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Lo que Intel le debe a Andy Grove, reciéntemente fallecido

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Andy Grove

Andy Grove

Técnicamente Andy Grove no fue fundador de Intel, pese a que mucha gente lo tenga por tal. En realidad la empresa fue fundada por Gordon Moore y Robert Noyce, y Grove fue el primer empleado contratado por la misma (pese a que por un error administrativo ). Sin embargo, Intel jamás habría llegado a ser lo que es hoy en día sin su excepcional capacidad de ver qué pasos debía dar la compañía para sobrevivir a las tan cambiantes condiciones del mercado en el que se movía. No en vano ya acreditaba la condición de superviviente a unas dificilísimas condiciones de vida con tan sólo 20 años.

Nacido en Budapest en 1936, en el seno de una familia judía de clase media, con cuatro años contrajo la escarlatina, enfermedad que puso su vida en riesgo serio y que le dejó, como secuela, una pérdida parcial de la audición que le acompañó durante toda su vida. Pocos años después, al descubrirse las negociaciones secretas de Hungría con Estados Unidos y Reino Unido, Hitler ordenó la ocupación del país, lo que provocó la deportación de aproximadamente medio millón de judíos a campos de trabajo, castigo del que Andy Grove y su madre lograron zafarse (no así su padre, si bien sobrevivió a dicha vivencia y pudo volver con su familia al final de la guerra). Pocos años después, en 1956, el pueblo húngaro se alzó en una revolución en contra del régimen comunista que volvió a teñir de sangre el país. Fue el momento elegido por Grove, con apenas 20 años, para abandonar el país (por la frontera con Austria) y, durante un año, buscarse la vida para poder viajar a Estados Unidos, a donde llegó en 1957 como un inmigrante sin apenas recursos.

Durante sus primeros años en Estados Unidos Andy Grove compatibilizó trabajos de baja cualificación (ayudante de camarero y similares) con sus estudios de química en Nueva York, formación que finalizó en la Universidad de Berkeley en 1963 al obtener un doctorado. Esto, claro, le abrió nuevas puertas laborales, y la primera que tomó le llevó a Fairchild Semiconductor, empresa en la que en sólo cuatro años llegó hasta puestos de dirección dentro del área de desarrollo, tiempo en el que vivió en primera persona los primeros tiempos del desarrollo de los circuitos integrados. Pero entonces llegó 1968, año en que Moore y Noyce (que también trabajaban en Fairchild) abandonaron la empresa y crearon Intel, contando con Grove como director de ingeniería.

En sus primeros tiempos, la producción de Intel se centraba en los chips de memoria RAM, pero tras algunos años la amenaza asiática (producción similar a costes muy inferiores) empezó a suponer una muy seria amenaza para la compañía, momento en el que Grove (presidente desde 1979) tomó una de las decisiones más osadas que se recuerdan en la historia del sector tecnológico: abandonar ese mercado (en el que todavía contaba con una posición predominante) y centrarse en la producción de microprocesadores. Y a estas alturas de la historia ya no es necesario decir qué importancia tuvo ese cambio para el desarrollo de Intel. Basta con decir que, gracias a la visión de Grove, que pasó a ser CEO en 1987 y CEO y presidente del consejo de administración en 1997), pasó de facturar algo más de 2.600 dólares en año de su fundación a cerca de 21.000 millones de dólares en 1997, su último año al frente de Intel como CEO (abandonó voluntariamente el cargo en 1998).

Desde entonces y hasta ahora, no obstante, Andy Grove ha seguido muy ligado a Intel. Siguió siendo presidente del consejo de dirección hasta 2004, y ha continuado desempeñando el rol de asesor senior, para el cuál nunca dejó de hacerse una pregunta que le acompañó a lo largo de toda su vida profesional: ¿qué pasará dentro de cinco años? Sin duda hoy nos ha dejado uno de los principales responsables de que la tecnología haya evolucionado tanto como lo ha hecho las últimas décadas. No en vano es conocido como The guy who drove the growth phase, algo así como “el chico que dirigió la fase de crecimiento [de Silicon Valley y el sector tecnológico]”.

Las causas de su muerte son, de momento, desconocidas, si bien ya se le diagnosticó un cáncer de próstata a mitades de los noventa, así como el mal de Parkinson el año 2000. Sea como fuere, en realidad lo más interesante no es saber por qué ha muerto, sino recordar todo lo que hizo en vida. Y, a ese respecto, cada vez que empleamos cualquier de los dispositivos electrónicos que nos acompañan en nuestro día a día, sin duda lo estaremos haciendo. Muchas gracias, Andy, y que descanses en paz.

Imagen: Intel

 

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