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El revés de los centros de datos en las elecciones de EE.UU.: qué puede cambiar para la industria y para España

Las elecciones de medio mandato en EE.UU. han puesto a los centros de datos de IA en el centro del debate político, con un rechazo claro en las urnas y caídas del sector en bolsa. Analizamos qué puede cambiar para la industria y su derivada para España.

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Las elecciones de medio mandato del martes en Estados Unidos han puesto a los centros de datos de IA en el centro del debate político. Los votantes respaldaron candidatos y medidas que piden frenar su expansión, y los valores más expuestos del sector cayeron con fuerza en bolsa tras conocerse los resultados. Para cualquier empresa que planee su infraestructura de IA, incluidas las españolas, el resultado abre un escenario de posibles cambios en capacidad, precios y geografía del sector.

Las urnas contra el ritmo del despliegue

El rechazo a los centros de datos fue una de las tendencias más claras de la noche. Según un recuento de CNBC basado en datos de Ballotpedia, se votaron 41 medidas locales (de alcance muy distinto entre unas jurisdicciones y otras) que imponían restricciones a estas instalaciones en 10 estados, y el lado restrictivo ganó en todas menos una, la de Harwood, en Dakota del Norte.

No se trata de un mandato nacional uniforme, pero la encuesta a pie de urna de CNBC sugiere el calado del asunto: el 56 % de los votantes dijo que la IA y los centros de datos fueron un factor decisivo o importante en su voto, y el 65 % de ellos optó por candidatos demócratas.

Las quejas se concentran, según recoge El País, en el encarecimiento de la factura energética, el consumo de agua y la opacidad de los permisos y las ayudas fiscales. Los nuevos gobernadores demócratas de Texas, Ohio y Georgia llegan prometiendo condiciones mucho más duras o moratorias, y en el Congreso voces como la del senador Bernie Sanders ya piden abiertamente una moratoria nacional.

La industria, mientras tanto, ya ha empezado a reaccionar. Meta, presente en 23 estados y con proyectos de un gigavatio o más en cinco de ellos, asume que debe «redoblar y triplicar» el esfuerzo por explicar los beneficios de estas inversiones, según contó su presidenta, Dina Powell McCormick, en una entrevista con el WSJ. Su anécdota dice mucho del equilibrio real de fuerzas: un gobernador recién elegido que hizo de los centros de datos un eje de su campaña le pidió reunirse tras la investidura porque, según su relato, no quieren perder esa inversión ni esos empleos.

El choque con la Casa Blanca parece servido. Los demócratas controlarán las dos cámaras del Congreso, lo que complica el proyecto de la Administración Trump, el gran valedor de la industria, de blindar el despliegue por vía legislativa; la Casa Blanca mantiene margen de actuación por vía ejecutiva y el veto presidencial, señala ING Research en un análisis recogido por El País, hace difícil una ley federal restrictiva. Buena parte de la batalla se trasladará, en cualquier caso, a los estados y a los ayuntamientos.

En bolsa, en las dos sesiones siguientes a las elecciones, Nvidia llegó a caer un 8 % y AMD más de un 14 %, mientras Microsoft y Amazon subían. Para James Sullivan, de JPMorgan, el mercado estaría descontando que la capacidad ya construida vale más si la nueva oferta se restringe.

Racks de servidores y cableado en un centro de datos

Del voto a la capacidad: efecto global y derivada en España

El impacto real, de producirse, no sería inmediato. El banco Nomura señala que la capacidad prevista para 2027 está en su mayor parte ya en construcción y sitúa el posible punto de inflexión en 2028; una estimación de UBS recogida por El País apunta a que alrededor del 30 % de la capacidad adicional prevista en EE.UU. para ese año podría estar en riesgo por interrupciones en la construcción. La firma CBRE cifra en 7.481 MW el récord de capacidad en obras en los ocho principales mercados norteamericanos durante la primera mitad de 2026, un 25 % más que un año antes.

Fuera de Estados Unidos, los efectos llegarían por varias vías. Si la oferta de computación creciera menos de lo previsto, los servicios de IA podrían mantenerse caros durante más tiempo y ganarían ventaja los actores con capacidad ya asegurada: los grandes hiperescaladores y los laboratorios de modelos avanzados. Otro escenario sobre la mesa es que parte de la demanda estadounidense se desplace hacia países aliados capaces de construir a tiempo, lo que mejoraría las expectativas de los proyectos europeos que ya están en marcha. Son, por ahora, escenarios, no efectos medidos.

Lo que sí anticipa Coco Zhang, de ING Research, en ese mismo análisis, es una regulación más estricta y sobre todo estatal: impuestos específicos, menos incentivos fiscales, estándares medioambientales y requisitos para que los promotores asuman los aumentos de costes que generen.

Ahí entra España. Europa ha triplicado la capacidad de centros de datos de IA impulsada por la demanda de las neoclouds, y nuestro país acumula compromisos de inversión de primer nivel, como los 33.700 millones de Amazon, mientras el Gobierno ultima su propio marco de requisitos de sostenibilidad para estas instalaciones.

Red eléctrica al atardecer

Si EE.UU. frena, la capacidad europea y española podría ganar valor estratégico; la contrapartida sería que los costes de la computación siguieran condicionando los presupuestos de tecnología también aquí. Para los responsables de infraestructura, la disponibilidad, el precio y la ubicación de la capacidad de IA han pasado a ser también una cuestión política.

Me encargo de traer innovación y nuevo negocio al grupo TPNET. Además colaboro en varios de nuestros sitios como MC y MCPRO.

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