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Nadella en Madrid: a la IA ya no le basta con impresionar, tiene que rendir

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Satya Nadella ha pasado por Madrid y, cómo no, ha hablado de agentes. Lo ha hecho con un mensaje que sonaba más a llamada de atención que a discurso de ventas: 2026 es el año en que la IA tiene que demostrar que sirve para algo más que para impresionar en presentaciones. En el Microsoft AI Tour celebrado hoy en Kinépolis Ciudad de la Imagen, el CEO de Microsoft ha marcado distancias con el relato de los últimos años y ha puesto el foco en la utilidad real de la tecnología para las empresas y los empleados, la gobernanza de los agentes y un concepto de soberanía digital que no coincide exactamente con el que maneja Bruselas. Ha sido uno de esas intervenciones donde el subtexto importa tanto como lo que se dice desde el escenario, con mensajes subliminales tanto para la competencia como para sus propios partners.

De las promesas a los sistemas reales

Nadella ha dejado claro que la fase del «descubrimiento» ha terminado. La narrativa del asombro tecnológico (el efecto «wow» de los últimos años) hay que ir dejándola atrás. Ahora toca lo que él llama ingeniería útil: convertir la IA en sistemas con impacto económico medible, no en demostraciones tecnológicas. Es un giro de discurso significativo viniendo del CEO de la empresa que más ha invertido en posicionar la IA como la revolución definitiva. El mensaje implícito es que si las organizaciones no empiezan a ver retorno real, el sector entero tiene un problema de credibilidad.

Para ilustrarlo ha citado casos concretos de empresas españolas como Factorial, Ferrovial, Repsol o Sanitas, y ha traído a colación el trabajo de GigaTime, una herramienta de IA que está acelerando la investigación oncológica con resultados medibles. Este tipo de ejemplos (ciencia aplicada, procesos industriales, gestión sanitaria) son los que Nadella quiere asentar como bases para el discurso de la IA útil para las empresas e instituciones, lejos de las aplicaciones de consumo más o menos espectaculares que han dominado la conversación pública sobre IA durante los últimos dos años. Quiere demostrar que la IA y los agentes están maduros para aplicaciones empresariales reales y transformadoras.

En ese contexto ha introducido el término «ingeniería de contexto» como la disciplina clave del momento: conseguir que los modelos de IA comprendan los datos específicos de cada organización en lugar de operar sobre conocimiento genérico. Su visión es que debería existir un modelo de IA propio por cada compañía, una especie de repositorio vivo del conocimiento tácito corporativo que hasta ahora vivía disperso en documentos, correos, reuniones y, por supuesto, en herramientas como Power BI. La idea es que ese saber colectivo, una vez estructurado y accesible para los modelos, se convierte en ventaja competitiva real. Los tokens, según Nadella, son ya la nueva materia prima de la economía, y las empresas que no aprendan a producirlos y gestionarlos quedarán en desventaja estructural.

Agentes: varios por empleado, pero con gobernanza

Charles Lamanna, President of Business Apps & Agents de Microsoft, ha completado el argumento desde el ángulo operativo. La dirección de viaje es hacia equipos mixtos de humanos y agentes, y la escala que maneja Microsoft no es menor: varios agentes trabajando en paralelo por cada empleado, cada uno especializado en una tarea o proceso concreto. Nadella los ha llamado, con cierta poesía, «infinite minds»: inteligencias que no se cansan, no olvidan el contexto y pueden operar de forma autónoma en los márgenes de los flujos de trabajo sin necesidad de supervisión constante.

La metáfora que ha utilizado para definir la relación entre humanos y agentes es la del andamio cognitivo: la IA no sustituye al trabajador sino que le permite rediseñar su trabajo de extremo a extremo, asumiendo las tareas repetitivas o de síntesis y liberando capacidad para lo que requiere criterio o creatividad. Es un relato más matizado que el de la automatización masiva, y probablemente más honesto sobre cómo está funcionando la adopción real en las empresas. Es la filosofía Copilot que desde el principio ha defendido Microsoft en lo que respecta a la IA.

Pero la parte más interesante no fue la retórica sobre productividad, sino el énfasis en gobernanza y soberanía en la gestión de esos agentes. A medida que el número de agentes por organización crece, el reto deja de ser técnico para convertirse en organizativo: quién controla qué agente hace qué, con qué datos opera, qué decisiones puede tomar de forma autónoma y cuáles requieren validación humana además de cuantos recursos está consumiendo. Microsoft ha presentado novedades concretas en este terreno que van más allá del marketing: Azure Local en modo desconectado, que permite gestionar infraestructuras críticas sin conexión a la nube manteniendo las políticas de Azure, Microsoft 365 Local para entornos soberanos, que permite ejecutar Exchange, SharePoint o Skype for Business dentro del perímetro del cliente, y Foundry Local, que posibilita integrar grandes modelos de IA en entornos completamente aislados usando hardware propio con soporte de NVIDIA. Para sectores como defensa, sanidad pública o banca regulada, estas capacidades no son un extra, son un requisito.

