Papel y calidad de impresión, cosas a tener en cuenta

El papel es la base sobre la que se lleva a cabo la impresión y por tanto es una pieza clave que debemos cuidar si queremos conseguir documentos nítidos e imágenes de calidad profesional, algo que debemos tener muy en cuenta antes de lanzarnos a imprimir.

Un papel que cumpla un mínimo de calidad es vital, pero también debemos tener presente que hay diversos tipos de papel y que cada uno sirve para tareas concretas, así que para maximizar la calidad de aquello que vayamos a imprimir debemos apostar por el tipo de papel adecuado.

Así, para documentos convencionales un papel estándar será suficiente, pero para imágenes de alta calidad deberíamos apostar por otros tipos especiales que nos permitan conseguir un acabado superior.

¿Qué implica el uso de papel de mala calidad?

El uso de un papel de mala calidad o inadecuado puede acabar produciendo atascos o incluso dañar los mecanismos que se ocupan de llevar a cabo el movimiento del papel durante el proceso de impresión, problemas que pueden llegar a ser bastante graves, pero no son los únicos:

  1. Un papel barato tiene normalmente un gramaje muy bajo, lo que implica que es un papel demasiado delgado que causar problemas de enrollado u ondulado en las labores de impresión, interrumpiendo el flujo de trabajo y facilitando los atascos de papel. Lo mismo aplica a papeles de gramaje excesivo o que no sean lisos, pueden causar atascos o dañar los mecanismos.
  2. Las  sombras en los caracteres impresos también es un problema habitual, ya que un papel de mala calidad no absorbe adecuadamente la tinta o el tóner. En algunos casos extremos, muy poco frecuentas pero reales, el papel puede llegar a no absorber en absoluto la impresión que se aplica sobre él.
  3. Si el papel no tiene una rigidez mínima no se mantendrá estable durante el proceso de impresión, de forma que la imagen o el texto saldrán torcidos.
  4. También es posible que por la mala absorción aparezcan colores poco realistas y precisos, que no consigan reflejar adecuadamente lo que queríamos imprimir. A esto debemos unir la posible aparición de caracteres distorsionados, bordes o texto incompleto, colores claros, apagados y/o descoloridos, zonas poco claras o borrosas y manchas y sombras en la impresión.

Como vemos el papel importa, y no sólo porque nos ayuda a lograr esa calidad profesional a la que toda empresa aspira, sino además porque puede costarnos mucho dinero debido a reimpresiones innecesarias, pérdidas de tiempo y reparaciones.