A Fondo
El fuego pone a prueba las promesas tecnológicas y la Inteligencia Artificial
El drama de los incendios en España nos invita a reflexionar sobre el papel que la tecnología en general y la Inteligencia Artificial en particular debería desempeñar en la prevención y la extinción. En lo que respecta a la IA no podemos permitir que uno de los avances tecnológicos más significativos de este siglo pueda quedarse al margen de un problema que tantos daños materiales, personales y ecológicos está provocando, especialmente en España y en el viejo continente. Hemos recogido algunos de los avances que prometen y otros que cumplen ya su cometido en la actual emergencia.
En las activaciones recientes del Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus en España, la información diaria sobre focos de calor detectados desde el espacio ha servido para identificar áreas prioritarias y orientar la adquisición de imágenes de mayor resolución. La cadena reúne varias capas tecnológicas: observación satelital, procesamiento de datos, cartografía rápida y entrega de información a los equipos que gestionan la emergencia. Es uno de los ejemplos más claros de una tecnología que ya presta apoyo operativo, según explica la Agencia Espacial Europea.
Los incendios que están afectando a España durante julio de 2026 han situado en primer plano un catálogo mucho más amplio: cámaras que buscan columnas de humo mediante visión artificial, redes de sensores ambientales, drones térmicos, modelos de propagación, satélites privados y sistemas de comunicaciones preparados para funcionar cuando las infraestructuras terrestres quedan dañadas.

Bajo la misma etiqueta conviven herramientas operativas, despliegues regionales, pilotos empresariales, prototipos de laboratorio y trabajos científicos. Una cámara integrada en el dispositivo de una comunidad autónoma no tiene el mismo grado de madurez que un dron pesado probado con fuego real en condiciones controladas. La cuestión relevante no es si existe tecnología aplicada a la lucha contra los incendios. La hay en prácticamente todas las fases de la emergencia. La pregunta es qué sistemas se están desarrollando y cuáles están funcionando y cómo lo hacen. Es decir, si la tecnología también se ha remangado para ponerse manos a la obra contra el fuego.
Se trata de un ecosistema que está evolucionando con rapidez y que empieza a cubrir, con herramientas cada vez más especializadas, todas las fases de la emergencia: desde la evaluación previa del riesgo hasta la detección, el seguimiento, la coordinación y la extinción. Muchas soluciones todavía deben demostrar su eficacia a gran escala, pero la combinación de sensores, satélites, inteligencia artificial, comunicaciones y medios autónomos ofrece una capacidad de anticipación que hace pocos años no existía. Su valor no reside en prometer que los incendios desaparecerán, sino en ganar tiempo, mejorar las decisiones y lo que quizás es más importante: reforzar la protección de los equipos y de la población.
La prevención empieza antes de la primera llama
Una de las herramientas plenamente disponibles durante la campaña de 2026 es el nuevo Índice de Peligro de Incendios Forestales de AEMET. El IPIF combina temperatura, humedad, viento y precipitaciones con información sobre el estado de la vegetación obtenida mediante satélites, humedad del suelo, usos del terreno y tipos de superficie. También mejora la resolución espacial del sistema anterior, que pasa de cinco kilómetros a uno, y amplía de cinco a seis las categorías de peligro, según la Agencia Estatal de Meteorología.

