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Empresas con historia: Red Hat

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La historia de Red Hat arranca como la de muchas otras empresas tecnológicas, de forma muy modesta. Nos situamos en el año 1992. Un joven Marc Ewing , apasionado de la informática y hacker aficionado, se «apunta» al movimiento Linux (recordemos que Linus Torvalds presentó la versión 0.01 de Linux en septiembre de 1991) distribuyendo desde su domicilio personal de Raleigh, su propia distribución en CD: Red Hat.

El nombre, como explicaría más tarde, hacía referencia a ese Panama rojo que había utilizado su abuelo mientras fue jugador del equipo de lacrosse de la Universidad de Cornell y que el propio Ewing utilizaría posteriormente mientras trabajó como especialista tecnológico para la universidad de Carnegie Mellon.

Red Hat por supuesto no fue la primera distribución (ese honor correspondería a MCC Linux) y durante la primera época «conviviría» con algunas otras, como Slackware o Debian. Pero si bien en sus primeros momentos y como otras, Red Hat no tenía ningún objetivo comercial, esto cambiaría cuando Ewing tuvo la oportunidad de conocer a Bob Young, un joven emprendedor que le hizo ver que con Linux había una pequeña posibilidad de ganar algo de dinero.

Por aquel entonces Young había montado una pequeña empresa en la que se «ganaba la vida» vendiendo la distribución Slackware en CD. Sin embargo al no tener el control sobre el desarrollo de la misma, había poco más que él pudiese hacer. Conocer a Ewing sin embargo lo cambiaba todo y probablemente tras compartir una cervezas, ambos decidieron que no había ninguna razón para que Red Hat Linux  no se lanzase de forma oficial.

Los primeros años no fueron precisamente sencillos. Como explicaban ambos fundadores, al visitar a sus clientes en ese momento, no podían posicionar a Linux como un producto mejor a lo que había, o más potente, o con más características que ese UNIX que dominaba muchas de las empresas de la época. Lo que sí que podían hacer sin embargo era presentarlo como un desarrollo basado en UNIX que a su vez, podía adaptarse a las necesidades de sus clientes y ser personalizado al máximo. Esto se convirtió en su primer y principal argumento de venta.

Apostando por los servicios

Pese a su entusiasmo inicial, pronto llegaron a la conclusión de que no iban a llegar demasiado lejos vendiendo un sistema operativo que en realidad no podían «patentar» como propio. ¿De qué forma se podían ganar la vida entonces con Red Hat? La idea se la proporcionó de forma indirecta Lou Gerstner, el por entonces nuevo y flamante CEO de IBM. El que muchos consideran como padre de la reinvención de gigante azul, solía contar en aquella época que en realidad, «a nadie le gustan realmente los productos de IBM» ¿Qué motiva a nuestros clientes para seguir comprándolos?» solía preguntarse, a la vez que se respondía: «Sus servicios. Descubrimos que IBM vende servicios, no productos. Esto es lo que les mantiene enganchados».

Red Hat no tardó en imitar esa estrategia y hoy en día de hecho, la compañía sigue sin vender ningún producto, fiando únicamente su crecimiento a los servicios que comercializa. De forma paralela, Young llegó determinó de que si quería que Red Hat siguiese creciendo a largo plazo, no tendría más remedio que colaborar con otras empresas, incluso con sus propios competidores. Hoy esta idea parece asumida por todos y la mayoría de los proyectos open-source nacen como fruto de esa colaboración. Sin embargo, ese espíritu no era tan frecuente en los años 90.

Red Hat fue de las primeras compañías en darse cuenta que resultaba mucho más interesante colaborar para ensanchar un mercado que por aquel entonces era muy pequeño, en vez luchar por una porción más grande de un sector diminuto. Como consecuencia, muchos de sus esfuerzos se dirigieron a trabajar junto a todo tipo de compañías que quisieran expandir el ecosistema Linux, convirtiéndolo en una alternativa real para usuarios y empresas. Ese espíritu «revolucionario» se ha mantenido hasta el día de hoy, en el que Red Hat sigue colaborando estrechamente con compañías «rivales» en el desarrollo de proyectos como OpenStack, Docker, Kubernetes o las nuevas plataformas IaaS.

Red Hat Enterprise Linux y más

Otra de las conclusiones a las que Young no tardó en llegar desde su posición como fundador de la empresa, es que Linux no podía limitar su crecimiento a ese grupo de geeks y «usuarios rebeldes» que querían probar algo diferente a Windows o Unix. Lo tuvo claro durante una visita al «Centro de vuelo espacial Goddard», en la que Don Becker (el desarrollador de los drivers Ethernet para Linux), le mostró el proyecto en el que estaba trabajando: Beowulf, o lo que es lo mismo, la primera supercomputadora basada en Linux.

