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Cinco fracasos de Microsoft con los que en realidad, podría haber triunfado

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Microsoft

Microsoft es una compañía increíble. Capaz de desarrollar productos estupendos como Windows 10, Office 365 o Azure…y responsable también de crear atrocidades como Windows Vista, MSN o Microsoft Kin. Es la compañía que ha tenido el valor y el acierto de adquirir grandísimas empresas como Skype o LinkedIn, pero también es la que en un momento determinado pensó que era una buena idea comprar Nokia. Es como no podía ser de otra forma, la suma de sus éxitos y sus fracasos. Hoy os queremos hablar de cinco de estos últimos. Cinco fracasos bastante recientes que no tienen tanto que ver con la calidad intrínseca de los productos que se presentaron, sino en los que han jugado una suma de factores que incluyen el timing de entrada en el mercado, visión empresarial o estrategia.

Windows Phone y Windows Mobile

De todos los fracasos tecnológicos de los últimos años, el de Windows Phone/Mobile es tal vez el más sorprendente. Lo es, porque Microsoft fue capaz de diseñar un sistema operativo para smartphones que realmente estaba a la altura (cuando no superaba claramente) de sus competidores.

Desde el punto de vista del diseño, la usabilidad y el rendimiento, Windows Phone 7/8 y Windows Mobile 1o superaba en muchos aspectos a Android e igualaba a iOS en otros tantos. En sus últimas versiones, incluía ese concepto maravilloso que respondía al nombre de Windows Continuum que permitía conectar algunos smartphones (como el HP Elite x3) a una pantalla externa y trabajar con un escritorio extendido en aplicaciones como Office.

¿Por qué no cuajó entonces? La principal razón es que llegó tarde al mercado. Cuando Apple lanzó su primera versión de iOS, Microsoft luchaba por posicionar un Windows Mobile, que desde el año 2000 llevaba «incrustando» en PDAs como las HP iPAQ y a última hora, con su versión Windows Mobile 7, en smartphones de HTC y Samsung. Para cuando se decidió a desarrollar Windows Phone 7, su primer sistema operativo móvil moderno, Apple no solo acaba de presentar ese iPhone 4 que marcaba un antes y un después en la historia de la telefonía móvil, o la primera versión de su iPad, sino que Google se estrenaba con su línea Nexus de teléfonos móviles.

Así las cosas, muchos desarrolladores decidieron que resultaba mucho más interesante apostar en primer lugar por una empresa llevaba años ofreciéndoles una fuente regular de ingresos (Apple) y una segunda que empezaba a competir el mercado mobile (Google), que centrarse en una Microsoft que ni tenía base instalada ni ofrecía un modelo claro que incentivase el desarrollo de aplicaciones para la nueva plataforma. La compañía tuvo una segunda oportunidad de intentarlo con el lanzamiento de Windows 10 y el rebranding de su sistema operativo móvil a Windows Mobile. Su error en este caso fue no intentar ocupar el espacio que había dejado libre BlackBerry en muchas empresas y que podría haber ocupado si hubiese trabajado mano a mano con Salesforce, VMware, IBM, Cisco y tantas otras.

El intento, si es que lo hubo, fue bastante tímido y tras la llegada de Satya Nadella a la presidencia, pronto se vio que el nuevo CEO estaba más interesado en posicionar los servicios de Microsoft en cualquier plataforma, antes que intentar competir con la propia. Hoy en día y una vez superado ese gimmick que responde al nombre de Surface Phone, parece claro que la estrategia de Redmond en este campo pasa por alianzas como la recientemente anunciada con Samsung, que comercializará su nuevo Galaxy Note S10 «vestido» con todas las apps y servicios de Microsoft.

Cortana

Como asistente personal, Cortana es una aplicación que busca solucionar una necesidad…que no existe. Presentada en la conferencia de desarrolladores Microsoft Build de 2013, Cortana pasó sus primeros «años de vida» intentando competir con Siri, Alexa y Google Assistant. Lo ha intentado en Windows 10, en Windows Mobile, en smartphones de la competencia, en la consola de videojuegos Xbox, en Microsoft Band e incluso, en su propio altavoz inteligente firmado por la firma de audio premium Harman Kadon.

Con Cortana Microsoft ha llegado tarde casi a todos los terrenos de juego: al móvil (Siri y Google Assistant) y los dispositivos IoT (Alexa). Pero es que donde ha llegado pronto, al escritorio con Windows 10, no ha sido capaz de demostrar su utilidad. Ni es el mejor buscando en Internet, ni consigue ahorrar tiempo a los usuarios utilizando comandos de voz.

Sin embargo, sería un tanto injusto tachar a Cortana de fracaso absoluto. En sus dos últimos años, y a diferencia de lo que no hicieron con Windows Mobile, en Microsoft están consiguiendo reorientar el trabajo y las funciones de Cortana al terreno empresarial.

En vez de animar a los desarrolladores a añadir todo tipo de skills que no se van a utilizar, en Microsoft están haciendo lo posible por integrar en este asistente personal el núcleo duro de sus servicios en áreas como la productividad (Office 365, Microsoft ToDo, Microsoft Teams),  la analítica de negocio (Dynamics 365) e incluso la administración IT (Azure). Además en su última Build, Microsoft ha anunciado la liberación de un buen número de APIs de Cortana con las que quiere convencer a las empresas para que desarrollen sus propios chatbots y asistentes de IA.

Como en el caso de Windows Mobile, Microsoft también quiere posicionar lo mejor de Cortana en dispositivos de la competencia, como lo demuestra su reciente asociación con Amazon, que a medio plazo permitirá utilizar sus altavoces Echo para conversar con su asistente de voz.