El IPIF ayuda a identificar con mayor detalle las zonas expuestas a peligro muy alto o extremo y permite orientar medidas preventivas y despliegues de vigilancia. AEMET no lo presenta como una herramienta de inteligencia artificial. Es importante mantener esa precisión: integrar numerosas fuentes de datos y ejecutar modelos numéricos complejos no convierte automáticamente un sistema en IA.
Galicia ha optado por integrar varias tecnologías dentro de su dispositivo autonómico. El Pladiga 2026 prevé que la red de videovigilancia alcance 241 cámaras distribuidas en 111 localizaciones, frente a las 177 cámaras existentes previamente en 88 emplazamientos. El plan incorpora también inteligencia artificial al sistema interno de gestión para detectar automáticamente humo y posibles focos iniciales en las imágenes.
La automatización puede reducir la carga de trabajo que supone vigilar simultáneamente decenas de puntos y llamar la atención del operador sobre una imagen sospechosa. La documentación pública consultada, sin embargo, no ofrece datos sobre la sensibilidad del sistema, el número de alertas confirmadas, el porcentaje de falsos positivos o el tiempo ganado frente a la vigilancia humana. Sabemos cuál es la infraestructura prevista, pero no hasta qué punto la IA mejora su rendimiento.
La Xunta ha añadido además ALume, una aplicación oficial que permite comunicar posibles incendios mediante tres pulsaciones y enviar la posición exacta, imágenes, grabaciones de sonido y observaciones. La aplicación funciona como complemento del teléfono 085 y facilita que los servicios de emergencia reciban información geolocalizada desde el primer aviso. La presentación oficial de ALume confirma también la conexión del proyecto con la plataforma de gestión y con la detección automática de humo a través de la red de cámaras.
ALume no sustituye a los sistemas de vigilancia. Convierte el teléfono del ciudadano en otro punto de entrada de información y permite estructurar mejor un aviso que antes llegaba únicamente mediante una llamada. Su utilidad dependerá de la rapidez con la que se comprueben las alertas y de la capacidad de los centros de coordinación para combinar estos datos con cámaras, patrullas y medios aéreos.
Google, sensores en el monte y alertas en el teléfono
Alcoy ha trasladado la captura de datos al propio terreno con un proyecto desarrollado junto a LORIOT y SETRA en el parque natural del Carrascal de la Font Roja. La infraestructura utiliza la red LoRaWAN municipal para transportar hasta la plataforma de LORIOT variables como temperatura, humedad, viento y precipitaciones. El sistema calcula a partir de esos datos un indicador relacionado con la inflamabilidad del material vegetal seco, de acuerdo con la información publicada por el Ayuntamiento de Alcoy.
Los sensores están instalados en un entorno real y generan información hiperlocal para los gestores forestales. Los visitantes también pueden consultar parte de los datos mediante un panel y un código QR. Su grado de madurez debe interpretarse con cuidado: el proyecto forma parte del Sandbox Urbano de Alcoy y tendrá un periodo de experimentación máximo de un año y medio. Durante ese tiempo se construirá además una serie histórica con la que el proveedor espera refinar futuros modelos predictivos mediante inteligencia artificial.
Google Maps ocupa otro lugar en la cadena. Sus alertas de crisis pueden mostrar incendios activos, información de seguridad y afectaciones sobre una ruta cuando el usuario consulta una zona determinada. La documentación oficial de Google explica que la plataforma recurre a fuentes autorizadas para presentar estas alertas. Es una herramienta de información pública y movilidad, no un sistema primario de detección ni una plataforma desde la que se dirigen las labores de extinción pero puede ser muy útil para el usuario civil acostumbrado a su uso para sus desplazamientos. En el mapa que visualizamos podemos incluso escoger una capa que nos indica los incendios en curso.
El despliegue masivo de sensores forestales se enfrenta, no obstante, a un reto técnico invisible pero crítico: la transmisión de datos en zonas remotas. Para que las redes IoT puedan enviar alertas en tiempo real sin depender de la cobertura móvil tradicional, la infraestructura requiere plataformas de conectividad gestionada. Proveedores B2B especializados en la conectividad IoT para monitorización medioambiental, como Wireless Logic, solucionan este vacío proporcionando tarjetas eSIM multioperador y conectividad de bajo consumo (LPWAN). Este tipo de arquitectura de red garantiza que los sensores desplegados en el monte mantengan un flujo de datos seguro y constante hacia los modelos de inteligencia artificial en la nube, incluso en condiciones orográficas complejas o cuando falla un operador local.
Copernicus observa el incendio y la IA intenta anticiparlo
Como ya apuntamos al principio, el European Forest Fire Information System, integrado en Copernicus, proporciona información sobre peligro de incendio, focos activos, superficie quemada, severidad, emisiones y evolución de la temporada. Copernicus no es un único satélite, sino un programa europeo que combina distintas misiones, sensores, bases de datos y servicios. El portal de EFFIS permite consultar buena parte de estos productos. Uno de los más utilizados en esta emergencia ha sido el visor de la situación actual de los incendios que permite consultar mucha información sobre el mapa del satélite y en particular los incendios activos detectados por Sentinel y Modis.
La observación desde el espacio cubre una extensión que sería imposible vigilar solo con cámaras terrestres, pero también tiene límites. La frecuencia de paso de los satélites, la resolución de las imágenes, la presencia de nubes, el humo y el tiempo necesario para procesar y entregar la información condicionan su utilidad durante un incendio que puede cambiar de comportamiento en cuestión de minutos.

