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Una historia de Apple, Google, Putin y censura

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Nadie lo dudaba: tras las elecciones que han desarrollado a lo largo de este fin de semana, Putin ha vuelto a ser elegido presidente de la Rusia durante seis años más. Ha sido elegido con el menor apoyo popular que ha recibido durante los últimos 20 años, pero no es que importe demasiado: en un país en el que la oposición real o se persigue o se censura, la victoria de «Rusia Unida» era tan previsible como que mañana será un nuevo día.

Sin embargo, tal vez lo más interesante de esta victoria es el mensaje que Rusia manda no solo al resto de potencias (y muy especialmente a Estados Unidos), sino a las compañías tecnológicas. Y es muy claro: si compañías como Apple o Google quieren seguir operando en Rusia deberán plegarse a las órdenes del Kremlin, «no matter what».

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Navalny y la aplicación de la discordia

De los pocos opositores a los que en estas elecciones podían hacer cosquillas a Putin, sin duda Aleksei A. Navalny era el más conocido. Arrestado el pasado mes de enero cuando regresó a Rusia después de recibir tratamiento médico en Alemania por envenenamiento con el agente nervioso Novichok, el opositor al Kremlin cumple en estos momentos una condena de tres años por supuestamente violar la libertad condicional en un caso en el que se le acusó de participar en malversación de fondos de 2014.

Además de eso y con el objetivo de movilizar y coordinar a la oposición contra Putin en las elecciones de este año, Navalny puso a disposición de los rusos una aplicación tanto en la Appstore de Apple como en Google Play. Por supuesto, el Kremlin no tardó en reaccionar a su última «provocación».

Pocas horas después de que la aplicación comenzase a acaparar titulares tanto en Rusia como en el extranjero, el Gobierno exigió a ambas compañías tecnológicas que retirasen la aplicación de forma inmediata, cosa que efectivamente, no tardó en suceder. La reacción por parte del equipo del opositor ruso no se hizo esperar y en un comunicado oficial, denunciaron la hipocresía de unas compañías tecnológicas que afirman públicamente defender la libertad pero que no dudan demasiado a la hora de aceptar órdenes de un gobierno autoritario.

«Retirar la aplicación de Navalny de las tiendas es un acto vergonzoso de censura política» – afirmó en Twitter el representante de Navalny, Ivan Zhdanov – «El gobierno autoritario de Rusia y su propaganda estarán encantados».

Contactados por el New York Times, representantes de Google explicaron que la decisión de retirar la aplicación estuvo motivada por el hecho de que desde el Kremlin les habría trasladado nombres de personas concretas que se enfrentarían a un proceso judicial si la aplicación no era retirada. Apple por su parte, rehusó hacer ningún comentario.

¿La policía del mundo?

La extraordinaria presión que el Kremlin ha puesto sobre ambas empresas evidencia una vez más, hasta qué punto las compañías tecnológicas tienen una capacidad real para influir sobre las personas. Pese a que días antes de la votación la aplicación ya no estaba disponible, su efecto «smart voting» ha sido responsable en buena parte, de que la popularidad de Putin en las urnas haya caído más de 10 puntos con respecto a las elecciones de 2016.

Sin embargo y aunque en cierta forma ese poder de persuasión puede ser buscado y hasta deseado por las tecnológicas, no olvidemos que su objetivo número uno no ha cambiado: ganar en cuota de mercado y vender. El tener que ponerse de vez en cuando ese traje de «policía del mundo» y tener que tomar partido ante conflictos políticos sin duda les incomoda.

Eso no evita sin embargo que el debate sea ahora más intenso que nunca y que divide entre los que opinan que las compañías tecnológicas deben ser un actor neutral que se limita a acatar la legislación vigente en cada país en el que entran y los que defienden que en determinado países eso supone colaborar con regímenes autoritarios, cuando no favorecer directamente la represión sobre la disidencia.

Mantener un acceso abierto y sin censura en países poco democráticos, se ha convertido en los últimos tiempos en uno de los retos más complicados a los que se enfrentan tecnológicas estadounidenses como Apple, Google, Facebook y Twitter. En países como China o Myanmar no cumplir estrictamente la ley local equivale a no poder operar. Pero incluso en países que tienen una cierta apariencia democrática como India, Israel o Turquía, cada vez resulta más frecuente que las autoridades presionan a estas empresas para censurar determinados contenidos políticos o incluso, bloqueen el acceso a su red.

Las empresas se ven por lo tanto obligadas en poner una balanza el valor que tiene seguir prestando servicio en países poco amigos de la libertad de expresión (por el beneficio económico por supuesto, pero también por la imagen que quieren dar), con la conveniencia y los problemas que va a ocasionar el seguir haciéndolo.

Esa presión sin embargo también la encuentran las tecnológicas tanto en Estados Unidos como en la UE, donde los distintos reguladores les exigen que pongan en marcha políticas más estrictas para luchar contra la desinformación o eliminar los contenidos de odio. Y aquí mientras algunos partidos aseguran que no se puede permitir el acoso en redes, otros afirman que eliminar esos contenidos es censura y por lo tanto, antidemocrático.

Periodista tecnológico con más de una década de experiencia en el sector. Editor de MuyComputerPro y coordinador de MuySeguridad, la publicación de seguridad informática de referencia.

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