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¿Por qué han prohibido los portátiles en algunos aviones a EE.UU.?

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Teclado con bomba

Desde luego, parece que la administración Trump no va a dejar buenos recuerdos en bastantes aeropuertos, puesto que algunas de sus medidas han afectado y están afectando a miles y miles de personas que, en las últimas semanas, han pretendido volar a Estados Unidos. Primero fue el veto a varios países “potencialmente peligrosos”, que se aplicó de manera inmediata (sorprendiendo a muchas personas “vetadas” ya en vuelo hacia Estados Unidos), luego un segundo intento (tumbado también por la justicia norteamericana) y ahora, y de manera complementaria, llega una singular prohibición: la de emplear dispositivos electrónicos “más grandes que un móvil” en cabina, en los vuelos que conecten Estados Unidos con varios países del norte de África y Oriente Medio.

Lo primero que llama la atención, al revisar la lista de los países a los que se aplica esta prohibición (Jordania, Egipto, Turquía, Arabia Saudí, Marruecos, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos) es que, a diferencia del veto del que hablábamos anteriormente, en esta ocasión no son países con malas relaciones con Estados Unidos, algo que ya levanta algunas sospechas sobre la medida (sospechas de las que hablaremos un poco más adelante). Pero antes de entrar en esas tierras más pantanosas, lo primero es intentar entender la razón por la que se ha establecido esa prohibición. Según las autoridades de la administración Trump que han impulsado esa medida, Estados Unidos se enfrenta actualmente a un altísimo nivel de amenaza (nada nuevo bajo el sol) y, según sus fuentes, los terroristas estarían pensando en emplear el espacio que normalmente ocupan las baterías de estos dispositivos para introducir explosivos en cabina.

No mucha gente lo sabe, pero en realidad esa amenaza no es nueva. En realidad, ¿recuerdas que hace ya algunos años se empezó a pedir que los portátiles, tablets y otros dispositivos electrónicos se pasaran de manera individual por los escáneres de los aeropuertos? ¿Y que hace alrededor de dos años se empezó a plantearla obligación de que los pasajeros encendieran los dispositivos al pasar por los puntos de control? Estas medidas persiguen precisamente eso, comprobar que los dispositivos realmente son tal cosa, y no una bomba camuflada en las tripas de un portátil, una tablet, una cámara digital de gran tamaño (por ejemplo una réflex), etcétera. Estas medidas parecen haberse mostrado suficientemente efectivas, pues desde entonces no se ha producido ni un solo caso, ni en Europa ni en Estados Unidos, de explosivos introducidos en cabina mediante este sistema.

En realidad, el único caso de un artefacto explosivo que pudo ser introducido en un avión en los últimos años se produjo el 2 de febrero de 2016, hace poco más de un año, en el vuelo 159 de Daallo Airlines, una aerolínea somalí que, con un Airbus A32-111, despegó del aeropuerto de Mogadiscio con destino a Yibuti. 20 minutos después de abandonar el aeropuerto, se produjo una explosión a bordo, en un asiento muy cercano al encastre alar de la aeronave. Como consecuencia de la misma, un pasajero (las investigaciones apuntan a que era el terrorista) resultó muerto, otros dos heridos, y se abrió un agujero en el fuselaje. La tripulación de cabina reacomodó a los pasajeros en la parte posterior del avión, y se tomó la decisión de retornar al aeropuerto de Mogadiscio, donde pudo aterrizar sin mayor problema.

La investigación, aunque todavía permanece abierta, apuntó desde el principio a que el terrorista empleó un portátil modificado para portar explosivos, pero también a que la caótica organización del aeropuerto tuvo mucho que ver con el incidente. Según declaraciones del comandante a Associated Press, “La seguridad es cero cuando aterrizamos allí. Entre 20 y 30 personas llegan a la pista de aterrizaje […] Nadie tiene una insignia o los chalecos amarillos, entrando y saliendo del avión. No se sabe quién es quién […] Se pueden poner algo en el interior cuando los pasajeros salen del avión“. Además, la revisión de las grabaciones de seguridad del aeropuerto mostraron al terrorista antes de embarcar, recibiendo un ordenador portátil que, al menos aparentemente, eran trabajadores del aeropuerto.

En resumen, es cierto que un terrorista pudo introducir una bomba dentro de un portátil en un vuelo comercial, pero casi desde el primer momento de la investigación quedó claro que el problema no era ya un portátil o una tablet, sino una nefasta política de seguridad en el aeropuerto de Mogadiscio. El atentado se cometió con un portátil, pero lo mismo podía haber sido con un maletín, una bolsa de deporte o un muñeco de peluche de gran tamaño. Si fallan (como ocurrió en Somalia) los controles de seguridad del aeropuerto, cualquier objeto peligroso puede llegar a cabina.

