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Mucha tecnología, pero seguimos quedándonos sin batería en el móvil

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Hemos llegado a la Luna, conseguimos posar una sonda sobre un cometa en pleno vuelo, y desde el espacio nos llegan imágenes de Plutón; los robots realizan operaciones de precisión, ya existen los coches autónomos y hasta nuestra ropa puede tener conexión a Internet. Mientras la tecnología nos lleva cada vez más lejos (aunque no nos haga mejores), seguimos lidiando con un viejo problema: la duración de los dispositivos móviles.

Claro está que nuestras exigencia como usuarios son cada vez mayores entre reproducciones de vídeos, descargas, juegos y trabajos de alto rendimiento. Necesitamos que las baterías duren mucho más de lo que duran, y se nos está haciendo muy cuesta arriba el tiempo que están tardando los científicos en desarrollarlas. La ley de Moore, aunque ya moribunda, lleva duplicando el número de transistores desde 1965. Pero no hay ninguna ley que permita hacer crecer al mismo ritmo la capacidad de suministrar energía a los dispositivos.

Según explica el portal CNET, hasta 2007 no se logró duplicar la capacidad de las baterías fabricadas en 1995. Desde 2007 hasta la fecha apenas ha logrado aumentar en un 30%, y es posible que no lleguen a duplicarse hasta pasado el año 2021. En los últimos tiempos vemos aparecer continuamente nuevas noticias sobre descubrimientos: una batería de aluminio que se carga en un minuto, otra hecha con espuma de embalaje, hay una que usa caracoles, o masilla para las manualidades de los niños, o la celulosa del papel, y hasta han fabricado una en origami, pero el problema persiste… ¿por qué es tan difícil hacer que las baterías duren más?

La tecnología avanza en dos vías fundamentales: la reducción del tamaño de los componentes y el desarrollo de software que gestione mejor el hardware. Cuando los componentes reducen su tamaño también reducen sus necesidades de consumo. Al mismo tiempo requieren pasar prácticamente conectados todo el tiempo, recibiendo y enviando información, así como responder bien ante aplicaciones que exigen cada vez más memoria, gráficos, etc. Los software de gestión de energía permiten optimizar el consumo de recursos. Por eso tenemos dispositivos cada vez más capaces de hacer muchas cosas sin que el escaso avance de las baterías lo limite demasiado.

¿Más duración o más eficiencia?

El avance de las baterías depende fundamentalmente del uso de nuevos materiales. Su funcionamiento se basa en elementos metálicos y en química. El cambio del níquel al litio supuso un despegue importante en la duración de las baterías. Las investigaciones actuales intentan hacer que las baterías basadas en litio duren más, al tiempo que buscan nuevos elementos (incluso caracoles) que proporcionen energía durante mucho más tiempo. Pero incluso con el origami y la celulosa, los científicos ven cada vez más claro que es posible que la estrategia para conseguir una energía más duradera sea radicalmente distinta de la que hasta ahora se conoce. Quizá por eso parece que cada nueva noticia sobre una nueva y extraña fuente de energía sean como palos de ciego buscando pulsar, por azar, la tecla adecuada.

Una de las vías más interesantes que se están abriendo es la de la convergencia entre inteligencia artificial y neurociencia. El cerebro humano es una máquina prodigiosa, capaz de controlar y realizar simultáneamente infinidad de procesos con un consumo mínimo de energía. Es el mejor ejemplo de eficiencia que se conoce, y la aspiración de los científicos que estudian las redes neuronales, es lograr aproximarse al funcionamiento del cerebro humano para hacer mucho más con mucho menos energía. En este caso la clave de las baterías estaría, igual que con el tiempo, el dinero y la vida misma, no en tener más, sino en gestionar mejor lo que se tiene.

El funcionamiento básico de las baterías modernas no ha cambiado mucho desde que se desarrolló la primera en el siglo XVIII por Alexander Volta. Hay una placa de metal (actualmente una combinación de litio, cobalto, níquel y manganeso) que funciona como cátodo. Luego hay un ánodo compuesto habitualmente por grafito que, a futuro podrían ser de silicio. Entre ambos, una membrana impide que ambos elementos se toquen a menos que establezcamos la conexión. En ese momento es cuando se va transmitiendo la energía.

La pila de Volta no era recargable, y así es como las hemos conocido la mayoría de nosotros hasta que comenzaron a aparecer la primeras baterías recargables, basadas en iones de litio. También con el tiempo se ha logrado solventar en gran medida el efecto memoria de las baterías de litio, que reducía su capacidad a causa de las cargas incompletas.

