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El hardware obsoleto frena la productividad de las empresas españolas
El trabajo híbrido ha pasado a ser el modelo laboral dominante en las empresas españolas. Según datos de Randstad, el 60% de empresas del país ha implementado políticas híbridas estables, consolidando un modelo en el que los profesionales trabajan desde distintas ubicaciones mientras mantienen su productividad, y dependen de sus equipos informáticos como nunca hasta ahora.
No obstante, esta evolución no siempre ha estado acompañada por una removación tecnológica acorde. Esto hace que muchas empresas sigan funcionando con el hardware que compraron en los meses de 2020 en los que la digitalización forzosa primó la cantidad sobre la calidad.
Las consecuencias de este desfase son más costosas de lo que parecen. Así, en el informe El futuro de las pymes 2025, elaborado por ASUS, se ponen cifras a este problema. Casi la mitad de los propietarios de pymes identifica el mantenimiento y la actualización de sistemas como sus principales retos tecnológicos, y solo un 42% actúan de manera proactiva a la hora de renovar sus equipos.
A esto hay que sumar que el 74% de los responsables reconoce que la falta de un equipo de TI dedicado complica la implementación de mejoras. Todo, además de dejar la puerta abierta a vulnerabilidades críticas, así como a una pérdida silenciosa de productividad.
La factura es especialmente visible en el caso de los directivos. Un portátil con cinco años de uso presenta baterías degradadas, procesadores incapaces de ejecutar las herramientas de IA que son cada vez más necesarias para la toda de decisiones en tiempo real, y sistemas que se quedarán sin cobertura de seguridad con el fin del ciclo de vida de Windows 10. El tiempo que se pierde en esperar que el equipo responda, una batería agotada o un archivo que no puede procesarse en local conlleva pérdida de tiempo, eficiencia y competitividad. En definitiva, un descenso de la productividad.
En los primeros meses de 2020, las empresas tuvieron que equipar a sus plantillas de forma masiva y urgente, lo que hizo que miles de portátiles salieran al mercado con una presión no vista antes, adquiridos bajo criterios de disponibilidad y urgencia antes que de rendimiento o de longevidada. En la actualidad, esos mismos dispositivos siguen siendo el instrumento de trabajo diario de directivos, consultores y equipos comerciales.
El problema que conlleva esto no es solo el desgaste físico de los equipos, sino la brecha tecnológica que se ha abierto en estos años. Los equipos de 2020 se concibieron en un mundo sin IA integrada, sin unidades de proceso neuronal (NPUs) y sin los estándares de seguridad empresarial que exige el entorno actual. Tampoco tenían en muchos casos la conectividad necesaria para responder a los retos del trabajo híbrido moderno.
Según los propios responsables que han participado en la encuesta utilizada como base por ASUS para elaborar el informe mencionado, aunque 9 de cada 10 reconocen que la tecnología es más importante que nunca para sus negocios, más del 50% siguen aplazando las actualizaciones o las aplican de forma inconsistente.
Además, el contexto tecnológico añade urgencia al relevo: el fin del soporte oficial de Windows 10 dejará sin cobertura de seguridad a millones de dispositivos, lo que agrava los riesgos de ciberseguridad para empresas que ya están experimentando la falta de recursos TI dedicados. No actualidad el hardware, además de una cuestión de productividad, es un riesgo operativo y reputacional.
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