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Un estudio prueba la caída de empleo y salarios por los robots industriales

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En plena vorágine de la robótica como tendencia arrolladora en la industria, hay muchos profesionales preocupados por que los robots se adueñen de su trabajo. No obstante, empresas de todos los sectores están introduciendo, en menor o mayor medida, la robótica en sus procesos de fabricación con unos efectos no demasiado esperanzadores para los trabajadores de las compañías que utilizan robots.

Así se desprende de un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos, realizado por los investigadores Daron Acemoglu, del Departamento de Economía del MIT, y Pascal Restrepo, del Departamento de Económicas de la Universidad de Boston. Titulado “Robots y Empleo: Evidencias de los Mercados de Trabajo de Estados Unidos”, en él se llega a la conclusión de que la llegada de los robots a determinados puestos que antes eran ocupados por humanos están teniendo un impacto muy negativo en la calidad de los puestos de trabajo que le rodean, así como en el salario.

Ambos investigadores han analizado el efecto del aumento del uso de robots industriales entre 1990 y 2007 en varios mercados de trabajo estadounidense. Para ello han utilizado un modelo en el que los robots compiten contra la fuerza de trabajo humana para llevar a cabo distintas tareas y obviamente, han ganado. Una mala noticia para los más optimistas.

Para que nos hagamos una idea, y según publican en The Verge, los investigadores creen que cada nuevo robot que aparece en el mercado es el causante directo de la pérdida de entre tres y 5,6 puestos de trabajo en la zona de influencia de la planta o empresa en cuestión. Es decir, si añadimos un robot cada mil trabajadores humanos, los salarios de estos se reducen entre un 0,25 y un 0,50%

¿Qué es un robot?

La definición de robot es bastante amplia, por lo que Acemoglu y Restrepo se han referido en su estudio exclusivamente a los robots industriales, esto es, los que operan sin intervención humana y, según la Organización Internacional de Estandarización (ISO), se controlan automáticamente y son reprogramables y multipropósito.

Los autores del mismo predicen, por tanto, que el efecto de la implantación de los robots será fuerte y negativo tanto en empleo como en los salarios en diversas zonas. Además, el hecho de que en las comarcas en las que no tenían presencia antes de 1990 no hubiese tendencias diferenciales, ni en salarios ni en empleos, antes de su llegada, refuerzan esta hipótesis.

Acemoglu y Restrepo también comentan que el impacto de los robots en el mercado de trabajo estadounidense es distinto al que tienen las importaciones de China y México, el descenso de los trabajos rutinarios, la deslocalización, otros tipos de capital tecnológico y el stock total de capital. De hecho, la exposición a los robots tiene sólo una correlación muy débil con todas estas variables.

Hay que tener también en cuenta que las pérdidas de empleos y salarios no se distribuyen de forma homogénea entre la población, ya que aunque la introducción de los robots industriales parecen tener efectos negativos sobre todas las ocupaciones, hay unos trabajos que están más expuestos y en peligro que otros. Según los autores del estudio “como es previsible, los sectores que han experimentado caídas notables son los relacionados con las ocupaciones manuales rutinarias, los obreros y los trabajadores de cadenas de montaje, al igual que los maquinistas y los trabajadores del transporte“. Los únicos puestos que no han resultado afectados por la llegada de los robots son los relacionados con la dirección de empresas.

Tal como apuntan los autores, los resultados de su estudio ponen de manifiesto el elevado impacto de los robots en el mercado laboral estadounidense, ya que en la actualidad hay relativamente pocos robots industriales en el país y la pérdida de empleos relacionados con ellos ha sido, hasta ahora, limitada. Según sus estimaciones, se han perdido entre 360.000 y 670.000 empleos desde 1990 como resultado de su introducción en el mundo de la empresa. Pero si el uso de este tipo de máquinas se extiende, tal como muchos expertos afirman que sucederá de aquí a dos décadas, y ambos investigadores plantean (apuntan a que su numero suba para 2025 hasta estar entre 4 y 6 millones), el impacto que tendrán en el mercado de trabajo será bastante preocupante.

Foto: Peter Potrowl

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