Y entonces llegó el coche eléctrico…

Aunque es evidente que la duración de las baterías en los dispositivos móviles sigue siendo escasa para muchos, de alguna manera los gestores de eficiencia y la reducción en el tamaño de los componentes deja cierto poso de conformidad en los usuarios. Han proliferado también las cargas extra: esos chismes portátiles que te suministran una carga de emergencia en caso de no tener a mano un enchufe. Con todo esto podemos hacernos a la idea de pasar los próximos cinco años sin avances significativos en la capacidad de las baterías, porque los científicos están poniendo sus esfuerzos en otras cosas. Esas cosas son los coches eléctricos y las redes de energía.

Pero no desesperemos. Esas líneas de investigación, aunque no se centren directamente en conseguir que nuestro móvil viva ininterrumpidamente durante una semana, podrían conseguirlo por una vía indirecta.

Compañías como IBM han trabajado en baterías capaces de hacer marchar un coche a lo largo de 500 millas sin recargar y a una velocidad que compita con la de los vehículos propulsados con hidrocarburos. Esta compañía se centró en baterías de litio-aire, que reduciría a la mitad el peso de las baterías  pero con el problema de necesitar alimentarse de aire puro (¿existe eso?). La contaminación no sólo es un problema para el medio ambiente.

Científicos del MIT y de la Universidad de Texas también buscan nuevas vías, en este caso combinando elementos como el azufre, el silicio y el sodio, pero centrados, como ya decíamos, en el desarrollo de coches eléctricos más competitivos. La aplicación de cualquiera de estas innovaciones en la electrónica de consumo aún tardaría bastante en llegar. Básicamente la financiación prioritaria ahora no está en darle más duración al smartphone, sino al coche.

Gestión, gestión y gestión

Dada la situación, lo que le queda a los vendedores de dispositivos electrónicos es crear herramientas de software que gestionen con más eficiencia la carga de energía que haya. Un ejemplo de esto sería OS X Mavericks, lanzado en 2013, que lograba añadir hasta una hora más de autonomía a los equipos portátiles gracias a una mejor gestión de la memoria libre para que las aplicaciones se inicien más rápidamente y el regreso del reposo dure menos tiempo. El sistema operativo lograba reducir la actividad del procesador hasta en un 72%. Con Yosemite, lanzado en 2014, la eficiencia del sistema aumentó considerablemente, hasta dos horas más en un MacBook Air.

Por su parte, el sistema Ultra de ahorro de energía de Samsung ha conseguido que la batería del Galaxy S5 dure hasta 12,5 días, limitando el uso de algunas aplicaciones y cambiando el color por el B/N en algunos casos. Se trata de conocer mejor el uso de que hacen las personas de los dispositivos para que usen lo que realmente necesitan cuando lo necesitan y, mientras, el resto de aplicaciones y funciones permanecen en segundo plano o “en espera” para limitar el consumo.

En cualquier caso, ya lo dijimos antes. En las baterías como en la vida, parece que lo más importante no es tener mucho, sino saber aprovechar lo que se tiene.

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Las empresas que más ayudan a pymes y autónomos españoles

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La consultora Advice Strategic Consultants, de la que es socio director general nuestro colaborador, Jorge Díaz-Cardiel, ha llegado a la conclusión de que la Fundación Bancaria La Caixa, El Corte Inglés, Telefónica, Inditex y CaixaBank son las cinco primeras grandes empresas que, según las pymes y autónomos españoles, “más les ayudan” en el desempeño de su labor empresarial.

Se trata de unos resultados basados en las encuestas realizadas a pymes, microempresas y autónomos de varios sectores, así como entrevistas a líderes de opinión de nuestro país para contrastar opiniones. Según la consultora,  la coincidencia entre los dos públicos entrevistados es casi del 99%, mientras que el Índice de confianza estadística es el 98,2%.

Así, el primer dato destacable es que Fundación Bancaria La Caixa, seguida por El Corte Inglés, Telefónica, Inditex y CaixaBank son las empresas que las pymes y autónomos españoles más y mejor valoran, porque les ayudan en el desempeño de su labor empresarial. Les siguen líderes sectoriales: Danone, Calidad Pascual, HP, Apple, Sage Spain, Microsoft, Meliá Hotels International, Iberostar, Seat, Naturgy (antes, Gas Natural Fenosa), Iberia, Abertis, Pelayo, Mapfre, Cellnex Telecom y MSD.

