A Fondo
Las Gigafábricas de IA europeas ya están en marcha
Las Gigafábricas de IA europeas ya están en marcha una vez que la Comisión Europea acaba de abrir la licitación para construir hasta siete de ellas. Estas instalaciones están concebidas como enormes centros informáticos destinados a proporcionar al viejo continente la potencia necesaria para entrenar modelos de IA de vanguardia sin depender de Estados Unidos.
La convocatoria de licitación se presenta como una iniciativa de aproximadamente 30.000 millones de euros y tiene el objetivo claro de reducir la brecha con la inteligencia artificial estadounidense y china, y despegar en soberanía digital. La estructura es una combinación de financiación público-privada. Bruselas y los estados miembros aportarían conjuntamente unos 10.000 millones de euros, y se espera que los 20.000 millones restantes provengan de inversores privados, apostando a que el dinero estatal puede movilizar el capital que estos proyectos necesitan.
Gigafábricas de IA europeas
La escala es deliberadamente enorme. Cada gigafábrica albergará al menos 100.000 chips de IA de última generación, lo que la haría aproximadamente cuatro veces más potente que los centros de datos más grandes que operan actualmente en la UE, y en conjunto duplicarían con creces la capacidad de procesamiento de IA del bloque.
El nombre de «gigafábrica» supone un salto cualitativo. Europa ya financia una red de 19 «fábricas de IA» más pequeñas conectadas a su red de supercomputación EuroHPC/BSC de la que forma parte el MareNostrum 5 ACC español instalado en el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona (BSC-CNS). Pero las nuevas instalaciones están diseñadas para ser mucho más grandes y están construidas para entrenar el tipo de modelos IA de vanguardia que hoy en día solo un puñado de laboratorios estadounidenses y chinos pueden permitirse.
Es evidente que existe interés. Una ronda anterior de iniciativas recibió 76 respuestas de consorcios de todo el continente, con diez países, entre ellos Alemania, Francia, Italia, España y Polonia, dispuestos a ser anfitriones, y Francia ya ha dado señales de que lo organizará en solitario.
La razón es la ansiedad competitiva. Europa ha visto cómo Estados Unidos y China invertían grandes sumas de dinero en infraestructura de IA, mientras que sus propias empresas alquilaban capacidad de procesamiento en la nube estadounidense. Henna Virkkunen, jefa de soberanía tecnológica de la Comisión, calificó esa enorme capacidad de procesamiento como «una necesidad estratégica».
Los retos a superar
Hace tiempo que la industria tecnológica europea viene pidiendo reforzar la soberanía digital de la UE y las Gigafábricas de IA europeas son una parte crucial de la ecuación. El problema, como suele suceder con los grandes proyectos es que la ambición va más allá de los recursos disponibles.
Por el momento solo se han comprometido aproximadamente 1.000 millones de euros de la parte que le corresponde a Bruselas; el resto depende del próximo presupuesto a largo plazo de la UE, el Marco Financiero Plurianual, que aún no se ha acordado, por lo que debemos esperar a una decisión política de los estados miembros.
El cronograma es ajustado. Se prevé que la construcción de estas Gigafábricas de IA en Europa comience a principios de 2027 y que las primeras entren en funcionamiento a mediados de 2028, un calendario que parte de la base de que los presupuestos, los emplazamientos y las cadenas de suministro se desarrollen sin contratiempos. La historia aconseja prudencia. El plan de la gigafábrica se planteó por primera vez a principios de 2025 y desde entonces se ha retrasado repetidamente, con demoras que han frustrado a algunos de los socios que la Comisión necesita ahora para construirlas.
Además, existe una incomodidad inherente a la propuesta de soberanía. Los chips que abastecerían estas gigafábricas europeas provendrían mayoritariamente de NVIDIA, AMD y Qualcomm, todas estadounidenses, lo que significa que el bloque estaría comprando su independencia a las empresas de las que desea independizarse. Los críticos cuestionan el modelo, argumentando que alquilar capacidad con marca soberana construida sobre hardware de propiedad extranjera refuerza una ilusión de independencia en lugar de brindarla, y que la verdadera carencia de Europa radica en los chips y los modelos, no en los edificios.
La energía es otra limitación. La electricidad en Europa cuesta entre dos y tres veces más que en Estados Unidos o China, y el consumo energético de los centros de datos ya es un factor limitante que ninguna subvención podrá eliminar rápidamente. El consumo de energía es uno de los grandes problemas para alimentar la descomunal infraestructura de inteligencia artificial proyectada para los próximos años.
A medida que los sistemas de inteligencia artificial se expanden más y más, su huella energética crece aún más rápido y los últimos informes dicen que el consumo de energía de la IA amenaza incluso la sostenibilidad global del planeta. Y es que no solo hay que dotar de energía a los servidores, también refrigerarlos, con lo que el consumo de bienes como el de agua es un problema añadido.
La respuesta de la Comisión es que hay que empezar por algún sitio. La capacidad de procesamiento por sí sola no creará una IA abierta europea, pero sin ella las startups del continente no tienen dónde entrenar a gran escala, que es la brecha que la Comisión está tratando de llenar, aunque sea a un alto coste y con la paradoja de buscar independencia usando semiconductores de empresas estadounidenses.
Los financiadores públicos recibirían una parte proporcional de la capacidad de procesamiento para la investigación y los proyectos públicos, y se espera que la construcción de la infraestructura atraiga talento, empresas emergentes y, en última instancia, la fabricación de chips hacia Europa.
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