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Ciudadano 2.0: gobierno digital del pueblo, por el pueblo

El Ciudadano 2.0, y especialmente aquellos más jóvenes (los llamados «nativos digitales») no conciben un mundo en el que hay que ir a una ventanilla a presentar un papel y en el que las medidas ante determinados problemas no son proactivas, sino reactivas.

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Ciudadano 2.0: gobierno digital del pueblo, por el pueblo

Si echamos la vista atrás, por ejemplo 25 años, y comparamos la presencia que tenía entonces la tecnología en nuestras vidas con la actual, resulta más que evidente que se ha producido un cambio que, de habernos sido planteado en aquel momento, nos habría costado mucho imaginar.

Hoy en día llevamos medio mundo y tres cuartas partes de nuestra vida en el bolsillo, nos comunicamos de manera inmediata, estemos dónde estemos, con cualquier otra persona, tenemos toda la información que podamos imaginar, y muchísima más de la que jamás seremos capaces de consumir… y además nos hemos convertido en la fuente de otros muchos datos que pueden ser interesantes, no solo para nosotros mismos, sino también para otras personas.

Por otra parte, nos dirigimos hacia un futuro en el que nuevas tecnologías apuntan a cambios todavía más disruptivos y que darán lugar a que, cuando dentro de 25 años alguien mire hacia atrás, se sorprenda al ver la velocidad de los cambios a los que nos enfrentamos en breve.

La sociedad, tal y como era hace solo un cuarto de siglo, no tendrá prácticamente nada que ver con la que muchos conocimos en nuestra niñez y juventud. Y esto se traduce en que muchos de los agentes directamente implicados en el desarrollo de la sociedad tendrán que saber adaptarse a esos cambios, sacando partido de los mismos para ofrecer mejores servicios a los ciudadanos que están por llegar.

Hewlett Packard Enterprise lleva ya mucho tiempo apuntando en esa dirección y proponiendo soluciones para un nuevo modelo de ciudad inteligente y sostenible que aproveche al máximo la tecnología, y que al tiempo sea capaz de soportar el enorme crecimiento que van a experimentar muchos núcleos urbanos en los próximos años, especialmente en las economías emergentes.

Los datos más recientes al respecto apuntan a que en 2030 el 60% de la población del mundo vivirá en ciudades de más de diez millones de habitantes. Este futuro es un desafío que nos atañe a todos, y en el que todos tenemos que participar para lograr que se desarrolle de manera adecuada. Pero, sin duda, quien más tiene que prepararse para ese cambio es sobre quien recae directamente la administración de las ciudades y los servicios de la ciudadanía, es decir, el sector público. HPE ha desarrollado un completo informe al respecto, que se resume en los siguientes puntos.

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El nuevo ciudadano

El perfil demográfico varía muchísimo de unos países a otros. La media de edad global es de 33,1 años, pero si nos fijamos en Japón, vemos que sube hasta los 51,15, mientras que en Nigeria desciende dramáticamente hasta los 15,2 años. Las sociedades más desarrolladas envejecen más y más rápido, mientras que los países en vías de desarrollo y las economías emergentes cuentan con sociedades más jóvenes.

La primera conclusión que podemos extraer de esto es, sin duda, que los modelos en los que se basen las nuevas ciudades, cuyo desarrollo depende en cierta medida de las administraciones públicas, no son universales. El control demográfico llevado a cabo por los gobiernos debe combinarse con las más avanzadas funciones analíticas, con el fin de adelantarse a las necesidades tanto actuales como futuras de sus ciudadanos.

Esto incide, por supuesto, en la calidad de vida de la que disfrutará la gente, pero también en la propia supervivencia de los servicios públicos. Actualmente, y especialmente en los países occidentales, estamos acostumbrados a la imagen de una administración pública que, en bastantes aspectos, no evoluciona a la misma velocidad a la que lo hace la ciudadanía. Es cierto que actualmente, por ejemplo, ya podemos realizar bastantes gestiones administrativas a través de Internet, pero aún quedan muchas más que todavía no se pueden llevar a cabo de manera electrónica (o telemática, como se suele indicar por parte de dichas entidades).

Ciudadano 2.0: gobierno digital del pueblo, por el pueblo

El nuevo ciudadano (Ciudadano 2.0), y especialmente aquellos más jóvenes (los llamados «nativos digitales») no conciben un mundo en el que hay que ir a una ventanilla a presentar un papel y en el que las medidas ante determinados problemas no son proactivas, sino reactivas. Y, al tiempo, con el crecimiento en la esperanza de vida, hablaremos de ciudades de un perfil cada vez más multigeneracional.

