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Las actualizaciones “acumulativas” de Windows 10: pros y contras

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Actualización de Windows

Cualquier usuario de Windows, cualquiera, ha sufrido en sus carnes la política de actualizaciones de Windows. Y, por sufrir, me refiero a ese momento en el que, tras un par de semanas o más sin utilizar el ordenador, enciendes el sistema y te encuentras con una lista infinita de actualizaciones pendientes. Además, algunas ocasiones tienes que instalar varias, reiniciar el sistema, proseguir con las restantes, reiniciar de nuevo… ¿Te suena? Microsoft se ha propuesto terminar con ese problema creando actualizaciones acumulativas para Windows 10. ¿Qué quiere decir esto? Que si hasta ahora cada parche, mejora, revisión, etcétera, era una actualización independiente, a partir de ahora se descargarán e instalarán todas en un único paquete.

Según informa hoy Computer World, que a su vez se refiere a un documento de soporte publicado por Microsoft, este sistema ya fue “probado” en la última actualización de Windows 10, y es ahora cuando ya se confirma de manera oficial que es el sistema que se empleará a partir de ahora para publicar las actualizaciones del sistema operativo. El propósito de Microsoft está muy claro, y va en la línea que ya anunció en el lanzamiento del sistema operativo: que todos los equipos con Windows 10 estén siempre actualizados.

Así, cada actualización que se publique, incluirá no sólo las novedades, sino también el histórico de las publicadas anteriormente, de manera que cuando llegue el momento de actualizar, carezca de importancia si la última vez que lo hiciste fue hace un mes o seis, la actualización incluirá, siempre, todos los parches y mejoras pendientes relacionados con esa actualización. Todos, tanto los de alta seguridad como los que sólo son recomendables, o incluso los absolutamente prescindibles para determinados usuarios.

En principio esto resulta muy cómodo, aunque sólo sea por no tener que revisar, de manera individual, cada uno de esos ficheros que se descargarán automáticamente y que harán –vete tú a saber qué– en el sistema. Sin embargo, aunque esto en principio es una gran ventaja, también puede suponer un importante problema: ¿y si no quieres actualizar un determinado elemento del sistema? Pongamos un ejemplo muy común: un TPV, esos ordenadores con extra de complementos (cajón, lector de códigos de barras, impresora, etcétera) diseñados a medida, y con un software con unas necesidades muy concretas. Una actualización de algún componente del sistema puede suponer, en muchos casos, que el sistema entero deje de funcionar.

Así, los fabricantes de soluciones de este tipo, tienen la política de probar ellos mismos las actualizaciones, y sólo al comprobar que son seguras para sus dispositivos, indicar a sus usuarios que las pueden llevar a cabo sin problemas. Y, si un determinado parche genera algún problema, basta con no instalarlo, pero sí aplicar el resto de actualizaciones. Ahora, con este sistema, eso ya no es posible.

Esto ocurre con software, con hardware (bueno, con el software del que depende ese hardware) y es más común de lo que puede parecer, por lo que forzar a los usuarios a que apliquen todas las actualizaciones, y no sólo aquellas que deseen, puede tener el efecto contrario, es decir, que muchos sistemas dejen de actualizarse por completo. Y es que, hasta ahora, saltarse una actualización no te impedía aplicar el resto. Pero ahora, si por cualquier razón no deseas emplear una, tendrás que renunciar también al resto.

Imagen: Duncan Hull

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