Microsoft Band

Microsoft Band es una de las pruebas más palpables de que la multinacional no siempre es capaz de dar con la tecla adecuada para triunfar en la informática de consumo. Lanzada en 2014, en plena efervescencia wearable, esta pulsera de actividad personal venía a competir en un terreno dominado entonces por Fitbit y a la espera de lo que presentaría Apple con su Apple Watch.

Lo cierto es que esta Band era un wearable muy interesante. En el terreno de la actividad física, permitía registrar todo tipo de actividades, incluyendo GPS, monitor óptico de ritmo cardíaco y sensor de rayos ultravioletas. Además, sin ser propiamente un smartwatch, ofrecía en su diminuta pantalla notificaciones móviles y distintas «tiles» que conectaban con algunos servicios de Microsoft como calendario y agenda, correo electrónico, alarmas… o de terceros como Facebook.

Tan interesante era la pulsera, que Microsoft subestimó completamente su potenciales ventas. Tras estrenarse en el mercado en octubre de 2014, las existencias disponibles se agotaron en pocas semanas. Pese a que lo intentó, la compañía no consiguió cumplir con la demanda interna y mucho menos, llevar su Band a otros mercados. Así las cosas, parte de su posterior fracaso se debió a que la compañía no fue capaz de responder ni de lejos, en términos de producción, a lo que esperaba el mercado. Para cuando llegó la campaña navideña, el pinchazo fue total.

Posteriormente, con el lanzamiento de Microsoft Band 2 a finales de 2015, la compañía intentó «enmendar» el problema. Sin embargo, su «momentum» había pasado y tras la presentación unos meses antes del reloj inteligente de Apple y los nuevos Fitbit, lo «nuevo» de Microsoft parecía anticuado. La compañía puso fin a su aventura wearable un año más tarde.

UWP y Windows Store

Si Apple y Google han triunfado con sus tiendas de aplicaciones…¿Por qué no puede hacer Microsoft lo mismo? Esta es la pregunta que se hicieron en Redmond a medida que iban desarrollando ese sistema operativo Frankenstein que llevaba como nombre Windows 8. La idea en realidad, no era muy diferente a la que proponían sus competidores: que los usuarios tuviesen la oportunidad de comprar aplicaciones y contenidos digitales (música, libros, películas) desde una plataforma unificada.

Su principal problema sin embargo es que de unificado no tenía nada. O sí, a su manera. En un intento para desmarcar el nuevo sistema operativo de todo lo anterior, la Windows Store de ese momento únicamente permitía (y en cierta medida así sigue siendo) publicar aplicaciones desarrolladas ad hoc para Windows 8 y únicamente compatibles con este sistema operativo. En este sentido, las Apps debían cumplir con las líneas de programación y diseño marcadas por MetroUI, que tenían muy poco que ver con las aplicaciones Win32 se se habían utilizado hasta este momento y que no olvidemos, se podían seguir instalando y utilizando.

Esto por supuesto no solo dejaba fuera de la tienda de aplicaciones de Microsoft a grandes empresas como Adobe, Autodesk, TeamViewer y tantas otras, sino a muchas aplicaciones desarrolladas por la propia Microsoft como Office, Visual Studio o Project. El despropósito se completaba con el lanzamiento de una primera generación Surface que en su versión Surface RT únicamente permitía ejecutar aplicaciones ModernUI. Con el lanzamiento de Windows 10, Microsoft dio un paso atrás en muchos aspectos y en su tienda de aplicaciones abrió algo la mano con el lanzamiento de las UWP apps, que entre otras cosas, facilitaban a los desarrolladores adaptar las aplicaciones Win32 al nuevo entorno.

¿Fue suficiente? Si tenemos en cuenta que hace unos meses la compañía ha declarado que finalmente se rinde y que abrirá las puertas de su tienda a las aplicaciones Win32, está claro que no. A día de hoy la cantidad (y sobre todo calidad) de las aplicaciones que encontramos en la tienda de Microsoft palidece cuando la comparamos con cualquier otra y la mayoría de los usuarios sigue instalando las aplicaciones que necesita sin «pasar por el aro» de la tienda.

Edge Chromium

Microsoft Edge

Puede que Internet Explorer 6 haya conseguido alzarse con el dudoso honor ser ser el navegador de Internet más odiado de la historia. Pero de lo que no hay duda es que durante años no tuvo rival. Tal era su posición de dominio sobre su competencia, que la UE inició un procedimiento contra la compañía en este terreno, a la que acabó acusando de monopolio y obligando a ofrecer a los usuarios la posibilidad de cambiar de navegador durante el primer arranque de Windows.

Desde entonces, la posición de Microsoft en el terreno de los navegadores no ha hecho sino empeorar. Progresivamente las sucesivas versiones de Mozilla Firefox, pero sobre todo el desarrollo de Google Chrome, se comieron la cuota de mercado de un Internet Explorer que era percibido por los uusarios como un producto lento, inflexible y poco seguro.

Microsoft intentó poner remedio a esto con la presentación de Microsoft Edge, un navegador que debutó en Windows 10 con muchas cosas positivas (posibilidad de anotar en las webs, listas de lectura, integración de OneDrive y OneNote, soporte para ePub…) y que una vez más no solo llegó tarde, sino sin soporte para extensiones de terceros.

Las extensiones, a las que se habían acostumbrado millones de usuarios de Firefox y Chrome, acabaron llegando meses más tarde. Pero tal y como ha ocurrido con Safari en Mac OS, ya no importaba. Aunque Edge es un navegador rápido y capaz de hacer decenas de cosas interesantes, sus potenciales usuarios le han dado la espalda.

Periodista tecnológico con más de una década de experiencia en el sector. Editor de MuyComputerPro y coordinador de MuySeguridad, la publicación de seguridad informática de referencia.

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