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Opinión

España: mucho smartphone para poca Digitalización

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Cuando se trata la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), una mayoría de españoles (más del 90%, según el Estudio Advice de Éxito Empresarial) reconoce a La Caixa como el punto de referencia. Esto no es de ahora. Ya en tiempos de la Segunda República, La Caixa era reconocida por su labor social en Cataluña y en toda España. Hoy, la entidad ya no es una caja de ahorros (Ley de Reestructuración del sistema financiero), sino una fundación: Fundación Bancaria La Caixa, de la que cuelgan su Obra Social, Criteria Caixa -donde se agrupan participaciones industriales en empresas- y CaixaBank, primer banco español por varios criterios: cuota de mercado, líder en transformación digital, gestión y resultados y orientación social.

Bien es verdad, los españoles se fijan más en la Obra Social de La Caixa porque les ayuda en sus necesidades: lucha contra la pobreza infantil, investigación contra el cáncer, ayuda a los mayores y enfermos, innovación, educación y cierre de la brecha digital…

¡Ah! La brecha digital. Es la madre del cordero. Inevitablemente, la Cuarta Revolución Industrial está ya sucediendo. Oímos hablar del despliegue e implementación de nuevas tendencias tecnológicas: Inteligencia Artificial, Big Data, Cloud Computing, Convergencia y contenidos, conectividad y paquetes quíntuples…

Un momento, la sociología nos dice que las personas vivimos en “nuestras burbujas”, cada uno en la suya. Los expertos en tecnología saben de lo que hablan porque lo viven: si en España hay 29.000 empresas TIC (INE, 2018) y casi 390.000 empleados, cabe preguntarse qué sucede con el resto de los 18,5 millones de asalariados y autónomos, los 10 millones de pensionistas, los 2,5 millones de funcionarios y el millón de personas del ámbito rural…

Sería una necedad pensar que el conocimiento que tienen los expertos sobre Digitalización y la Transformación Digital es compartido por los 46 millones de personas que viven en España (INE, enero 2019). Si, por ejemplo, hay un millón de familias con todos sus miembros en edad de trabajar, en paro, es plausible pensar que la transformación digital sea la última de sus preocupaciones. En España hay 13 millones de personas en riesgo de exclusión social, aquí la RSE la vemos en la Obra Social de La Caixa, Cáritas o la ONCE, pero la población general y las pymes, que sustentan el 66% del empleo, miran a los poderes públicos y a las grandes empresas. En este caso, a las empresas IT, que son las impulsoras de la dicha Cuarta Revolución Industrial. Las anteriores ya las conocemos: la máquina de vapor, la electricidad y la computación, sobre la que se construye la Digitalización.

En este punto, la pregunta es obvia:

¿Dónde está la responsabilidad social empresarial del sector TIC-Telco-Digital?

¿Existe? ¿En qué consiste? Porque hay otros muchos sectores de actividad económicos en que la RSE es muy evidente por ruidosa. Llaman responsabilidad social a una campaña de publicidad para concienciar sobre los riesgos de la obesidad cuando quien la promueve es una compañía que vende hamburguesas. Hay bancos que nos hablan de digitalización como una filosofía cuando ponen en la calle a miles de personas, dejándolas sin hogar, es decir, los desahucios. Pero los expertos olvidan esto último y nos venden “una universidad digital” como la RSE de un banco. El colmo de la desfachatez es vivir la contradicción internamente en la empresa: vender ropa barata en Internet y ser el líder mundial, al tiempo que quien fabrica esa ropa en el Tercer Mundo son mujeres que cobran un euro diario. ¿Se puede vivir con un euro diario?

El 88% de los españoles piensa que la Responsabilidad Social Empresarial es una “mera cuestión de marketing”. En otras palabras, es un lavado de cara. Una compañía energética puede obtener unos maravillosos beneficios y destinar fondos de su “obra social” a la promoción del cine, cuando lo que debería resolver es “la pobreza energética” que afecta a millones de españoles y tiene que llegar La Caixa para resolver el problema porque la lucha contra la pobreza energética es uno de sus objetivos.

El 29 de enero de 2019, en el World Economic Forum, hubo un debate sobre el futuro del trabajo. Participaron la presidenta de IBM, Virginia Rometty, el CEO de SAP, Bill McDermott y otros líderes del sector tecnológico. Aparentemente, el título de la mesa redonda no dice nada y, al mismo tiempo, lo dice todo: la Cuarta Revolución Industrial va a ser tan disruptiva, que dejará a muchos millones de personas sin trabajo. Sectores de actividad, oficios, etc, desaparecerán. A nadie consuela la famosa frase tan vacía como insultante a la inteligencia de “se crearán nuevos empleos que aún no existen” dice una experta en digitalización.