El proyecto FIRE-AID intenta dar el siguiente paso: pasar de representar dónde se encuentra el fuego a estimar cómo puede evolucionar. Su primer prototipo de predicción mediante inteligencia artificial se ha integrado en la plataforma Wildfire Solution de OroraTech y utiliza perímetros detectados por satélite para generar escenarios de propagación de hasta doce horas. Un sistema realmente prometedor.
El modelo combina observaciones de la Tierra con información sobre terreno, vegetación, usos del suelo y condiciones meteorológicas. La ESA describe FIRE-AID como una primera capacidad integrada en una plataforma operativa, pero sus siguientes etapas incluyen el despliegue en producción, la ampliación del conjunto de entrenamiento, la recogida de opiniones de usuarios y una evaluación detallada de calidad. La integración del prototipo es real, su rendimiento operativo todavía debe demostrarse sobre el terreno.
Las comunicaciones también forman parte de la extinción
Los incendios de julio han afectado a estaciones base, tendidos de fibra y redes eléctricas, obligando a Vodafone, MasOrange y Telefónica a desplegar equipos técnicos, unidades móviles, radioenlaces, estaciones portátiles y soluciones de respaldo. Mantener la conectividad resulta esencial tanto para los centros de coordinación como para las poblaciones evacuadas y los equipos que trabajan sobre el terreno. MasOrange y el Ayuntamiento de Madrid disponen para estas emergencias una burbuja táctica 5G que garantiza las comunicaciones en estas circunstancias.

Otra novedad ha sido la activación en una emergencia real de conectividad directa entre satélites de Starlink y determinados teléfonos LTE convencionales. El servicio se habilitó para clientes de Movistar y MasOrange en zonas sin cobertura terrestre y permitió el intercambio de SMS y un acceso limitado a datos sin modificar el hardware de los terminales, según la información publicada por El País.
Pero la conectividad no debe garantizarse solamente para los humanos. Para que los modelos predictivos o las redes de cámaras térmicas operen con éxito en el corazón de un bosque, el hardware necesita soporte y conectividad. El despliegue de soluciones tecnológicas exige una red subyacente robusta capaz de procesar información sin latencia. La consolidación del ecosistema del Internet de las Cosas (IoT) ha propiciado integraciones muy destacadas en el sector corporativo, como el trabajo conjunto en el que AlphaNet Solutions y Securitas desarrollan un sistema de detección temprana de incendios con IA e IoT.
A esta sensorización se suma la irrupción de las redes de nueva generación en entornos complejos. El volumen de datos que generan las cámaras de vigilancia y los sensores no siempre puede viajar a la nube central sin sufrir retrasos críticos. Para solucionarlo, operadoras de telecomunicaciones como Orange están implementando tecnología Edge Computing y 5G para la prevención de incendios, acercando la capacidad de cálculo informático al propio borde de la red. Esta arquitectura garantiza que un algoritmo de reconocimiento de humo pueda lanzar una alerta al centro de mando en escasos milisegundos.
Satélites privados y métricas corporativas
Allianz ha puesto en marcha durante el verano de 2026 una iniciativa con Satellites on Fire para monitorizar más de 50 millones de hectáreas en España. La solución combina datos de constelaciones geoestacionarias y polares, algoritmos de detección y modelos predictivos. La aseguradora pretende utilizar las alertas para informar a clientes cuyos bienes se encuentren próximos a focos con capacidad de propagación y compartir información con las administraciones.
Según el comunicado de Allianz, el sistema puede reducir en unos 35 minutos los tiempos de detección frente a servicios de referencia, identificar hasta un 30% más de incendios y disminuir un 40% los falsos negativos durante las fases iniciales. Son cifras relevantes, pero proceden del propio proyecto. La compañía no publica la metodología de comparación, el número de incendios analizados ni una evaluación externa. La propia Allianz define el verano de 2026 como una fase inicial de implementación y validación.