En cada sector hay no menos de una docena de empresas que destacan, en ámbitos que aportan mucho al PIB, sea el turismo, con un 11%, o las TIC, con un 8,4%, por ejemplo”, indicó Díaz Cardiel. En total, las pymes y autónomos entrevistados han analizado 400 grandes empresas en un período de encuestación de tres meses.

Son sectores y empresas sistémicos para la economía y sociedad españolas. “El caso más emblemático es La Fundación Bancaria La Caixa, presidida por Isidre Fainé y más conocida como La Caixa”, añade Díaz Cardiel. De CaixaBank dependen las participaciones en Telefónica (5%) y Repsol (9,5%), aunque Criteria Caixa también posee un 1% de Telefónica, siendo La Caixa, por tanto, el primer accionista de la operadora.

Razones de valoración positiva de las grandes empresas

Preguntados los entrevistados por qué CaixaBank, un banco, seguido de Santander (con Popular, que aportó muchos clientes pymes y autónomos al banco cántabro), BBVA y Bankinter son tan importantes para ellos, la respuesta fue clara: “el acceso a la financiación bancaria, que en el caso de las pymes españolas alcanza el 88 por ciento versus el 50 por ciento de Alemania y el 30 por ciento en Estados Unidos. Durante los años de crisis, la principal preocupación de pymes y autónomos fue la sequía del crédito empresarial, abierto a empresas solventes entre 2014 y 2018, lo que ha facilitado la inversión empresarial”, explica Jorge Díaz Cardiel.

Telefónica, seguida por los otros operadores de telecomunicaciones, es importante para las pymes porque les hace llegar la fibra óptica, acceso a Internet, convergencia, contenidos, cloud, big data e inteligencia artificial. Contenidos, mediante su alianza con Netflix y cloud, gracias a su acuerdo con Amazon Web Services (AWS). Vodafone, Orange y Más Móvil siguen el mismo camino, “imitando al incumbente y líder del mercado”.

Pymes y autónomos han destacado el crecimiento de Telefónica, en un extremo, por la oferta y la calidad y de Más Móvil, en el otro extremo, porque ofrece precios bajos. Al mismo tiempo, señalan que “Vodafone baja y Orange sube”.

El Corte Inglés y la economía y la sociedad españolas están indisolublemente unidas, dicen pymes y autónomos, que dicen conocer bien El Corte Inglés en un 99%. “El Corte Inglés provee de todo -productos, servicios-, ofrece calidad de servicio, buena atención al cliente y, cada vez más, comercio electrónico para comprar online”. Otros grandes de la distribución, le siguen, como Inditex y Mercadona, entre otros. En Tecnologías de la Información, HP (hardware) y Sage Spain y Microsoft (software).

“La hostelería tiene campeones nacionales, Melia Hotels International, primero, e Iberostar Group, segundo. La expansión internacional de Meliá está ayudando a muchas pymes a seguir al líder hotelero, efecto de arrastre, que también se aprecia en Inditex o, en el caso de CaixaBank, líder del mercado ibérico, de expansión de nuestras pymes al país vecino, Portugal”. La automoción está dominada por Seat, empresa que tiene, como el resto de su sector en menor medida, una industria auxiliar (muy fuerte) del automóvil, compuesta de pymes, pero muy dependientes de los planes de las grandes empresas automovilísticas, cada vez menos españolas y más foráneas, por “lo que las decisiones se toman fuera de España, lo que preocupa a pymes y autónomos en automoción”.

En Energía, lidera Naturgy (antes denominada Gas Natural Fenosa), seguida por Iberdrola; en Aerolíneas, Iberia; en Seguros, Pelayo, primero, y Mapfre, después; en Gestión de Infraestructuras inalámbricas, Cellnex Telecom, “el mejor valor en bolsa (Ibex-35, en 2017 y 2018), con revalorización del 62%”.

Parámetros

Lo que más valoran las pymes y autónomos de las grandes empresas:

  • Que se les provea de contratos, carga de trabajo (98%)
  • Ayuda en la generación de Empleo (95%)
  • Facilidad de acceso a la Financiación bancaria (90%)
  • Mejoras en la gestión (84%)
  • Mejoras en sus procesos internos y de relación con clientes (76%)
  • Formación, especialmente importante en Telecomunicaciones, TIC y servicios financieros (75%)
  • Digitalización, transformación digital, (70%) que se traducen en más productividad y más competitividad.
  • Internacionalización, salida al exterior, exportar (69%)

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Las 7 tecnologías que se adoptarán masivamente en los próximos cinco años

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Las 7 tecnologías que se adoptarán masivamente en los próximos cinco años

Durante los próximos cinco años, varias tecnologías que hoy están comenzando a gozar de cierto reconocimiento y popularidad entre el público se adoptarán de manera masiva. A ciencia cierta, no se sabe cuáles son, pero en Gartner ya aventuran cuáles serán las siete que sí lo harán. Y que lo harán en un periodo de entre dos y cinco años a partir de 2018.

