al cambio como mayor vulnerabilidad ante sus posibles consecuencias. Los mayores, en cambio, tienden a ver la IA como una variable externa con impacto limitado en su horizonte laboral.
El pulso emocional del futuro laboral
La conclusión general deja claro que el debate sobre la inteligencia artificial ya no gira en torno a la mera adopción tecnológica, sino al modo en que las personas procesan su llegada. La IA no sólo redefine la productividad, sino la percepción del valor humano en el trabajo. En un contexto donde casi la mitad de los empleados desconoce cómo esta tecnología afectará su rol, la incertidumbre emerge como la variable central del nuevo paradigma laboral.
Por supuesto, es necesario explicar el objetivo de integrar la IA en el entorno de trabajo y respetar el equilibrio entre los humanos y la tecnología, en particular en el sector de los RRHH: una hora ahorrada gracias a la IA corresponde a una hora adicional dedicada al desarrollo y la participación de los empleados.
Por Bárbara Gómez, directora de Operaciones de ADP Iberia
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