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Incertidumbre sobre el fin de la escasez de chips mientras suben los problemas en la cadena de suministro

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Incertidumbre sobre el fin de la escasez de chips mientras suben los problemas en la cadena de suministro

Hace solo unos meses, todo apuntaba de que la crisis provocada por la escasez de chips empezaría a aflojar en algún momento de 2022. Pero luego empezaron a escucharse voces que lo aplazaban a 2023, y ahora parece que el panorama es todavía peor, porque no se sabe cuándo terminará. Lo que sí está claro es que los que fechaban en 2022 el fin del problema eran demasiado optimistas. Brandon Kulik, Responsable del área del sector de semiconductores de Deloitte, está convencido de ello, y así se lo ha manifestado a Ars Technica: «la escasez va a seguir por un tiempo indefinido. Puede que eso no quiera decir que vaya a durar 10 años, pero desde luego no estamos hablando de trimestres, sino de años«.

Como suele ocurrir con los problemas complicados, las causas de la escasez de chips son variadas, y además ninguna de ellas tiene una solución sencilla. Por una parte, la gente sigue comprando móviles, tablets y portátiles, y siguen utilizando servicios que tiran mucho de la conexión a Internet, como el streaming de vídeo o la videoconferencia, lo que aumenta el uso de los centros de datos. Su demanda sigue subiendo, y lo hace en todos los mercados.

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Esta subida ha chocado de frente con una variedad de escasez de suministros. Hace no mucho que a los problemas existentes se han unido que los sustratos que se emplean para el desarrollo de placas de circuitos impresos han empezado a escasear. Comparado con los chips avanzados, eso sí, estas placas tienen una fabricación sencilla y de relativo escaso margen. La mayoría de empresas de chips no fabrican los que utilizan, pero sin ellas, los semiconductores no pueden comunicarse con otros chips de un ordenador. Pero las empresas que fabrican las placas no sacan muchos beneficios de ello para poder reinvertirlo en expandir la producción, lo que no permite salir del atolladero al sector.

Un incendio en una planta de gran tamaño de sustratos en julio de 2020, además, sacó del circuito a una importante fuente de suministro. Como resultado, se espera que la capacidad de fabricación de estas placas siga por detrás de la demanda en los próximos años. Y el problema ha ido creciendo hasta tal punto que el CEO de Intel, Pat Gelsinger, ha hecho referencia a él en su videoconferencia de resultados más reciente.

Incluso los fabricantes de chips más ricos del mundo están teniendo problemas por la escasez de chips, y están más lejos de poder cubrir la demanda. Las fábricas nuevas que han anunciado mucho tardarán años en estar construidas y optimizadas, y las empresas se resisten a invertir si creen que los problemas de demanda serán temporales. Mientras la demanda siga siendo alta, no está claro si los problemas seguirán cuando haya terminado la pandemia o no.

Las empresas están más abiertas a invertir en una nueva planta si hay muchas posibilidades de que esté parada el 70% del tiempo. La incertidumbre, por tanto, perjudica a su construcción. Las fábricas requieren inversiones extremadamente fuertes, y si solo funcionan al 60% o 70% de su capacidad, hay muchas probabilidades de que la empresa propietaria de la misma esté perdiendo dinero. Las de última generación pueden costar entre 5.000 y 10.000 millones de dólares, mucho más de lo que costaban hace 10 o 20 años.

A pesar de los costes, muchos fabricantes están añadiendo poco a poco capacidad de fabricación con nuevos edificios en las instalaciones que tienen, según Kulik, y también hay proyectos más grandes en marcha. Tanto Intel como Samsung o TSMC han anunciado la construcción de más fábricas en los últimos meses, aunque tardarán años en estar listas. Esto se debe no solo a la infraestructura, sino a las necesidades de estas plantas de energía y agua.

Además, las fábricas necesitan personal y ahora mismo hay una escasez de talento bastante notable. Tanto universidades como empresas y centros de formación profesional están trabajando para ampliar el número de trabajadores cualificados y de alto nivel de formación, pero sus soluciones también tardarán un tiempo en llegar. A estos problemas se unen también otros que van desde incendios en fábricas hasta retrasos de entrega de pedidos y de envíos.

También han influido el apagón en Texas el pasado febrero por el tiempo extremadamente frío sufrido, que acabó con la mitad de la capacidad de generar energía del estado y redujo la capacidad de fabricación de componentes de la planta de Samsung en Austin. Y como no, los brotes de COVID-19 en algunos países, que todavía siguen produciéndose y hace que en los últimos meses hayan tenido que cerrar algunas fábricas, por ejemplo, en Malasia.

Todo esto ha llevado a un alargamiento de los tiempos de entrega. A finales del año pasado, entregar un pedido típico llevaba unas 13 semanas. Ahora lleva casi 22 semanas. Los compradores tampoco ayudan. Por un lado, porque antes de la pandemia muchos fabricantes habían abrazado el sistema de fabricación lean, con el que las empresas tienen muy poco inventario de componentes. Pero ahora, las empresas están haciendo más pedidos y subiendo su inventario con la esperanza de no quedarse sin los chips que necesitan. En definitiva, estamos ante un problem muy complejo y con muchas aristas de solución complicada, que puede llevar varios años en solucionarse.

Redactora de tecnología con más de 15 años de experiencia, salté del papel a la Red y ya no me muevo de ella. Inquieta y curiosa por naturaleza, siempre estoy al día de lo que pasa en el sector.

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