Según datos de la consultora, la primera en conseguir el comienzo de su adopción masiva será el reconocimiento de voz. Esto sucederá dentro de unos dos años. Según Matthew Cain, Vicepresidente y analista de Gartner, “los efectos del reconocimiento de voz sólo pueden apreciarse si se observan día a día. Los consumidores y los trabajadores de las empresas interactúan cada vez más con aplicaciones sin tocar un teclado para ello. Además, las aplicaciones de voz a texto han proliferado, gracias a la adopción de chatbots y de asistentes personales virtuales en las empresas. También por la adopción de dispositivos con interacción de la voz por parte de los consumidores. Entre ellos, de smartphones y consolas de juegos. Y específicamente, de los altavoces con asistentes virtuales“.

Los chatbots y los asistentes virtuales, que están ganando poco a poco presencia en la empresa, son implementaciones que aportan más valor añadido al reconocimiento de voz. Ambos emplean Inteligencia Artificial y machine learning para atender a la gente o para automatizar tareas. Escuchan y observan comportamientos y se encargan de construir y mantener modelos de datos, así como de predecir y recomendar acciones. Los chatbots son precisamente otra de las tecnologías que experimentarán un mayor crecimiento en los próximos años. En la actualidad menos de un 4% de las organizaciones han puesto en marcha interfaces conversacionales como los chatbots, pero según la Encuesta para CIOs de 2018 de Gartner, ya hay un 38% de empresas y entidades que están planeando experimentar con estas tecnologías o, directamente, ponerlas en marcha en su día a día.

Otras tecnologías que van a crecer notablemente de aquí a cinco años son la analítica aumentada y la personal. Ambas están consiguiendo que la analítica esté disponible cada vez para más empleados. Así, todos tienen la oportunidad de hacer sus pinitos como científicos de datos. La analítica aumentada emplea machine learning automatizado para cambiar la manera en que se desarrollan, consumen y comparte n los datos.

Los que se dedican a la analítica y el análisis de datos deberían integrarla en sus estrategias de transformación digital para llevar información más avanzada a más personas. Entre ellas, a los científicos de datos “ciudadanos”, un grupo que va a ser cada vez más importante y numeroso. Según Gartner, para 2020, gracias sobre todo a la automatización de las tareas relacionadas con la ciencia de datos, estos científicos de datos van a superar a los que se dedican a ello profesionalmente en cuanto al análisis avanzado producido.

Como consecuencia de esto llegará la que hemos llamado la analítica personal, el análisis de los datos relevantes en función del contexto que proporcionará información personalizada, así como predicciones o recomendaciones efectuadas para que los usuarios particulares puedan beneficiarse de ellos. Gracias a esto, la ciencia de datos ciudadana ya es una tendencia que ha captado la atención de Gartner. Se trata de una rama del conocimiento que sienta las bases de la analítica de próxima generación, y que según la consultora, se convertirá rápidamente en una parte importante de la forma en que se hacen posible y se escalan las funciones de ciencias de datos en una empresa. Según apuntan sus analistas, para 2020 más del 40% de las tareas de ciencias de datos pasarán a estar automatizadas, lo que dará como resultado una mayor productividad y un mayor uso de datos por parte de los científicos de datos “ciudadanos”.

Otra de las tendencias tecnológicas que más va a crecer en los próximos años es el uso de plataformas de aprendizaje flexibles. Estas se encargan de ajustar la manera en que el contenido para enseñar se presenta a los usuarios. Para ello utiliza como base sus respuestas o sus preferencias, y su objetivo es optimizar la destreza digital de las plantillas de las empresas. Se calcula que su adopción se generalizará entre los próximos dos y cinco años.

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Red Hat celebra el aniversario de “Kubernetes, el nuevo Linux de la nube”

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En los últimos años han cambiado muchas cosas en el ámbito tecnológico. El fenómeno de la computación en la nube, entendido como la implementación y despliegue de infraestructuras y servicios, se ha asentado, trayendo consigo beneficios y nuevos retos para los cuales ha sido necesaria la introducción de nuevas soluciones. Así, la potencia y versatilidad de la nube propició la tecnología de contenedores, y el rápido aumento de esta hizo lo propio con lo que conocemos como sistemas de orquestación. Es decir, Kubernetes, porque si bien hay otros, el proyecto de código abierto ha logrado posicionarse en muy poco tiempo como el referente absoluto de su categoría.

