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Viaje al secreto mejor guardado de OVH

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Dicen que Europa ha perdido el tren de la gran tecnología. Que no hay en el «viejo continente» empresas capaces de competir con grandes compañías americanas (Google, Microsoft, AWS) o asiáticas (Tencent, Fujitsu, Huawei, Foxconn). Que la nube es suya y no nuestra…Que los europeos somos los mejores a la hora de regular y luchar por la privacidad de los usuarios, pero que hace tiempo que lo nuestro no es innovar o estar a la vanguardia.

Algo de verdad hay en todo ello. Y no solo porque no hay auténticos valleys tecnológicos en Europa. Sino sobre todo, porque no hay capital disponible que permita a las empresas europeas competir con las grandes superpotencias. Pese a todo, algunas como la finlandesa Nokia, la alemana SAP o la francesa OVH, se mantienen en la carrera.

Fundada en 1999, la compañía cumple 20 años situándose como la única empresa tecnológica europea que ha encontrado un hueco propio en el ranking de las diez primeras del mundo en el mercado cloud. En dos décadas, ha pasado de contar con un único data center en Francia a disponer de 28 centros de datos en 12 localizaciones de cuatro continentes.

La compañía gala ha fabricado más de 1 millón de servidores físicos (y como veremos en este reportaje, «fabricar» es un verbo clave) y ha desarrollado su propia infraestructura de fibra óptica, haciendo uso para ello de nueve cables submarinos. Todo, para dar servicio a los más de 1,4 millones de clientes con los que la empresa trabaja en todo el mundo.

Estos son los principales datos que desde OVH nos «disparan» casi a bocajarro cuando llegamos a sus instalaciones de Roubaix, pequeña ciudad obrera en la que OVH dio sus primeros pasos y que se encuentra a escasos minutos de la coqueta Lille.

Aprovecha lo que tengas, lo que puedas, aprovéchalo todo

Casi todos los centros de datos se parecen. Enormes edificios anónimos en los que centenares de racks ordenados de forma meticulosa, ofrecen al mundo miles de servidores. Calor desparramándose por los pasillos y un ruido ensordecedor. Espacios en los que se «atragantan» millones de cables de colores y en los que tras el efecto wow inicial, el visitante solo quiere permanecer el tiempo imprescindible. Hay que reconocer lo obvio: un CpD no es precisamente el lugar más atractivo del mundo en el que estar.

En el de OVH de Roubaix hay por supuesto mucho de eso. Pero también hay otros muchos elementos que lo convierten en un campus diferente. Cuando llegamos, tenemos que hacer un esfuerzo para recordar que estamos a menos de 200 kilómetros de París…y no en el paisaje industrial del New Jersey de Los Soprano.

Vista aérea del conjunto de edificios que forman parte del Centro de Datos de OVH en Roubaix

Los edificios con los que la compañía francesa conecta al mundo son, utilizando el cliché lingüístico, «vestigios del pasado». Naves industriales y fábricas abandonadas que tras literalmente una mano de chapa y pintura, OVH ha devuelto a la vida. Como en la mayoría de los centros de datos, la seguridad y el celo por lo que allí se almacena es fundamental. No se nos permite tomar ninguna fotografía (las que incluimos en este reportaje son de archivo) y los controles de seguridad son exhaustivos. No solo controlan nuestros datos personales o revisan mochilas y bolsos, sino que además nos invitan a pesarnos en una báscula: un doble factor de autenticación con el que quieren asegurarnos de que no nos llevamos nada.

En la visita nos acompaña François Sterin, VP Chief Industrial Officer, que nos dirige en primer lugar a una nave en la que literalmente, no hay nada. «Es nuestra última adquisición. Antes de cerrar, esto era una fábrica de pañales» nos indica. «Apenas hemos hecho nada. Hemos limpiado, hemos pintado las paredes, hemos cambiado el suelo. No nos interesa construir nuevos edificios, cuando hay tanto que se se puede aprovechar y en menos de seis meses puedes poner en marcha una unidad de producción nueva. Es algo que hemos tenido claro desde el principio y que vamos a seguir haciendo…solo se trata de encontrar los espacios adecuados.» afirma.

