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La fintech alemana Wirecard entra en bancarrota tras un fraude de casi 2.000 millones

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La fintech alemana Wirecard entra en bancarrota tras un fraude de casi 2.000 millones

La fintech alemana Wirecard ha pasado apenas en unos días de ser una de las compañías con mejor reputacion y valoración del norte de Europa a la bancarrota después de que, según el New York Times, se hiciese público un fraude en su seno de casi 2.000 millones de euros que, entre otras cosas, ha llevado a la cárcel a su antiguo CEO, Markus Braun, tras dimitir de su cargo apenas unas horas después de hacerse públicos los detalles del fraude el pasado viernes 19 de junio.

Ese día, Wirecard, una compañía cuya valoración se había disparado en los últimos años y que se encargaba de ofrecer una amplia gama de servicios de pago en diversas zonas del mundo, reconoció que sus cuentas habían detectado que 1.900 millones de euros que se supone que tenían no aparecían por ninguna parte, a pesar de los esfuerzos de varios auditores por localizar el dinero. Braun dimitió a las pocas horas y fue sustituido en el puesto, de forma provisional, según CNBC, por James Freis, contratado apresuradamente ese mismo día para el puesto.

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La compañía se vio entonces obligada a retrasar su informe anual de resultados de 2019, lo que ha hecho por cuarta vez este año, y en pocas horas comenzó literalmente a despeñarse en bolsa, perdiendo más de un 80% de su valor en dos días. Los problemas se acumulaban para la empresa, que reconocía que se le podía exigir de inmediato la devolución de préstamos por valor de 2.000 millones de euros, y que si era así tendrían que declararse insolventes. Mientras tanto, los accionistas amenazaban con demandas mientras comenzaba una investigación de oficio por parte de la entidad reguladora alemana.

Wirecard nació en Munich en 1999 y creció exponencialmente en los últimos años hasta convertirse en uno de los principales servicios de pagos digitales no solo de Europa, sino del mundo. Su éxito se debió sobre todo al facilitar los pagos sin contacto a cientos de miles de tiendas y vendedores, y entre sus clientes estaban Apple Pay, Google Pay o Visa. Em 2016 entró en el mercado estadounidense después de comprar la división de tarjetas prepago de Citibank, y en 2018 entró en el DAX alemán, dejando fuera nada menos que al Commerzbank alemán.

Todo iba sobre ruedas para la compañía hasta que el Financial Times hizo pública una investigación sobre la compañía, en la que entre otras cosas alegaba que la oficina de Singapur de Wirecard empleaba contratos falsificados y con las fechas modificadas para darles más antigüedad para inflar los ingresos. Además, la investigación aseguraba que la plantilla de la compañía conspiraba para inflar de forma fraudulenta las ventas y los beneficios de las filiales de Dubai y Dublin, además de presuntamente engañar a EY (Ernst&Young).

La empresa ha negado repetidamente las acusaciones, e incluso ha denunciado al periódico por la investigación, entre acusaciones de que se ponía de acuerdo con los vendedores a corto de la bolsa. Sin embargo, una investigación independiente realizada por el despacho de abogados RPC concluyó que no existía tal asociación. Mientras, Wirecard contrataba a KPMG para llevar a cabo una auditoría independiente de sus libros de cuentas. La consultora publicó su informe en abril, y aseguró que no podía proporcionar documentación suficiente para contestar a todas las acusaciones de irregularidades.

El descubrimiento más grave que ha hecho KPMG, que cubre los años 2016, 2017 y 2018, la consultora asegura haber sido incapaz de verificar la existencia de 1.000 millones de dólares en ingresos que Wirecard registró a través de tres partners ajenos no muy claros. Estos descubrimientos ocasionaron las primeras peticiones de que Braun dejase su cargo hace ya algunas semanas.

Este informe atrajo la atención de la entidad reguladora del mercado de finanzas alemán, el BaFin, que ya hace un tiempo sospechaba el que el valor de Wirecard se había visto alterado por los operadores de corto en bolsa. El pasado 5 de junio, la fiscalía registró la sede de la empresa y abrió varias investigaciones a su directiva como parte de la investigación abierta por el BaFin. Según la fiscalía, había sospechas de que la empresa estaba publicando información falsa que puede haber afectado al precio de sus acciones. Solo unos días después saltaba el escándalo del dinero supuestamente extraviado. Solo unas horas antes de su dimisión, Braun aparecía en un vídeo con otros directivos de la compañía en el que aseguraba que Wirecard había sido víctima de un fraude.

Wirecard ha asegurado que el dinero perdido, un hecho señalado por EY, se suponía que estaba ingresado en dos bancos asiáticos. Pero ambos bancos, BDO y BPI, con sede en Filipinas, han manifestado que Wirecard no es cliente suyo y que los documentos que lo aseguran están falsificados. Pocas horas después de su dimisión como CEO, Braun fue arrestado por fraude y se encuentra en libertad bajo fianza.

Finalmente, la matriz alemana de Wirecard, que contaba entre sus inversores nada menos que con Softbank, se declaró en bancarrota según Techcrunch el pasado día 25 de junio tras rellenar una declaración de insolvencia ante un tribunal de Munich, por «insolvencia inminente y sobreendeudamiento«. Además emitió un comunicado en el que detallaba que «la capacidad de continuar de la empresa para seguir adelante no está asegurada«, después de no llegar a un acuerdo con sus prestatarios sobre créditos que vencerán, respectivamente, el 30 de junio y el 1 de julio próximos. Estos créditos son, respectivamente, de 800 millones de euros y de 500 millones de euros.

Mientras, la cotización en bolsa de la compañía sigue desplomándose, con un 77% de caída en valor que se añadían a las de los días anteriores, lo que la dejaba con una valoración de mercado de 350 millones de dólares, frente a los cerca de 19.000 millones de dólares que tenía de valoración en abril de 2019, cuando Softbank invirtió 1.000 millones en ella. El futuro pinta bastante negro para Wirecard, que ahora debe poner en práctica varias medidas para afrontar la bancarrota en medio de un escándalo que no parece tener fin.

Redactora de tecnología con más de 15 años de experiencia, salté del papel a la Red y ya no me muevo de ella. Inquieta y curiosa por naturaleza, siempre estoy al día de lo que pasa en el sector.

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