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Jetpack, ¿esta vez sí que lo veremos?

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Jetpack

I’m a rocket man, rocket man. Burnin’ out this fuse, up here alone… imposible escribir una noticia sobre un jetpack sin acordarse de Elton John, de Buck Rogers, de GTA, de Duke Nukem, de Michael Jackson y de tantas y tantas referencias de nuestra cultura pop sobre ese ingenio que, colgado de nuestros hombros y apoyado en la espalda, nos permite despegar el vuelo en cualquier momento. El problema es que, hasta ahora, ha habido mucho de imaginación, un tanto de estafadores que han intentado hacerse con el dinero de incautos inversores, y muy poco de evolución real de un dispositivo que podría cambiar para siempre el modo en el que nos desplazamos en nuestro día a día. Hoy, sin embargo, Associated Press publica una reseña sobre uno de los desarrollos más creíbles de esta tecnología, el Martin Jetpack de Martin Aircraft Co.

Es cierto que, de momento, el modelo de esta empresa neozelandesa (que puedes ver en la imagen superior) aún está bastante lejos de la mochila compacta con la que ciencia ficción nos ha hecho soñar. Este prototipo pesa (sin combustible) unos 200 kilos, está construido con aluminio y fibra de carbono y, para la propulsión de su (afortunado) usuario, emplea un motor de explosión alimentado por gasolina (sí, la misma que tu coche). ¿Y cuánto cuesta este juguete? 200.000 dólares. ¿Cómo?, ¿dices que dispones de ese dinero y quieres uno? Espera, porque todavía necesitas algún dato más antes de tomar rumbo al otro extremo del mundo con un maletín lleno de dinero para comprar un jetpack.

En el lado positivo, su tamaño y peso ya te habrán hecho pensar que no es como uno de esos drones que, con la batería totalmente cargada, pueden volar entre cinco y diez minutos, ¿verdad? Cierto, el jetpack de Martin Aircraft puede, según su fabricante, alcanzar una velocidad punta de 74 kilómetros por hora, elevarse hasta 3.000 pies (algo menos de un kilómetro) y su autonomía oscila entre los 30 y los 45 minutos, suficiente para los desplazamientos comunes para la mayoría. El sistema de control es bastante parecido al de una moto (con la diferencia de que en este caso el control es siempre electrónico), y como medida de seguridad el sistema cuenta con un paracaídas.

La pega, la principal pega, es que al menos de momento las autoridades de Nueva Zelanda (único país en el que puede volar el prototipo en la actualidad, y sólo en condiciones de prueba) consideran que este jetpack es una aeronave (y en parte tienen razón), por lo que para poder emplearla es imprescindible una licencia de piloto privado, un título con un coste elevado (aunque si te puedes permitir los 200.000 euros del jetpack, esto tampoco te supondrá mucho problema), y su vuelo está sujeto a las mismas normas que el del resto de aeronaves que realizan vuelos VFR deportivos y de recreo. El principal objetivo de su creador, Glenn Martin, es lograr reducir significativamente el tamaño del jetpack y, de esta manera, lograr que pase a ser clasificado como ultraligero, ya que las normativas para volar este tipo de aeronaves en todo el mundo son mucho más asequibles para todo el mundo. Y aún así, esta posibilidad también debería ser transitoria. Si el jetpack se generaliza, estaremos hablando de un modo totalmente nuevo de desplazarse, y las autoridades encargadas de regular el tráfico aéreo se enfrentarán a, posiblemente, el mayor desafío que hayan podido imaginar.

Imagen:martinjetpack

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