Así pues, el único caso que han sido capaces de citar los miembros de la administración de Trump no es, claramente, una razón para establecer una prohibición de este tipo. Si la amenaza viene de estos países, debería ser la TSA (la agencia de seguridad en el transporte de Estados Unidos) la que, en colaboración con las autoridades locales, trabaje para prevenir los agujeros de seguridad en los aeropuertos, que son el verdadero problema como demuestra el incidente del vuelo 159 de Daallo. Con una seguridad deficiente en un aeropuerto, el resto de medidas de seguridad no sirven para nada.

Pero la cosa no queda aquí. Hace ya tiempo que los expertos en seguridad alertan del potencial riesgo de las baterías de iones de litio en los aviones, una preocupación que llegó incluso a la FAA (el organismo federal norteamericano responsable de la aviación en el país), que ya en 2015 empezó a mostrar su preocupación al respecto, tal y como ya destacaba entonces Popular Mechanics.

¿El problema?

Que las baterías de este tipo tienen una serie de problemas que pueden provocar que exploten y/o ardan de manera súbita, ¿te suena de algo? Efectivamente, estamos hablando del embalamiento térmico, y los terribles dolores de cabeza que este problema ha provocado a fabricantes como Samsung.

Ahora bien, ¿hay alguna diferencia si esta circunstancia se produce en cabina o en la bodega de carga? En teoría, la bodega de carga no tiene oxígeno, por lo que es imposible que se produzca un incendio en su interior (una medida de seguridad existente hace ya mucho tiempo). Sin embargo, volvamos un momento al análisis forense de accidentes aeronáuticos. Ahora iremos un poco más atrás, al vuelo 592 de ValuJet que el 11 de mayo de 1996, pocos minutos después de despegar del aeropuerto de Miami, se declaró en emergencia por un incendio, estrellándose pocos minutos en los Everglades. No hubo supervivientes. La investigación realizada por la NTSB permitió determinar que la bodega de carga albergaba unos elementos potencialmente peligrosos, unos generadores químicos de oxígenos (algo común en todos los aviones, son los dispositivos a los que se conectan las máscaras de oxígeno que se despliegan ante los pasajeros en caso de despresurización de la cabina y otros incidentes) y envueltos en plástico de burbujas.

Uno de esos generadores se activó durante el despegue, generó la temperatura suficiente para hacer arder el plástico de burbujas y, claro, este liberó la cantidad de oxígeno necesario para que se produjera un incendio masivo en la bodega de carga. El fuego y el humo tardaron poco tiempo en abrirse paso a otras zonas del avión, intoxicando mortalmente a todos sus pasajeros y tripulantes, haciendo que se alcanzaran unas temperaturas infernales en la cabina, y forzando el dramático accidente.

Ahora retomemos la medida aprobada por el ejecutivo norteamericano y pensemos en ella desde esta perspectiva: dispositivos potencialmente peligrosos (por sus baterías de iones de litio) acumulados por decenas (o por cientos) en un espacio sin la supervisión necesaria, junto a otros elementos con el riesgo potencial de servir como detonantes o como aceleradores. Si a un usuario su tablet le explota cuando la está empleando en cabina, será un incidente aislado, y la tripulación de cabina actuará rápidamente para prevenir riesgos posteriores. Sin embargo, si se declara un gran incendio en la bodega de carga… sí, eso es, las circunstancias pueden ser mucho peores e, incluso aunque se pueda salir de ella con éxito, los daños que ocasionará serán muy superiores a los que provocaría un móvil cuya batería explota por culpa del embalamiento térmico.

Así, ya son muchos los expertos que se han declarado en contra de esta medida, pues tiene muchas más sombras que luces. The Guardian ha recopilado algunas de ellas y, lo que es más interesante, apunta casi al final de su artículo, a las sospechas de las que hablaba al principio. Casualmente, varias aerolíneas norteamericanas llevan años enfrentadas a Etihad Airways, Qatar Airways y Emirates, tres compañías de bandera que, según denuncian las norteamericanas, que llevan mucho tiempo haciendo lobby en Estados Unidos, reciben subsidios de sus respectivos gobiernos, haciendo imposible que las estadounidenses puedan competir con ellas en precio. Y, casualmente, estas tres aerolíneas de oriente medio, ahora se ven afectadas por la medida aprobada por la administración de Trump.

Pero quizá lo peor de todo esto es que, en mi opinión de manera prematura, el gobierno de Theresa May ha anunciado que se une a la medida, y el ejecutivo de Hollande también está estudiando aplicar esta medida. El miedo no suele ser un buen consejero, especialmente cuando es la única razón para tomar medidas, antes de tener en cuenta los hechos y los datos objetivos (como los que he planteado en este artículo). Así pues, aunque no cabe esperar vuelta atrás por parte de la Casa Blanca, esperemos que cunda el sentido común en el 10 de Downing Street y en el Eliseo o, de lo contrario, nos podemos encontrar, en menos tiempo de lo que cabe pensar, con esta medida aplicada de manera global. Es eso, que vuelva el sentido común, o quizá pronto veamos nuevas medidas, como la prohibición de volar con leggins por falta de decoro.

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