Opinión
Sostenibilidad y derechos digitales en la nueva era del business travel
“En cuanto aterrice, hablamos”.
Durante años, esta frase ha resumido uno de los mayores retos del viajero internacional: la incertidumbre sobre la conectividad móvil al llegar a un nuevo país. En un mundo donde el trabajo ya no se detiene en el aeropuerto, disponer de conexión inmediata y fiable se ha convertido en una condición básica para la productividad de millones de profesionales.
En Europa, la regulación ha jugado un papel decisivo para resolver parte de este problema. Desde 2017, el principio conocido como “Roam Like At Home” permite a los ciudadanos utilizar llamadas, mensajes y datos móviles en cualquier país de la Unión Europea sin cargos adicionales. Esta medida, recientemente extendida hasta 2032, no solo ha mejorado la experiencia del viajero, sino que también ha aportado previsibilidad y seguridad a empresas con equipos que se desplazan regularmente dentro del mercado europeo.
¿Pero qué pasa cuando se viaja fuera de la Unión Europea? La situación cambia de forma significativa. En estos casos, el acceso a internet depende en gran medida de acuerdos comerciales entre operadores, lo que puede traducirse en costes elevados y poco previsibles para empresas y profesionales. Para muchas organizaciones con actividad internacional, el roaming tradicional sigue siendo una fuente habitual de fricción operativa y presupuestaria.
La aparición de las eSIM
En este contexto, la aparición de las eSIM de viaje representa una evolución relevante respecto al modelo tradicional. Al eliminar la necesidad de tarjetas físicas y permitir la activación digital de planes de datos antes o al llegar al destino, estas soluciones simplifican el acceso a la red móvil y ofrecen mayor control sobre el gasto en conectividad internacional. Frente a los modelos tradicionales de roaming, que pueden generar cargos inesperados, las eSIM de viaje permiten a empresas y profesionales planificar con mayor transparencia.

El impacto de este cambio no se limita únicamente a la eficiencia económica. La conectividad digital se ha convertido también en un elemento clave para impulsar formas de viaje más sostenibles. Cuando los profesionales tienen acceso continuo a datos móviles, pueden utilizar aplicaciones que optimizan rutas, comparar opciones de transporte más eficientes o gestionar reservas y documentación de forma digital. Esto reduce la necesidad de imprimir billetes, mapas o itinerarios, disminuyendo el consumo de papel y facilitando decisiones de viaje más responsables desde el punto de vista ambiental.
Además, el propio modelo tecnológico de las eSIM introduce mejoras desde la perspectiva de la sostenibilidad. Se calcula que el impacto asociado a la fabricación, transporte, distribución y eliminación de las tarjetas tradicionales se reduce en un 40% con las eSIM por lo que su sustitución podría evitar decenas de miles de toneladas de CO? anuales.
En un contexto de crecimiento constante del consumo de datos móviles, las telecomunicaciones tienen un papel vital tanto en la reducción de emisiones como en la ampliación de oportunidades económicas y sociales.
En el ámbito de la movilidad internacional, estos principios adquieren una relevancia particular. Los profesionales que se desplazan por motivos laborales dependen cada vez más de herramientas digitales para trabajar, comunicarse y gestionar su actividad diaria. El acceso a internet no es un servicio complementario del viaje, sino una infraestructura esencial que sostiene la actividad económica global.
Por ello, la UE ha desarrollado un marco más amplio de derechos digitales que se aplica también al contexto de la movilidad y las telecomunicaciones. La Declaración Europea sobre Derechos y Principios Digitales sitúa la sostenibilidad de la transformación digital como uno de los principios clave, junto con la protección de la privacidad, la inclusión y la seguridad. Esto implica que los viajeros —y ciudadanos en general— tienen derechos no solo a conectarse y acceder a servicios digitales de calidad, sino también a que estos servicios se proporcionen de manera ética, respetando estándares de protección de datos y promoviendo prácticas que no supongan detrimento ambiental ni social.
Este enfoque integral (que combina regulación del roaming, sostenibilidad digital y derechos del viajero) responde a una demanda creciente de experiencias de viaje más responsables, eficientes y justas. Los viajeros de hoy no solo buscan acceder a internet, sino que también transparencia en el uso de sus datos, especialmente si se trata de información corporativa, acceso equitativo a servicios digitales y herramientas que les permitan viajar de forma más sostenible. La buena noticia es que los marcos regulatorios y las iniciativas públicas apoyan este cambio, impulsando una transformación donde la conectividad y la sostenibilidad vayan de la mano.
En definitiva, el roaming regulado no es solo una ventaja económica para el viajero, sino que también se enmarca en un ecosistema digital más amplio que fomenta la sostenibilidad y los derechos digitales. En este sentido, las políticas europeas buscan garantizar que la conectividad no sea un lujo, sino un derecho accesible que apoye tanto la movilidad sostenible como la protección de los usuarios en un mundo cada vez más interconectado.
Por Alex Bryszkowski, vicepresidente de B2B de Holafly
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