De hecho, son nombres como Docker o Kubernetes los que han abierto un mercado que apenas existía unos años atrás, convirtiéndose prácticamente en sinónimos de los términos que representan, léase contenedores u orquestación de contenedores. No es de extrañar, pues, la importancia que ha adquirido Kubernetes, o que Red Hat lo haya bautizado como “el nuevo Linux de la nube”. Nacido originalmente en el seno de Google, el gigante de Internet contó pronto con la colaboración de otras partes, entre las que se contaba la vendedora líder del Linux corporativo que ahora le rinde homenaje.

Aunque fue en junio de 2014 cuando se lanzó la primera versión alfa de Kubernetes, Red Hat celebra el tercer aniversario del proyecto, que un año más tarde lanzaría su versión 1.0. Sea como fuere, con el lanzamiento de su primera versión estable Kubernetes pasó a ser gestionado por la Cloud Native Computing Foundation (CNCF), uno de los proyectos de The Linux Foundation apoyado por las grandes empresas del sector, incluyendo a Google, Amazon, Cisco, Microsoft, Intel y otras tantas, que a la postre han sido las que han aupado y hecho crecer la tecnología al nivel que ostenta actualmente.

También Red Hat estuvo desde el principio. “El interés de la industria comenzó a consolidarse en torno a Kubernetes gracias a su capacidad para soportar un desarrollo de software rápido e iterativo y el desarrollo de aplicaciones que podrían permitir el cambio en todos los entornos, desde local hasta la nube pública”, recuerdan desde la compañía. “Antes de Kubernetes, el mundo de TI intentó abordar estas necesidades empresariales con las ofertas tradicionales de la Plataforma como Servicio (PaaS), pero con frecuencia estas soluciones eran demasiado dogmáticas en cuanto a los tipos de aplicaciones que se podían ejecutar sobre ellas y cómo esas aplicaciones eran diseñadas y desplegadas”.

El objetivo fue siempre el mismo: simplificar la orquestación y gestión de sistemas mediante una plataforma abierta que permitiese al cliente implementar una gama más amplia de aplicaciones con mayor flexibilidad. Y desde su primera versión Kubernetes se ha utilizado como un elemento básico tanto para los Contenedores como servicio (CaaS) como para las plataformas basadas en PaaS.

Kubernetes como el nuevo Linux de la nube

La demanda de las empresas para pasar a la nube híbrida y la infraestructura multicloud, la demanda de aplicaciones combinadas con la necesidad de admitir aplicaciones tradicionales y nativas de la nube en la misma plataforma; el deseo de administrar sistemas distribuidos con software contenedorizado y una infraestructura de microservicios; la necesidad de que los desarrolladores y administradores se centren en la innovación en lugar de en la gestión… Kubernetes nació para dar respuestas a todas estas cuestiones. Es por ello que lo habitual actualmente es ofrecer soluciones que integren Kubernetes como piedra angular, tal y como hace Red Hat con OpenShift.

“Y, todo es código abierto, lo que lo pone a disposición de todos y permite a los contribuyentes de todo el mundo resolver mejor esta nueva era de desafíos informáticos de forma conjunta, en entornos abiertos, no protegidos por entornos en silos o plataformas propietarias”, explican desde Red Hat. “En más de 25 años contribuyendo con proyectos de código abierto, que van desde el kernel de Linux hasta OpenStack, hemos visto pocos proyectos que puedan reclamar la velocidad de Kubernetes. Es un testimonio de la capacidad de los contribuyentes del proyecto para trabajar en colaboración para resolver una gran necesidad empresarial que Kubernetes ha movido tan rápidamente desde la versión 1.0 a un amplio apoyo del sector en tres años”, añaden.

Tras tres años, Kubernetes se muestra como uno de los esfuerzos de colaboración de código abierto más exitosos desde Linux. Habiendo aprendido las lecciones de anteriores iniciativas de colaboración a gran escala e intercomunitarias como OpenStack, la comunidad de Kubernetes ha logrado avanzar hacia un nuevo nivel de gestión efectiva que abarca diversidad y un espíritu de apertura, todo lo cual ha impulsado cantidades increíbles de innovación en todos los aspectos del proyecto“, sostiene Diane Mueller, responsable de Red Hat Cloud Platform.

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