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Opinión

La App Store tiene que cambiar y Apple lo sabe

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Epic Games y Apple

Visto para sentencia. Así ha quedado el juicio que durante el último mes ha enfrentado a Apple y EPIC Games. Aunque aún quedan semanas antes de que conozcamos un veredicto final, que con toda seguridad será recurrido, cada vez son más que tienen claro que las cosas tienen que cambiar.

Y es que tras las amargas polémicas que han enfrentado a Apple con Spotify, con Netflix e incluso con empresas mucho más pequeñas, ha comenzado a trasladarse a la opinión pública, que de alguna manera los de Cupertino se han convertido en una compañía agresiva, que en busca de su propio beneficio, está frenando la competitividad y la innovación de los desarrolladores.

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¿De qué forma? Como explican en Wired, a lo largo del juicio han podido escucharse varios testimonios que evidencian la posición de dominio que mantiene Apple gracias su App Store. Por ejemplo, Match.com una popular compañía de citas, ha relatado cómo la comisión que paga a Apple (30% de todas las transacciones que se hacen dentro de su App), ya se ha convertido en el gasto fijo más importante de la compañía; Spotify se ha lamentado que esta comisión y el tener que competir contra servicios nativos como Apple Music (que evidentemente, no la pagan) le ha llevado a tener que subir la cuota mensual que pagan sus usuarios; Tile, la última que se ha sumado a esta larga lista, indica que sus productos ya no competirán en igualdad de condiciones desde que Apple ha comenzado a promocionar sus AirTags.

El juicio que enfrenta a ambas compañías no es sin embargo, un episodio aislado, sino más bien el último de una etapa en la que las políticas que aplica Apple en su tienda de aplicaciones están siendo escrutadas con más atención por todo tipo de organismos. El pasado verano, Tim Cook (junto a Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y Sundar Pichai) tuvo que prestar testimonio ante una Comisión especial en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

En Europa, la Comisión Europea ha dictaminado que las prácticas que impone Apple vulneran el derecho a la libre competencia, por lo que se dispone a regular en esta materia; al otro lado del mundo, las autoridades australianas han llegado a una conclusión muy similar.

El dueño del terreno de juego

Por supuesto, la posición de Apple es sencilla de entender: mi juego, mis reglas. Si no te gusta estar en la App Store, nadie te obliga a permanecer ni un segundo más. Pero lo cierto, es que no es tan sencillo. Con casi 1.700 millones de dispositivos en todo el planeta, hace tiempo que los de Cupertino han dejado de ser una pequeña empresa. La política que establecen en la App Store, desde el momento en que tampoco permiten que las aplicaciones se distribuyan de otra forma (las tiendas alternativas están están expresamente prohibidas), impactan directamente en la línea de negocio de muchas compañías.

Porque como recuerda la publicación americana, no se trata solamente de que la compañía quiera un 30% de cualquier transacción comercial (recientemente esta comisión ha bajado hasta el 15% para las empresas que facturen menos de un millón)  que se realice tanto en su tienda como dentro de las aplicaciones que se anuncian en ella, sino que frena la innovación con políticas que pueden ser discutibles, como promocionar muy activamente las suscripciones en lugar de la compra de aplicaciones, o impedir que los desarrolladores puedan ser imaginativos a la hora de trabajar son sus clientes desde sus propias apps.

Lo evidencia el conflicto que mantuvo Apple hace unos meses, con la popular aplicación de ftiness Down Dog. Los responsables de la startup intentaron ofrecer a sus clientes la posibilidad de poder descargar su aplicación de forma completamente gratuita, dar un tiempo de prueba de 30 días y más tarde, si el cliente estaba satisfecho, ofrecerle un plan de suscripción.

Es decir, no quería empezar a cobrarles de forma automática, para evitar ese proceso de cancelar o recibir cobros inesperados (que es además, una de las quejas más repetidas en las reviews que reciben muchas aplicaciones). ¿Resultado? Apple se negó a publicar su aplicación hasta que Down Dog cambió su código para empezar a cobrar de forma automática.

La privacidad como excusa

Uno de los motivos que llevan a Apple a desarrollar esta política, ha asegurado Phil Schiller en el juicio, es para proteger la seguridad y la privacidad de los usuarios. Si permitiesen otras tiendas de apps, vino a decir el directivo de la multinacional, ¡quién sabe cuánto malware se acabaría colando en smartphones y tablets!.

De hecho, Schiller llegó a tirar piedras sobre el propio tejado de Apple, al asegurar que la falta de seguridad de los Macs (donde los usuarios sí que pueden instalar aplicaciones desde otras fuentes) “era inaceptable”. Esto por supuesto, contradice los propios mensajes de marketing de la empresa, que anuncia los Macs como las plataformas más seguras del mercado.

¿Y qué ocurre en la App Store? Es cierto que si los de Cupertino admitiesen que otras tiendas pudiesen distribuir software, se perdería parte del control de calidad que impone la empresa al revisar las aplicaciones que se presentan y se abre una nueva puerta al malware.

Pero también lo es que esas aplicaciones que vienen de otras fuentes, seguirían estando bajo el control del sistema operativo (iOS 14 en estos momentos), que podría impedir igualmente que nos siguiesen, nos monitorizasen o “trabajasen” en el teléfono de forma inesperada. A esto hay que sumar el hecho de que estar en la App Store tampoco es garantía de nada y también en el jardín vallado de Apple se han colado todo tipo de aplicaciones sospechosas cuando no claramente fraudulentas.

Mientras todo esto pasa, los usuarios de iOS descubren frustrados cómo no pueden hacer cosas que los de Android llevan a cabo sin problemas. Y no hablamos de instalar un cliente de Torrent. Cosas tan sencillas como comprar un libro para Kindle no se pueden hacer por la comisión que Apple aplica. Suscribirse a un servicio de streaming desde una App por ejemplo, siempre será para el usuario más caro que hacerlo desde la web del propio servicio. Por supuesto, ese servicio no puede explicarlo en ningún sitio.

¿Conclusión? Algo tiene que cambiar.

Periodista tecnológico con más de una década de experiencia en el sector. Editor de MuyComputerPro y coordinador de MuySeguridad, la publicación de seguridad informática de referencia.

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