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Internet Archive inaugura un museo de virus con 79 patógenos

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Virus Brain

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Puede sonar raro, especialmente para los más jóvenes, pero hubo un tiempo en el que los virus informáticos no eran ni tan temibles ni tan malintencionados como hoy en día. Hablo de tiempos en los que su principal (en muchos caso única) vía de difusión eran los discos de 5,1/4 pulgadas o, para los más avanzados, los (parecían enormes) repositorios de software que podías encontrar en alguna BBS. Eran patógenos destinados, principalmente, a difundirse para dar notoriedad a sus creadores.

Es cierto, claro, que sí que los había con aviesas intenciones, pero en mi experiencia personal debo reconocer que todos los que me encontré por el camino eran más inocentes que Michael Landon en Autopista hacia el Cielo. Hoy en día todo ha cambiado. El malware se ha convertido en una industria muy rentable para quienes la explotan, y muchísimos cerebros privilegiados dedican todos sus esfuerzos a descubrir nuevos sistemas para lucrarse a través de virus, troyanos, etcétera.

Para recordar aquellos tiempos en los que los virus eran otra cosa, The Internet Archive estrena un museo de virus. En el mismo, podrás encontrar 79 patógenos (de momento, esperemos que la colección crezca) que vieron la luz en algún momento entre los ochenta y principios-mitades de los 90. El malware, por lo tanto, es para MS-DOS y, para poder verlo en acción, la web cuenta con un emulador online de dicho sistema operativo. Emulador que sólo tendrás que cargar para poder ver la salida de pantalla que ofrecían dichos virus. Y que en la mayoría de los casos era su único objetivo. No obstante, y para evitar cualquier tipo de riesgo, debes saber que lo que ofrece el museo es una versión editada de los virus, en la que se han eliminado todas sus funciones salvo la salida de pantalla.

¿Y por qué conservar la salida de pantalla? Como comentaba al principio, porque el objetivo de la mayoría de creadores de patógenos de aquella época era lograr notoriedad. Así, los códigos que programaban dividían sus acciones en dos fases. La primera consistía, claro, en difundirse a sí mismos tanto como fuera posible, y sin llamar la atención de sus potenciales víctimas. Y la segunda fase, una vez lograda (al menos en teoría) la difusión esperada, llevaba el momento de hacerse ver. Y aquí las variantes eran mil, desde un mensaje que indicaba que tu ordenador había sido tomado por el monstruo de las galletas y que quería una galleta (sólo tenías que escribir “galleta” en inglés y recuperabas el control del ordenador) hasta otro que replicaba (con caracteres ASCII, que tiene su mérito) una hoja de marihuana y pedía su legalización.

Eran, ya lo decía antes, otros tiempos, tiempos que cuesta muy poco recordar con bastante nostalgia. Es cierto que la popularización de la informática y de Internet ha facilitado y mejorado la vida de muchísimas personas, y eso es estupendo. Pero también ha provocado la profesionalización del malware, creando amenazas muy serías y dañinas donde antes sólo había un montón de gente con ganas de aprender (o mejorar) a programar. Todo era más inocente. No digo mejor, pero sí más inocente. Si sabes de lo que te hablo, e incluso si has sentido un pequeño pellizco de nostalgia, no dejes de visitar el museo de virus. Y si todo lo que estoy contando te suena a chino o, peor, a batallita del abuelo cebolleta (aunque tampoco soy tan mayor, ojo), también te recomiendo que le des un ojo a los patógenos de la nueva colección de The Internet Archive. Seguro que te sorprenden, aunque sólo sea por su inocencia.

Imagen: Christiaan Colen

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