Open Cosmos trabaja en reducir uno de los principales límites de la observación terrestre: el intervalo entre la captura de una imagen y la entrega de información procesada. La compañía lanzó el 7 de julio los dos primeros satélites de OpenConstellation 1.0, Posidònia y Hyperion GR-1, equipados con imagen multiespectral e hiperespectral, procesamiento de IA a bordo, cargas IoT y enlaces entre satélites.
Open Cosmos asegura que la arquitectura podrá entregar información en plazos de hasta 30 minutos. También afirma que la constelación completa podrá capturar hasta tres millones de kilómetros cuadrados diarios con varias revisitas. Ambas son capacidades anunciadas por la empresa y sujetas a que se complete el despliegue previsto. La vigilancia de incendios figura entre las aplicaciones posibles de estas infraestructuras. Sin embargo no parecen estar participando activamente en emergencias actuales.
De los drones térmicos al prototipo de 600 kg
Una de las reflexiones a la hora de repasar la tecnología contra el fuego es la de los drones. ¿Por qué no enviar a estos dispositivos preparados para acceder a los lugares más recónditos para tareas de detección y extinción? Sobre todo estas últimas, para que los efectivos humanos puedan evitar las situaciones más peligrosas. Los drones ligeros equipados con cámaras ópticas y térmicas ya se utilizan para inspeccionar áreas inaccesibles, localizar puntos calientes y comprobar posibles reproducciones. Su principal valor se encuentra en la observación y el seguimiento. También introducen restricciones: deben coordinarse con helicópteros y aviones, dependen de las condiciones meteorológicas y necesitan enlaces de comunicaciones fiables.
La Operación Centinela de Galicia incorporará drones con cámaras ópticas y térmicas dentro de un dispositivo formado por 35 patrullas terrestres y alrededor de un centenar de militares. El despliegue comenzará el 10 de agosto y se mantendrá hasta el 25 de septiembre. Por tanto, no estuvo activo durante la mayor parte de la emergencia de julio, como confirma la información sobre la Operación Centinela de 2026.

El proyecto EXTINCIA de Tecnalia persigue una capacidad diferente y a la que ya hemos apuntado: utilizar una aeronave no tripulada para descargar grandes cantidades de agente extintor. Tecnalia fija la capacidad máxima en 600 kg, tanto en descargas verticales como horizontales. El centro tecnológico ha diseñado la aeronave, desarrollado su control de vuelo e integrado sistemas de asistencia mediante LIDAR, un cañón de extinción y técnicas para compensar perturbaciones. También ha realizado vuelos de validación con fuego real en sus instalaciones. Un paso adelante que puede proteger del peligro en las situaciones más comprometidas a los equipos de extinción y complementar la tarea de los aviones que no pueden lanzar sus cargas de agua o agentes extintores con la suficiente precisión en algunas situaciones.
Proyectos que todavía están arrancando
Pero ¿se está utilizando la Inteligencia Artificial para predecir de verdad los incendios? ¿Podemos poner en marcha un sistema de predicción totalmente autónomo? Es lo que promete Predifire, que combina sensores, inteligencia artificial y drones térmicos para localizar conatos en áreas que quedan fuera del alcance de los mecanismos tradicionales de vigilancia. Los sensores buscan anomalías, contrastan las señales entre varios nodos y activan un dron para verificar la alarma de forma automática. El proyecto, impulsado por la Universidad de Córdoba y empresas andaluzas, ha realizado pruebas con fuego real, aunque sus responsables continúan ampliando los ensayos antes de una implantación estable.

Por su parte SenForFire se centra en los parámetros que desencadenan el fuego. Este sistema desarrolla redes inalámbricas de sensores de bajo coste para detectar temperatura, humedad, gases y compuestos volátiles asociados a las primeras fases de un incendio. Sus equipos han realizado quemas experimentales y controladas para estudiar la sensibilidad de los sensores, su posición respecto al viento y la respuesta de dispositivos profesionales y de bajo coste. Los trabajos descritos por INIA-CSIC forman parte de un proceso de validación que continuará hasta finales de 2026.
En el ámbito académico, el proyecto Wildfire Assessment Model utiliza una red neuronal convolucional para procesar información atmosférica e índices de vegetación. El modelo intenta estimar los recursos humanos, pesados y aéreos necesarios, los tiempos de control y extinción y la superficie que podría resultar quemada. El trabajo Spain on Fire fue preentrenado con más de 100.000 ejemplos sin etiquetar y ajustado posteriormente con 311 incendios. Es interesante porque el proyecto busca afrontar la extinción como el enorme reto logístico y de coordinación que es. Sus resultados son prometedores, pero el tamaño del conjunto final y su carácter experimental hacen que aún no puedan suponer una verdadera herramienta.
Finalmente nos fijaremos en IberFire, que no es un modelo ni un sistema de alerta sino un conjunto de datos espaciotemporales con una resolución de un kilómetro y un día que cubre la España peninsular y Baleares entre diciembre de 2007 y diciembre de 2024. Se trata de un estudio que reúne más de un centenar de variables relacionadas con el historial de incendios, la meteorología, la vegetación, la topografía, la actividad humana y los usos del suelo. La documentación de IberFire plantea su utilización para entrenar y evaluar futuros modelos de aprendizaje automático. Una pieza interesante para una futura herramienta de IA contra el fuego.
La IA climática y la anticipación de los megaincendios
La severidad de los actuales incendios forestales no puede desvincularse de un factor estructural determinante: el cambio climático. Las olas de calor prolongadas y el estrés hídrico extremo han modificado el comportamiento del fuego, generando fenómenos que superan la capacidad de respuesta de los enfoques tradicionales. Lejos de ser un debate político, para la industria tecnológica esta nueva realidad climática se ha convertido en un enorme desafío de datos. Predecir las condiciones atmosféricas críticas con semanas de antelación y entender su impacto en el terreno es ahora la primera línea de defensa.