Las previsiones al respecto, para 2050 en los países desarrollados, apuntan a que un 16% de la población tendrá entre 0 y 14 años, un 58% se encontrará entre los 15 y los 64, y el 27% restante será engrosado por mayores de 65 años. Y está claro que las necesidades de un niño o un adolescente no son las mismas que las de alguien de la tercera edad. Las administraciones públicas deben encontrar la manera de adaptar sus infraestructuras y servicios a unos perfiles tan heterogéneos.

Gobernanza colaborativa

Ya llevamos años escuchando hablar de gobierno abierto, es decir, la transparencia de las administraciones con respecto a los ciudadanos. Sin embargo, las instituciones del futuro tendrán que dar un paso más integrando a los propios ciudadanos, de diversas maneras, en los procesos de recopilación de información y de toma de decisiones. Es más, en realidad ese cambio ya ha comenzado, en cierta medida.

El ejemplo más claro de ello es que los jóvenes entre 18 y 29 años ya emplean de forma activa la combinación de dispositivos móviles y redes sociales con fines relacionados con los gobiernos y sus sociedades. En Estados Unidos, entre 2010 y 2016 se ha multiplicado por dos el número de ciudadanos que sigue a políticos en Twitter y que, por lo tanto, tienen una vía adicional para interactuar con ellos. Por no hablar de la cantidad de ocasiones en las que, a lo largo del mundo, se han empleado las redes sociales para organizar actos de protesta, poner en marcha recogidas de firmas, etcétera. Los ciudadanos, y especialmente los más jóvenes, consideran que su opinión debe ser muy tenida en cuenta por las administraciones públicas, y emplean todos los medios a su alcance para hacerse escuchar.

Por otra parte, hay que sumar varios conceptos: Big Data, Internet de las Cosas, Movilidad e Inteligencia Artificial. El boom de las redes sociales y de los dispositivos conectados primero, y de Big Data después, ha provocado, entre otras cosas, que el volumen de información electrónica crezca de una manera espectacular.

Entre 2014 y 2019 se espera que el tráfico de datos generado desde dispositivos móviles se incremente un 873%, de 30 a 292 exabytes. Toda esa información, procesada mediante sistemas de analíticas avanzadas, así como analizada con sistemas de Inteligencia Artificial, debe ser tenida muy en cuenta por las administraciones públicas. Y con especial atención a la generada por los propios ciudadanos que, en cierto modo, ya actúan como parte de esos sensores inteligentes de la red. Todos generamos información, de manera más o menos consciente, y las entidades (ya sean públicas o privadas) que aprendan a escucharla, procesarla y ofrecernos una respuesta acorde a la misma, habrán dado muchos pasos adelante.

Y, aunque indicábamos al principio, que el gobierno abierto (o gobierno 2.0) es algo de lo que ya llevamos mucho tiempo escuchando hablar, pero que todavía tiene que evolucionar bastante. Aunque se ha avanzado mucho en transparencia, y ahora los ciudadanos reciben más información sobre lo que hacen las instituciones y sus gobernantes, todavía falta poner en marcha sistemas que hagan que los procesos de toma de decisiones cuenten con herramientas participativas para los usuarios.

Es más, el ecosistema es más complejo, por lo que se deberá dar mucho más peso a iniciativas de datos abiertos, combinados con analíticas avanzadas, ciencia de datos, soluciones generadas por empresas privadas y apps para dispositivos móviles. Esa es la única vía para lograr poner en común el trabajo de administraciones públicas, empresas privadas, ONGs, instituciones educativas y, por supuesto, los propios ciudadanos, para que puedan trabajar en la mejora de la calidad de vida de todos.

Administración multicanal y conectada

Si hacemos memoria, seguro que todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido que sacrificar dos o tres mañanas para realizar una gestión administrativa compleja. Y, es más, seguro que en la mayoría de los casos, parte de los pasos que hemos tenido que dar ya los habíamos llevado a cabo… pero en otra administración distinta.

Administraciones locales, provinciales, nacionales… muchos organismos distintos, y que en la mayoría de las ocasiones son silos de datos. Romper esa barrera que separa los datos de unas y otras, creando un único gran repositorio de información (garantizando la seguridad y la privacidad de la misma, por supuesto), es un avance que hoy puede parecer imposible, pero que tendrá que llegar en poco tiempo, o veremos cómo la eficiencia de las administraciones públicas cae en picado.

Pero es que acelerar nuestras gestiones no es la única ventaja que se obtendría con dicho cambio. Cuanto mayor es el volumen de datos que se pueden cruzar, más y mejores conclusiones se pueden extraer. Imaginemos, por ejemplo, un centro escolar cuyos alumnos obtienen calificaciones por debajo de la media. En un escenario de datos compartidos entre las distintas entidades públicas, y que además saque partido de las ventajas de Big Data, seguramente se podrá realizar un análisis realmente completo de las circunstancias que rodean a ese centro y sus alumnos, y tomar medidas para solucionar los problemas que estén tras ese inferior rendimiento escolar.

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