Nos movemos a continuación a uno de los edificios en los que las máquinas se encuentran en pleno funcionamiento. Nos cuesta entrar. De uno en uno, nos introducimos en una cabina de doble puerta en la que se nos controla con una cámara de seguridad y se nos pesa de nuevo.  Al otro lado, otra nave enorme en la que los distintos grupos de racks se encierran en «habitáculos» parcialmente sellados. Como para otras empresas, la prioridad de OVH es mantener una temperatura constante, optimizando de esta forma el rendimiento de las máquinas.

«Hemos reducido la electricidad necesaria para el funcionamiento de nuestros centros de datos y somos pioneros en el uso de ‘watercooling’, un sistema de refrigeración líquida de los servidores que implementamos en 2003 y que seguimos desarrollando desde entonces. Además, hemos dotado a nuestros racks de puertas de refrigeración en la parte trasera para que estos sean autónomos y así poder desplegarlos en cualquier lugar, independientemente de las condiciones externas» nos explica Sterin. También, que gracias a eso, cada servidor únicamente produce 200 Kg de emisiones anuales de CO2.

Y sin embargo lo que más nos llama la atención son los propios racks. Espartanos, tremendamente funcionales, construidos de una forma prácticamente artesanal. Se parecen poco a los que hemos visto hasta ahora. Como descubriremos esa misma tarde, el secreto se encuentra a unos pocos kilómetros de distancia.

En Croix, un moderno robot dobla las planchas de metal que se utilizan para montar servidores y racks

Croix: una pequeña Foxconn en en Francia

Su propia fábrica. No son muchas las «empresas cloud» que pueden presumir de tenerla. OVH no solo la tiene, sino que es su secreto mejor guardado. Lo que nos espera cuando cruzamos la puerta, es una planta de 14.000 metros cuadrados destinados a la fabricación, la logística y el I+D de la empresa.

«Producimos nuestros propios servidores desde hace más de 20 años. Desde el abastecimiento de los componentes y las piezas de repuesto hasta la activación del datacenter, hemos establecido un proceso industrial integral que nos permite entregar un servidor que ajusta a las necesidades de nuestros clientes en menos de 120 segundos» explica el directivo galo. «Desde que nos hemos trasladado a Croix, hemos conseguido aumentar nuestra producción anual de 120.000 a 400.000 servidores» remacha.

Líneas de montaje de servidores

La de Croix es una fábrica moderna. Limpia, casi inmaculada. Todas las líneas de trabajo están articuladas y se mueven sobre ruedas, de modo que se puedan reconfigurar según las necesidades de la producción. A intervalos regulares, un tren que recuerda mucho a los turísticos que recorren el centro de algunas ciudades, atiende a las necesidades logísticas de cada departamento, trasladando en sus «vagones» todo tipo de componentes.

Tras las cadenas de montaje y configuración de los servidores, contemplamos casi hipnotizados cómo dos enormes robots industriales trabajan sin descanso doblando planchas de metal. Es difícil separarse del cristal que mantiene a raya el brazo articulado que hace todo el trabajo.En otro espacio, otra máquina emplea el láser para cortar las mismas planchas, produciendo todo tipo de formas y tamaños.

Un pequeño tren articulado recorre la fábrica atendiendo a las necesidades logísticas de los distintos departamentos.

Y hay más. Espacios en los que se prueba la calidad de los equipos recién montados (incluyendo pruebas a agua y temperatura), áreas en las que se desmonta y se decide si los servidores que llevan algunos años en los centros de datos se merecen una segunda oportunidad,o una zona con instrumentos de precisión electrónica que validan la calidad de cada uno de los discos duros que se desmontan.

Proceso de montaje de un rack

El recorrido finaliza en un área reservada: el departamento I+D de la empresa. Aquí, nos explica Sterin «se diseñan los prototipos de las nuevas generaciones de racks y servidores.» Observamos nuevas ideas para refrigerar servidores de forma más eficiente, configuraciones de cabina con los que optimizar aún más el uso del espacio o nuevas formas de sacar el máximo partido a la energía. Pero de todo esto, no podemos contar nada. En Croix, casi todo es un secreto.

Periodista tecnológico con más de una década de experiencia en el sector. Editor de MuyComputerPro y coordinador de MuySeguridad, la publicación de seguridad informática de referencia.

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