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¿Se desintegra Toshiba?

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Toshiba

Parece mentira pero recientemente se han cumplido 30 años desde que se puso a la venta el Toshiba T1100, que fue considerado el primer portátil de consumo (The world’s first mass-market laptop computer). Y digo que parece mentira porque nadie habría podido imaginar en aquel momento, cuando el fabricante japonés se situó en una clara posición de liderazgo, que 30 años después su situación sería tan, tan complicada: despidos, fraude financiero, venta a terceros de sus diversas unidades de negocio… Pero recapitulemos, ¿qué está pasando con Toshiba estos últimos meses?

Hace ya tiempo que los números de la multinacional japonesa no son buenos. Hace poco más de un año anunció cerca de 900 despidos en su división de PC, lo que ya apuntaba a que el cierre del ejercicio 2014 sería, al menos en esa división, negativo. Sin embargo, pocos meses después anunció la construcción de una nueva planta de chips, demostrando que su posición en el mercado de los semiconductores sí que era buena. Y en ese equilibrio, y con un cierto crecimiento en algunos mercados internacionales, inició un 2015 que, sin duda, será recordado como su annus horribilis. Hasta 2014 los resultados económicos anuales de la empresa concatenaban ya varios años de buenos resultados, pero una investigación descubrió graves irregularidades financieras que forzaron la dimisión de su CEO.

Desde ese momento, y durante dos meses, se produjo una tensa espera para conocer los resultados reales del ejercicio 2014 que, además, deberían reflejar los ajustes necesarios para subsanar las irregularidades que se habían cometido hasta el momento. Y dos meses después, en agosto, finalmente vieron la luz y, como ya se esperaba, fueron realmente malos, con unas pérdidas de 1.088 millones de euros, frente a un beneficio neto de 90 millones en el ejercicio anterior.

A partir de ese momento comenzó la desintegración de Toshiba. Lo primero, claro, fue la sombra de nuevos despidos en el grupo, pero eso era sólo el principio. Las voces que hablaban de la venta de varias divisiones de la empresa se mostraron acertadas cuando se confirmó que Sony compraría la división de sensores de imagen y, hace sólo unas semanas, cuando se hizo público que Fujitsu podría adquirir su división de PCs. Pero las malas noticias no cesan y las autoridades niponas han confirmado que multarán a Toshiba por su fraude. En concreto la sanción podría alcanzar los 54 millones de euros y, aunque pueda parecer una cantidad menor para una gran multinacional, no hay que perder de vista que se trata de más de la mitad del beneficio neto declarado por la compañía el año pasado. Después de falsear sus cuentas, sí.

Y la siguiente entrega de este descenso a los infiernos pasa por su intención de vender, también, su división de televisores. Y en esa marejada, la Agencia EFE informa de que se podrían llegar a producir hasta 7.000 nuevos despidos, que en esta ocasión afectarían principalmente a su división lifestyle, que actualmente es la que acumula un mayor volumen de pérdidas. Y, mientras tanto, un grupo de pequeños accionistas de la corporación han decidido demandar a la misma y a sus antiguos directivos por el efecto que el fraude contable ha tenido en sus inversiones.

El principal problema

El problema es que ahora Toshiba tiene que hacer frente, simultáneamente, a un mercado con una muy baja confianza en la multinacional, a la necesidad de una completa reestructuración (con miles de despidos), a las sanciones ya existentes y las que están por venir y, todo ello, en un mercado en el que perder competitividad puede condenarte al ostracismo y la desaparición. La venta de algunos de sus activos es una buena estrategia, ya que permite obtener liquidez y, al tiempo, concentrar sus esfuerzos en un núcleo de de actividades más pequeño. Sin embargo, ¿a dónde lleva la venta de las unidades de negocio que hoy en día son rentables (las que no lo son difícilmente encontrarán comprador) y la extrema contracción de las que no lo son?

Dicho esto, el futuro de la compañía todavía no está escrito. Sólo hay que echar la vista atrás un par de años para ver que hace poco más de tres años, cuando los (falseados) resultados económicos de la corporación eran positivos, sus títulos en bolsa cotizaron por un valor inferior al actual (250 yenes el 31 de agosto de 2012 frente a los 293 actuales). Sin embargo, lo que sí que es bastante probable que vivamos en no mucho tiempo es su salida del sector de la electrónica de consumo, precisamente el que le ha dado más notoriedad internacional a la empresa fundada (a partir de la fusión de otras dos) en 1938.

Sea como fuere, los pasos que de ahora serán cruciales para su futuro. Y no son pasos sencillos, no. Hablamos de una profunda reestructuración (posiblemente la cantidad final de despidos sea muy, muy superior a la prevista actualmente), el cierre de aquellas divisiones deficitarias que no despierten interés en sus posibles compradores y, lo que siempre es recomendable en estos casos, centrar mucho el tiro. El principal riesgo es que es muy fácil quedarse corto o excederse, y ambos escenarios sí que podrían suponer el tiro de gracia para una empresa que, aunque todavía viable, se enfrenta a uno de los momentos más complicados de toda su historia.

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