Ese «descubrimiento» le hizo ver que para Linux había un camino más allá del escritorio. Si quería, podía conseguir que formase parte del core de los ordenadores más potentes. Aquí, explica Young cuando se le pregunta, nació la idea de transformar Red Hat Linux en un producto por y para las empresas, un producto con el que dominar miles de servidores y grandes superordenadores de todo el mundo. Nacía así, al menos como concepto, Red Hat Enterprise Linux (RHEL).

Hoy en día, las suscripciones a RHEL se han convertido en la principal fuente de ingresos de Red Hat. Pero el cambio no fue sencillo. Tras debutar en Bolsa en 1999, en el año 2003 Red Hat tomó la decisión definitiva de abandonar el terreno de las distribuciones «personales» de Linux para apostar exclusivamente por el mercado corporativo. En ese momento la comunidad pone a la compañía en el ojo del huracán. «¡Red Hat ha traicionado el espíritu de Linux! ¡Red Hat es la nueva Microsoft!» solían decir los amantes del software libre siempre que tenían ocasión. Pero pese a las protestas, ese mismo año la compañía publicaría su última versión para su distribución personal: Red Hat 9. A partir de ese momento, Red Hat sería RHEL.

Tan fuerte fue a partir de ese momento su apuesta por el mundo empresarial, que en realidad Red Hat no hizo el mínimo esfuerzo por competir con Windows en el escritorio. Matthew Szulik el por aquel entonces CEO de la empresa, afirmó de hecho en una ocasión que «probablemente los usuarios domésticos harán bien en seguir con Windows. Diría que en el mercado de consumo, Windows sigue siendo la mejor opción».

Esto no quiere decir no obstante, que Red Hat abandonase por completo la comunidad. La compañía no solo siguió contribuyendo activamente al desarrollo de Linux, sino que el mismo año que ponía fin a ese «Red Hat» oficial, ponía en el mercado a «Fedora» una nueva distribución para el mercado de consumo que desde su primera versión, serviría como «banco de pruebas» para las nuevas tecnologías con las que experimenta la multinacional.

Y no solo en el mercado de consumo. Un década más tarde (2014), la compañía tomaría la decisión de adquirir CentOS, básicamente, un clon de RHEL utilizado por las compañías que quieren tener lo último de Red Hat, renunciando a su soporte técnico.

Aterrizando en la nube

Si Red Hat quería conquistar las empresas, tenía que dominar su terreno de juego. Y cada vez parecía más evidente que la nube iba a ser ese terreno. La aventura de Red Hat en el mundo cloud arranca en 2006, cuando la compañía adquiere JBoss, una empresa en el terreno del middleware, especializada en el desarrollo de software corporativo. Red Hat muestra por primer vez que aunque sigue siendo Linux, empieza a ser algo más.

Su primer desarrollo puro en este terreno sin embargo, fue el lanzamiento de RedHat CloudForms, una plataforma para la gestión de máquinas virtuales, que tenía (y sigue teniendo) soporte para VMware vSphere, Red Hat Enterprise Virtualization, Microsoft Hyper-V, OpenStack, y Amazon EC2.

Para el año 2008, RHEL está disponible en EC2 y en ese momento se plantea la necesidad de desarrollar su propia IaaS, una proyecto que recibiría el nombre de Deltacloud, pero que acabaría por fracasar.  Recibiría mucha más recompensa en cambio, al unirse al proyecto OpenStack, convirtiéndose en miembro activo para su desarrollo en 2012 y convirtiéndola años después en una de las grandes dominadoras e la nube pública.

Su apuesta por el mundo cloud no acaba sin embargo aquí. En vez de limitarse a competir en un cada vez más abarrotado mercado IaaS, Red Hat se lanza al mismo tiempo al más abierto mercado PaaS con el lanzamiento de OpenShift, plataforma que ha experimentado un gran protagonismo en los últimos años como consecuencia de la popularidad de contenedores como Docker y orquestadores como Kubernetes.

A partir de ahí, la compañía ha invertido en otras tecnologías para reforzar su posición en la nube y tras adquisiciones como Intank en 2o14, en 2015 la compañía invirtió 100 millones de dólares para la compra de Ansible uno de los desarrollos para el mundo DevOps más populares de la actualidad.

IBM compra Red Hat

Desde su posición como player destacado en el mundo cloud, en los últimos años se ha venido especulando con una posible venta de Red Hat y en los mentideros del mundo tecnológico se decía que compañías como Oracle o Microsoft podían estar interesadas en comprar.

Los rumores se confirmaron en 2018, cuando IBM anunció que desembolsaría nada menos que 34.000 millones de dólares por hacerse con el control de la que desde hace tiempo era la mayor empresa de software open-source del mundo.

Si se cumple lo pactado, Red Hat lo seguirá siendo. Porque aunque es cierto que a partir de ese momento forma parte de IBM, también lo es que la voluntad de ambas compañías es que Red Hat siga siendo una empresa independiente, que ayude a IBM a convertirse en ese líder cloud que desde hace años quiere ser.

Periodista tecnológico con más de una década de experiencia en el sector. Editor de MuyComputerPro y coordinador de MuySeguridad, la publicación de seguridad informática de referencia.

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