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OpenAI lanza Grid Protectors para dar un respiro a la red eléctrica

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La energía se consolida como uno de los mayores límites operativos para el crecimiento de la inteligencia artificial. Para gestionar este desafío, OpenAI ha anunciado el programa Grid Protectors, una iniciativa dirigida a gestionar el consumo eléctrico de sus futuros centros de datos. El plan busca establecer acuerdos con empresas eléctricas, reguladores y gobiernos para que las instalaciones de la compañía reduzcan su consumo cuando la red general enfrente picos de presión.

La iniciativa se enmarca en la expansión acelerada de infraestructura de la compañía, que ha anunciado la compra a Oracle de potencia de computación por 300.000 millones de dólares en cinco años. El anuncio llega, además, en un contexto de creciente rechazo a los grandes centros de datos en Estados Unidos, donde varios estados han aprobado leyes para impedir que las tecnológicas trasladen sus costes eléctricos a los demás clientes de la red. Como recoge Emma Roth en The Verge, con Grid Protectors la compañía intenta presentar sus campus de computación como un recurso para la red y no como una carga. La base técnica del modelo es la «demanda flexible», un mecanismo habitual en la gestión eléctrica que permite a un gran consumidor reducir o desplazar su consumo de forma temporal cuando el operador de la red lo solicita.

El caso piloto en Georgia

El primer caso práctico de este programa tendrá lugar en el estado de Georgia, en Estados Unidos. OpenAI ha cerrado un acuerdo con la compañía eléctrica Georgia Power que incluye hasta 1.000 megavatios (MW) de potencia flexible. Esta capacidad se aplicará en el futuro campus tecnológico de Effingham, también conocido como proyecto Camellia, que todavía se encuentra en fase de desarrollo y servirá como campo de pruebas para el programa. La propia OpenAI equipara ese máximo de 1.000 MW a la demanda media de unos 700.000 hogares. En cuanto a las contraprestaciones del acuerdo, el anuncio oficial detalla que OpenAI se compromete a pagar de forma íntegra sus propios costes eléctricos y de infraestructura.

Por su parte, Georgia Power afirma que contar con esta flexibilidad de consumo puede reducir de forma significativa la nueva generación eléctrica que necesita construir para dar servicio a su región. Las proyecciones de la eléctrica apuntan a unos ahorros anuales de 950 millones de dólares para sus clientes a partir del año 2029, calculados sobre su cartera total de acuerdos con grandes cargas corporativas y no solo sobre el pacto con OpenAI. Según la empresa energética, esto se traduciría en una rebaja de unos 15 dólares al mes para un hogar típico.

Para los departamentos de tecnología, el anuncio refuerza una tendencia ya visible: las condiciones eléctricas pesan cada vez más en las decisiones sobre dónde y con quién se contrata capacidad de inteligencia artificial, con previsiones que apuntan a un crecimiento del consumo eléctrico de los centros de datos del 26% en 2026. La disponibilidad de potencia, los compromisos de flexibilidad y el reparto de costes de red se consolidan como variables de contrato y de ubicación, no solo de infraestructura.

El reto energético en España

El encaje de estas instalaciones en el tejido eléctrico genera debates internacionales que ya tienen su eco en el mercado español. La semana pasada, SpainDC (la asociación patronal que agrupa a la industria de los centros de datos en España) rechazó el nuevo texto del proyecto de Real Decreto sobre centros de datos remitido al Consejo de Estado, una propuesta todavía en tramitación. La patronal cuestiona que el texto mantenga la obligación de cubrir con energía renovable el 80% del consumo eléctrico hora a hora y que, para los operadores que no puedan cumplirlo desde el inicio, la vía transitoria pase por aceptar que el operador del sistema pueda cortar su suministro cuando lo requiera, sin límites claros de frecuencia o duración y sin indemnización. SpainDC lo resume como un riesgo de apagones y de inseguridad jurídica sobre un texto que sigue sin ser definitivo.

Los dos debates, el estadounidense y el español, avanzan en paralelo sin tocarse del todo. El piloto de Effingham está todavía en desarrollo y su eficacia real está por demostrar, y el conflicto español gira sobre exigencias renovables y cláusulas de corte, no sobre la existencia de la demanda flexible, un mecanismo con años de uso en el sector eléctrico. Lo que sí queda por ver es si el modelo de acuerdos que OpenAI ensaya en Georgia se extiende a otros estados o países, y con qué contraprestaciones concretas para cada operador de red además de la reacción de otros proveedores de Inteligencia Artificial al anuncio porque el tema energético es sin duda estratégico en estos momentos.

 

*Imagen de apertura creada con ChatGPT

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