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En 2020 habrá 220 millones de coches conectados en todo el mundo

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El número de coches conectados, es decir, de los vehículos con WiFi, aumentarán en unos 61 millones anuales en 2020, desde los 6,9 millones que se vendieron el año pasado, según un estudio de Gartner del que se ha hecho eco Computerworld. Este aumento hará que a lo largo de los cuatro próximos años, el número de coches y camiones conectados suba hasta los 220 millones en todo el mundo.

Gracias a esta buena acogida que se espera, aumentarán también los servicios que se pondrán a disposición tanto de conductores como de viajeros. Con ellos, no solo se podrá hacer streaming de música y vídeo en su interior, o utilizar servicios de navegación y localización a través de Internet. También permitirá a los conductores realizar tareas como pagar el aparcamiento o la gasolina cuando reposten sin tener que salir del coche o del camión. Al mismo tiempo, la tecnología integrada en todo tipo de vehículos llevará a sistemas de conducción más autónomos.

La proliferación de vehículos conectados desembocará también en una renovación de todos los servicios que rodean a los coches y camiones, como los seguros, el alquiler de vehículos, el coche compartido y la recarga de vehículos eléctricos. James Hines, directos de investigación de Gartner, y autor del informe, afirma que “los vehículos conectados racionalizarán  muchos de los procesos que se emplean actualmente en las empresa. Por ejemplo, un coche de alquiler podría encargarse de forma remota, y permitir nuevos sistemas de funcionamiento. Por ejemplo, cuando la tecnología de vehículos conectados se combine con las funciones de la conducción autónoma, los usuarios podrán solicitar un viaje y se enviará un coche automáticamente al punto en el que se encuentre“.

Los coches conectados que sean eléctricos también contarán con mejores opciones de acceso a puntos de recarga, ya que serán capaces de localizar las estaciones de carga disponibles con más facilidad, además de pagar por la recarga, directamente. Además, podrán vigilar el estado de la carga de batería. Según Hines, “muchas de estas funciones, que en la actualidad se llevan a cabo desde smartphones estarán más automatizadas en el futuro, cuando la tecnología de vehículos conectados permita una mayor integración con los sistemas integrados“.

Funciones técnicas

Ya en 2018, los módulos de comunicación integrados dejarán atrás al tethering gracias a los dongles conectados a los puertos OBD II de los vehículos conectados. Estos son la evolución de los OBD, o puertos de diagnóstico a bordo, presentes en coches y camiones desde 1996. La conectividad a Internet también será vital como apoyo a funciones de conducción automatizada, como el control de crucero adaptativo, los sistemas para evitar coches o los de aviso de salida. Todos precisan cámaras en tiempo real y el proceso de datos de sensores, así como el reconocimiento de patrones.

Gartner también predice que las aplicaciones de los futuros coches conectados aumentarán la demanda de información contextual, como la detección de imágenes y la geolocalización, en un 150%. Hines apunta que “a medida que los coches se hacen más automáticos, se les equipa con más tecnologías de medición, entre las que están las cámaras y los radares. Muchos automóviles utilizarán la detección de imagen como el principal sistema para identificar y catalogar los objetos que hay alrededor del vehículo, de forma que puedan proporcionar al conductor respuestas más sofisticadas, e incluso una mayor autonomía“. Mejorar la eficacia en el consumo de gasolina y reducir emisiones será más complicado. Se necesitarán motores y sistemas de control de transmisiones más sofisticados.

Lo mismo sucederá con el hardware del equipo. A medida que el software se hace más potente para procesar una cantidad de información que aumenta progresivamente, se precisará un hardware de proceso mayor. Esta es la razón por la que en los coches se está acelerando el cambio de los microcontroladores de 8 bits a los procesadores de 32. Como resultado, la industria dedicada a la fabricación de chips para automóviles está experimentando un fuerte empuje. Sólo el año pasado, los fabricantes han cerrado acuerdos con la industria automovilística por un valor de 75.000 millones de dólares. También aumentarán los conectores para 2020, de forma que muchos coches tendrán entre 50 y 60. Los tendrán hasta los modelos de entrada, que se calcula integrarán una decena de media.

Pero todo este aumento de conectividad y generación de datos ha llamado la atención de los hackers, que ya comienzan a ver los coches conectados como su próximo objetivo en cuanto a localizar agujeros de seguridad. Esto preocupa no solo a la industria del automóvil, sino también a gobiernos como el estadounidense, que la semana pasada presentó ya una guía para la industria del automóvil, de cara a la fabricación de vehículos autónomos. Estos incluían un fuerte grado de automatización que con varios consejos de cara a la protección de su seguridad. Pero no solo los gobiernos están tomando cartas en el asunto, este mismo mes, Volkswagen ha anunciado la creación de una empresa de ciberseguridad.

De hecho, este tema preocupa a los conductores, y todo apunta a que va a ser un gran negocio para las compañías. Según una encuesta de KPMG, el 70% de ellos están preocupados ante la posibilidad de que su coche pueda ser hackeado en un plazo de cinco años. Además, el 79% afirma que, en caso de que su vehículo sufriese un ataque, se quedarían con una impresión muy negativa de su fabricante.

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