En este escenario macroscópico, el análisis avanzado ofrece soluciones operativas tangibles. Durante los últimos años, la investigación y la analítica han demostrado que, al estudiar la climatología con algoritmos específicos, podemos ayudar a situar mejor los medios de extinción mucho antes de que se produzca una ignición. Esta anticipación algorítmica se está perfeccionando en consorcios científicos y empresariales, como demuestra el trabajo de los investigadores de la UPV, que han desarrollado una plataforma de IA para prevenir y gestionar incidencias climáticas a escala regional, dotando a la administración de un panel de control hiperpreciso frente a los escenarios de máximo riesgo.
Proyectos a largo plazo: de Europa a California
Si observamos el panorama internacional, encontramos proyectos a gran escala que marcan el estándar de hasta dónde llega la madurez de estos sistemas de inteligencia artificial. Un caso de éxito incuestionable se encuentra en Estados Unidos, donde California utiliza la IA para detectar incendios forestales a través del programa ALERTCalifornia en estrecha colaboración con el departamento estatal CAL FIRE. Este sistema procesa en tiempo real los flujos de vídeo de más de mil cámaras, habiendo logrado identificar decenas de focos incipientes en sus primeros minutos, mucho antes de que se registraran llamadas en el servicio de emergencias 911.
En paralelo el Open Source también se ha puesto manos a la obra con el impulso de plataformas como Pyregence, un consorcio centrado en desarrollar modelos de código abierto para pronosticar el comportamiento extremo del fuego y evaluar el riesgo en infraestructuras críticas como la red eléctrica. Por su parte, la respuesta europea a largo plazo mira hacia la supercomputación y la simulación integral con la iniciativa Destination Earth (DestinE). Este proyecto está construyendo un enorme «gemelo digital» de la Tierra que permitirá simular escenarios climáticos hiperrealistas, ofreciendo a los gobiernos una herramienta sin precedentes para planificar la adaptación medioambiental en las próximas décadas.

Conclusión: hasta dónde llega realmente la tecnología
Como de costumbre la tecnología no es magia, por muy avanzada que sea hay factores (por ejemplo los ambientales o el comportamiento humano) que se escaparán a nuestro control y provocarán catástrofes como los incendios que está sufriendo España sin que se pueda evitarlo. Lo que sí podemos hacer es poner a la tecnología a trabajar codo con codo tanto en la previsión y la prevención como con la extinción para conseguir que estas catástrofes (naturales o no tan naturales) tengan una respuesta más eficaz y con un menor coste social y económico, pero sobre todo humano. La todopoderosa Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas, el Edge Computing y la observación satelital no son herramientas mágicas que vayan a extinguir las llamas de forma autónoma sin el componente humano, pero representan el mayor salto cualitativo en la gestión integral de emergencias del último siglo. Lo que hay que hacer es utilizarlas y cuanto antes mejor.
No hay fórmulas mágicas y la implementación de estas tecnologías tienen su proceso pero hay que invertir cuanto antes en los frentes más prometedores, de eso no hay duda. La tecnología llega de forma precisa allí donde nuestra capacidad de reacción es más vulnerable, nos proporciona el recurso táctico más valioso, que es el tiempo. La IA llega a la capacidad de detectar un foco térmico de madrugada, en un área remota, en cuestión de minutos llevando a un dron con sensores de todo tipo para confirmar el foco (y en su caso quién sabe si para retratar al responsable). Llega a la creación de cartografía rápida desde la órbita terrestre para diseñar vías de evacuación seguras y blindar zonas pobladas con cálculos sobre cambio de viento y teniendo en cuenta la orografía. Llega al cálculo probabilístico capaz de preposicionar brigadas y medios aéreos exactamente en el punto geográfico con mayor estrés hídrico días antes de que empiece a arder. Integrar plenamente estas capas digitales en los protocolos operativos no es una simple modernización del sistema, es la construcción de un escudo tecnológico que multiplicará exponencialmente la eficacia de los equipos de respuesta y transformará nuestra manera de convivir y proteger el entorno natural.
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