Soberanía digital: cumplimiento y competitividad

Uno de los ejes centrales del evento ha sido la soberanía digital, entendida no solo como protección del dato sino como condición habilitadora para que las organizaciones puedan adoptar la IA con garantías. La tesis de Nadella es que soberanía y competitividad no son conceptos opuestos: una empresa que no logra incorporar la IA a sus procesos pierde capacidad de generar valor, independientemente de dónde estén alojados sus datos. Microsoft ha reforzado durante el evento su compromiso con la EU Data Boundary, la iniciativa que garantiza que los datos de clientes europeos permanezcan y se procesen dentro del territorio de la UE. Para las organizaciones que operan en entornos altamente regulados  (banca, sanidad, administración pública) este marco no es un detalle menor: es lo que hace posible avanzar en la adopción de IA sin comprometer el cumplimiento normativo ni la resiliencia operativa.

En esa misma línea se inscriben las novedades de infraestructura presentadas en Madrid: Azure Local en modo desconectado, Microsoft 365 Local para entornos soberanos y Foundry Local con soporte para grandes modelos en hardware propio. El mensaje de la compañía es que gobernanza y capacidad de despliegue no tienen por qué estar reñidas, y que el perímetro soberano puede ser también un entorno donde la IA opere con plena potencia.

Una parte relevante de la keynote se dedicó a la capa de creación de agentes, con un mensaje dirigido explícitamente a los perfiles técnicos de las organizaciones: empoderar a los equipos internos para que sean ellos quienes construyan y desplieguen agentes, sin depender de un proveedor externo para cada caso de uso. La apuesta de Microsoft pasa por Copilot Studio como herramienta central para que cualquier organización pueda crear agentes conectados a sus propios datos y procesos, ajustados a su contexto específico y no a un caso genérico de manual.

También pudimos ver en acción el panel de control de agentes, una respuesta directa al problema que aparece inevitablemente cuando la adopción escala: si hay varios agentes operando por cada empleado, alguien tiene que ver qué está haciendo cada uno. El dashboard permite a los responsables de TI y a los propios gestores de negocio tener visibilidad sobre los flujos de trabajo agénticos: qué agente interviene en qué proceso, con qué permisos opera y dónde se requiere validación humana antes de que una acción se ejecute.

El freno que nadie quiere mencionar

Nadella ha sido más transparente de lo habitual sobre los límites reales de la expansión de la IA. Energía, chips y talento son recursos escasos, y la industria tiene que decidir con criterio dónde los aplica si quiere mantener el respaldo social necesario para seguir creciendo. La IA consume infraestructura energética a una escala que empieza a ser visible para la opinión pública, y si esa demanda no viene acompañada de utilidad demostrable y ampliamente distribuida, el riesgo de reacción social es real. Nadella lo ha puesto sobre la mesa sin eufemismos: sin adopción a escala, la IA corre el riesgo de quedarse en burbuja por falta de utilidad demostrada. No es el tipo de advertencia que suele abrir una keynote, pero en Madrid ha estado ahí, y merece atención.

El contexto español no es malo para este argumento. Los datos que ha aportado Microsoft sitúan a España en la sexta posición mundial en adopción de IA, con un 42% de la población en edad laboral usando herramientas de inteligencia artificial en la segunda mitad de 2025, por encima de Reino Unido o Estados Unidos. El 89% de los directivos españoles prevé incorporar agentes en los próximos doce meses, según el Work Trend Index de la propia Microsoft. Y las empresas denominadas Frontier Firms —las que ya han integrado la IA en el centro de su operativa— muestran tasas de crecimiento que casi duplican a las del resto del mercado.

El escenario está puesto y los números acompañan, al menos sobre el papel. Lo que Nadella ha dejado en el aire es la pregunta de fondo: si la ingeniería será tan útil como promete cuando deje de ser el centro de atención y empiece a ser infraestructura básica de las empresas. La asignatura pendiente, a pesar de los casos de uso que se han mostrado en la keynote, es la implementación de todas estas promesas y su conversión en una ventaja competitiva real. Ese es el verdadero test que viene.

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