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Opinión

El control del ciberespacio: la historia del APM

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ANTONIO GARCIA

Antonio García, vicepresidente de Dynatrace para el sur de Europa.

Resulta complejo hacer un esfuerzo de memoria y recordar cómo era la vida antes de que Internet y las redes sociales irrumpieran con fuerza y convirtieran lo local en global, revolucio­nando las comunicaciones y poniendo en manos de todos dispositivos móviles que nos permiten hacer cualquier cosa desde cualquier lugar.

La red se ha implicado en todo tipo de actividad, tanto personal como social y, por supuesto, profesional y económica. El mercado se lanzó al ciberespacio, sin saber muy bien entonces que iban a surgir instrumentos capaces de asegurar, controlar y contabilizar toda la operativa online. Así nació un nuevo sector, el de la gestión del rendimiento de aplicaciones, cuyas herramientas se han hecho imprescindibles para competir en la nueva economía digital.

Conocido como mercado APM, el crecimiento de este nuevo sector ha sido exponencial desde sus inicios en la década de los 80. Lo demuestran los ingresos registrados el año pasado: 2.200 millones de dólares, un 18% más que en 2013. ¿Qué ha ocurrido en estos años para llegar a este punto y cuándo comenzó la gestión del rendimiento de aplicaciones a ser una solución crítica en los negocios?

Como dijo Cicerón, “no saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesante­mente niños”. Y tras el mercado APM hay toda una historia de pequeñas y grandes ciber-empresas, especializadas en gestión de rendimiento, que han contribuido a transformar la forma de trabajar y multiplicado las expectativas de los usuarios, provocando una demanda en cascada sobre los proveedores de soluciones digitales. De tal manera, que hoy en día, es impensable que ningún área o proceso de negocio no ofrezca capacidad digital y un nivel de rendimiento satisfactorio.

Del ámbito privado al Mercado con mayúsculas

El origen del mercado de aplicaciones se remonta a 1987, aunque las siglas APM no se acuñaron hasta 1992, y es en 2007 cuando cobró identidad propia como mercado.

Muchas de las empresas pioneras de este sector ya no existen. La mayoría, que disponían de un solo producto muy valioso para un nicho concreto, han ido siendo absorbidas por compañías de mayor entidad que son las que hoy en día copan el mercado APM.

Entre las pioneras están Network General que, en 1987 lanzó las primeras herramientas de monitorización y gestión de aplicaciones online, a las que denominó sniffer; Tivoli Systems, que a finales de la década de los 80, llevó estas soluciones a la gestión de sistemas, y  Programart, primera empresa que utilizó las siglas APM para denominar aquellas soluciones capaces de realizar el seguimiento de aplicaciones de mainframe durante todo el ciclo de vida de desarrollo del sistema. A partir de aquí, y ya estamos en 1992, la tecnología APM se fue extendiendo a todos los entornos. Llegó primero al ámbito cliente/servidor, tras la compra de Ecotools por parte de Compuware en el año 93, con una herramienta adaptada al entonces incipiente comercio electrónico. Un año después, BMC/Patrol añadía la monitorización de infraestructuras a este entorno, y en 1996, se sumaron a él los servidores a través de las soluciones de la compañía Nagios.

El final de la década de los 90 supuso la explosión de las redes locales, momento en el que las soluciones APM llegaron al Mercado con mayúsculas, primero con Optimal Networks y en 1997 con Netflow y su solución capaz de monitorizar el tráfico en dispositivos Cisco. Ese mismo año, Precise presentó una herramienta APM para bases de datos, pero no fue hasta 2001 cuando Mercury llevó la monitorización a la gestión global de las tecnologías de la información, poco antes de que Hewlett Packard se introdujera en este sector.

Otro año decisivo para el mercado APM fue 2005. Fue entonces cuando empezó a monitorizarse el último eslabón de la cadena: la experiencia del usuario. Fue Compuware, tras la compra de Adlex, la empresa que rompió el molde al incorporar la línea de productos Vantage, que aportaron un profundo conocimiento sobre el rendimiento de las aplicaciones, así como una alta capacidad en la monitorización de la experiencia de los usuarios finales.

El auge que empezaba a cosechar el mercado APM despertó el interés de las grandes compañías tecnológicas por introducirse en este sector a través de fusiones y adquisiciones. Así, por ejemplo, en 2006 la compañía CA pagó 375 millones de dólares por Wily, empresa que había cosechado importantes éxitos en la gestión de aplicaciones y monitorización de infraestructuras.

Sólo un año después, en 2007, se inició el rendimiento de aplicaciones en el ámbito comercial, de la mano, una vez más de la oferta de servicios de Compuware. La compañía de Detroit alcanzó otro de sus hitos con la adquisición de Gomez en 2009 que, tras la llegada de New Relic y AppDynamics, centrados en el desarrollo de sistemas basados en Saas, le permitió combinar, en un mismo producto y en cualquier sector –del financiero al energético-, la gestión de rendimiento de infraestructuras y la monitorización de la experiencia del usuario.

A partir de ahí, las consultoras tecnológicas comenzaron a considerar al APM como un mercado con entidad propia, y así lo demuestra el hecho de que en 2010 Gartner incluyera por primera vez la tecnología APM en su cuadrante mágico.

4.300 millones de dólares en 2018

Compuware siguió creciendo y reforzando su posición en el mercado con la compra de Dynatrace (en 2011) y la introducción de la tecnología PurePath, que permite seguir el rastro de cualquier transacción. El año siguiente IBM entró en el mercado de la mano de Tealeaf y se sumó al reto de incorporar el comportamiento del usuario en una infraestructura enfocada al mercado APM.

En los últimos años, el sector APM ha seguido al alza y en continuo movimiento. En 2014 se rompió el matrimonio de Compuware y Dynatrace, y esta última compró Keynote, lo que le otorga el liderazgo del mercado. Unidas, ambas compañías, que registraron unos ingresos de 450 millones de dólares el año pasado, se disponen ahora a desarrollar la gestión del rendimiento digital, un paso que incrementará el número de usuarios atraídos por la buena experiencia como clientes que aporta el buen comportamiento de las aplicaciones. Así, el rendimiento de estas herramientas deja paso al rendimiento digital en un mercado que, según la consultora IDC, alcanzará los 4.300 millones de dólares en 2018.

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