La realidad es que la mejor RSE del sector TIC-Telco-Digital es su propio desempeño, su propio modelo de negocio, sus propias tecnologías, pero con dos condiciones: primero, poner a las personas en el centro de la transformación digital; segundo, como uno de los lemas del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, “sin dejar a nadie atrás”. ¿Es obvio? No, porque los gurús de la digitalización, que se enriquecen dando conferencias, están simplemente vendiendo su producto. La cuestión, obscena, es que dejan de lado, por ignorancia, el contexto económico, el empleo, el consumo de los hogares, la inversión empresarial, por no hablar de que no han visto una pyme en su vida. Cualquiera que haya trabajado en una imprenta o el sector editorial, sabe de lo que estamos hablando.

Laurence Fink, presidente de la primera gestora de fondos del mundo, Blackrock, en una carta dirigida a los CEO de las empresas en las que invierte, llama la atención sobre “la angustia y la ansiedad que en el entorno laboral se siente hoy ante la Cuarta Revolución Industrial”. Y llama a los presidentes de esas compañías a asumir sus responsabilidades sociales: desde el crecimiento y el desarrollo sostenibles al cuidado medioambiental. Y, sobre todo, alude a la necesidad de que las empresas de telecomunicaciones y tecnológicas en las que Blackrock invierte, sean efecto tractor que promueve la digitalización de manera inclusiva y que se empeñe en formar a los trabajadores de otras industrias y sectores en las tecnologías de la transformación digital.

El 78% de los que se colocan en España a través del antiguo INEM (SPEE) tienen capacidades tecnológicas: Windows, Office 365 (Word, Excell, Power Point). Tener un teléfono inteligente, hoy, no garantiza ser experto en digitalización: en España hay 53 millones de teléfonos móviles inteligentes deambulando y solo somos 40 millones de españoles y seis millones de inmigrantes. Ya la tasa de paro acaba de bajar del 15%, por primera vez en una década. Estados Unidos, líder de la transformación digital empresarial -tanto grandes empresas como pymes- tiene una tasa de paro del 3,7% o, lo que es lo mismo, pleno empleo. Aunque tengamos más smartphones que nadie, España aún no está digitalizada…

Blackrock tiene inversiones en empresas españolas: un 6% en Cellnex Telecom, primera compañía europea de gestión de infraestructuras inalámbricas, que permite desde la emisión de la señal de televisión a las Smart Cities. Su CEO, quinto mejor de España según la revista Forbes, Tobías Martínez, hace tiempo que tenía asumidos los principios éticos (RSE) del presidente de Blackrock, uno de sus accionistas: gobierno corporativo, igualdad de género, inversión verde… Cellnex Telecom tiene “embebido” en su ADN la RSE, entre otros motivos porque sus accionistas y gestores así lo quieren. El otro accionista de referencia es La Caixa, que también tiene razones para pedir acción social a las empresas donde tiene participaciones.

El caso de Telefónica

La creación de Telefónica Empresas el 10 de enero de 2019, con José Cerdán al frente, es tanto una apuesta de negocio, una agrupación de toda la oferta comercial y de productos de la transformación digital de la compañía y un esfuerzo enorme por ayudar y transformar digitalmente a la pyme en España y en el mundo. No es una startup, el 23% de los 54.000 millones de euros que factura Telefónica provienen del negocio que dirige Cerdán. Y ahí todo es digitalización: desde los partners (Cisco, Sage, AWS, Microsoft Azure, etc), las empresas del grupo que impulsan la digitalización (Wayra, Eleven Paths, Luca, etc), las tecnologías de la digitalización (conectividad, cloud, big data, inteligencia artificial, ciberseguridad, etc), todo ello está agrupado bajo el paraguas de Telefónica Business Solutions.

La carta del presidente de Blackrock también llegó a esta multinacional, a José María Álvarez-Pallete, ya que el gestor de fondos de inversión es uno de los tres accionistas de referencia de Telefónica, siendo el primero, de nuevo, La Caixa (6,1%), seguido de Blackrock (5%) y BBVA (5%). El 78% de las pymes que, en España, han iniciado su transformación digital, lo hacen de la mano de Telefónica.

En las TIC-Telco-Digital, la mejor RSE es su propio modelo de negocio cuando, en lugar de hacer actividades de marketing para quedar bien ante la sociedad, orienta sus esfuerzos a transformar digitalmente las pymes y autónomos y a dar formación en nuevas tecnologías de la digitalización. Y eso aplica a HP con su impresión 3D y liderazgo en la venta de ordenadores; a Sage y su modelo SaaS de venta de software a medio millón de pymes españolas, a Salesforce y su ERP cloud nativo para medianas empresas y, si damos un salto cuántico, debería aplicarse con fuerza a los cinco magníficos: Facebook, Amazon, Google, Microsoft y Apple. Ellas controlan el mundo, pero lo que la gente quiere -un ejemplo, el 89% de los millenials que trabajan-no es que esas empresas controlen el mundo, sino que hagan un mundo mejor.

jorge diaz cardiel

 

 

Jorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Autor de más de mil de artículos de economía y relaciones internacionales, ha publicado una veintena de libros.

Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Ha ocupado cargos de responsabilidad en empresas de comunicación, relaciones públicas y tecnología. Ha escrito más de mil de artículos de economía y relaciones internacionales y una veintena de libros.

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