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Opinión

Virtualización y cloud computing

Antonio Gómez Moliner, director general para el sur de Europa de Ciena, considera ambas soluciones el almacenamiento del siglo XXI. Además de ir en aumento, parecen las soluciones perfectas para los sistemas empresariales, son fiables y completas. Para este directivo, aunque la virtualización está más asentada en el mercado, a medida que el cloud computing vaya madurando, las empresas acabarán sintiéndose más atraídas por él.

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Antonio Gómez Moliner, director general para el sur de Europa de Ciena, considera ambas soluciones el almacenamiento del siglo XXI. Además de ir en aumento, parecen las soluciones perfectas para los sistemas empresariales, son fiables y completas. Para este directivo, aunque la virtualización está más asentada en el mercado, a medida que el cloud computing vaya madurando, las empresas acabarán sintiéndose más atraídas por él.

 

 

 

 

El sector de las telecomunicaciones, al igual que cualquier otro, está asistiendo a un devenir de tecnologías promocionadas hasta la saciedad a un ritmo en ocasiones alarmante. La clave, según coinciden críticos, analistas y equipos de desarrollo del sector, parece estar en la capacidad de discernir cuáles de estas tecnologías sobrevivirán a dicha promoción y pasarán a la fase de adopción masiva y despliegue generalizado. Parece un poco pronto todavía para tener la certeza absoluta, pero las tecnologías relacionadas de la virtualización y cloud computing parecen reunir todos los requisitos necesarios para conseguir peso específico. Así pues, ¿qué es lo que traen consigo estas tecnologías?

La idea de cloud computing proviene en esencia del concepto de “nube” al que se asocian todas las redes, incluida Internet, junto con una potente tecnología informática. El término general de cloud computing engloba el software como servicio (SaaS – Software as a Service, por sus siglas en inglés), Web 2.0 y otras tendencias tecnológicas de su entorno. La característica común a todas estas subtecnologías es que se basan en la “nube” de la red para satisfacer algunas de las necesidades informáticas del usuario final. Esto ha dado lugar a que el software y el almacenamiento de datos salgan del entorno de la oficina y se subcontraten a terceros con equipos mucho más potentes y conocimientos necesarios para garantizar el funcionamiento óptimo de estos sistemas.

Puede decirse que la virtualización tiene algo más de madurez que el cloud computing, y actualmente lleva varios años utilizándose en el ámbito de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC). Como su nombre indica, la virtualización consiste en la creación de una versión virtual (en lugar de física) de una aplicación informática o de un dispositivo de hardware (por ejemplo, un sistema operativo o un servidor). Aunque el cloud computing puede albergar numerosas aplicaciones, el almacenamiento para empresas se adapta especialmente bien a ella. Dado que la mayoría de las pequeñas y medianas empresas prefieren subcontratar de todas formas la mayor parte de sus tecnologías TIC, la continuidad del negocio y las implicaciones legales podrían llevarles a conceder prioridad al almacenamiento como una de sus principales aplicaciones.

Con Internet y las redes privadas a disposición del usuario, la infraestructura necesaria está rápidamente disponible y es capaz de ofrecer servicios accesibles desde cualquier lugar del mundo, de manera que la “nube” se convierte en punto único de acceso. En líneas generales, la infraestructura de cloud computing se compone actualmente de servicios fiables que se proporcionan a través de centros de datos de nueva generación basados en tecnologías de virtualización informática y de almacenamiento.

El uso cloud computing y de virtualización va en aumento, como pone de manifiesto la gama de servicios de cloud computing que ofrecen los distribuidores y los proveedores de servicios y contenidos. Algunos ejemplos recientes de esto son Elastic Compute Cloud o EC2 y el servicio S3 de Amazon, o el servicio Synaptic Hosting de AT&T, donde se ofrece a las empresas un ecosistema de TI completo y dirigido para que puedan cargar y ejecutar sus aplicaciones. Esta tecnología cuenta con el respaldo de distribuidores tradicionales, como IBM, Intel y HP, así como otros “recién llegados” más innovadores, como Google y Yahoo. Esta última ha logrado con éxito trasladar el concepto de SaaS a un mercado de masas mediante aplicaciones en línea para cuentas de correo electrónico, almacenamiento de fotografías o aplicaciones de oficina. El concepto de cloud computing resulta fácil de asimilar para la generación de usuarios que ha crecido utilizando estos servicios, lo cual puede contribuir considerablemente a impulsar la adopción de servicios más avanzados a escala empresarial.

 

 


 

 

 

A medida que se vayan conociendo mejor las posibilidades del cloud computing y que los servicios que se ofrecen a través de ella se vayan ampliando y mejorando, las empresas se sentirán cada vez más atraídas hacia esta tecnología por su valor intrínseco y su simplicidad. En consecuencia, aplicaciones de TI como las de almacenamiento pueden ofrecerse fácilmente a través de la “nube”, y acabarán desbancando a las “caseras” o personalizadas tradicionales. Otras aplicaciones más complejas también adquirirán valor una vez incorporadas a la “nube”, aunque su aceptación tal vez no sea tan directa. Lo que sí está claro, no obstante, es que el cloud computing eliminará muchos aspectos de la TI que tradicionalmente exigían contar con equipos internos de TI, lo cual será atractivo para las empresas, ya sean pequeñas o grandes.

 

Por ejemplo, si calculamos que alrededor del 80% de los recursos informáticos locales de una compañía están infrautilizados (por ejemplo, en un momento dado, es posible que sólo estemos ejecutando dos o tres aplicaciones de software en nuestro ordenador, como por ejemplo, el correo electrónico o el navegador de Internet, lo que desaprovecha buena parte de su potencial de computación), sin duda tendría sentido incorporar muchas de estas aplicaciones a la nube. Estas ventajas resultan prometedoras, no sólo debido a la reducción de costes en la obtención de licencias de software, sino también por la disminución del gasto en TI y las ventajas evidentes que proporciona la estandarización. Es más, la subcontratación de dichas funciones permite a las empresas centrarse en sus principales competencias, dejando la administración de sus servidores, las aplicaciones y la gestión de sus datos en manos de compañías especializadas en este entorno capaces de ofrecer un servicio permanente.
 

El impacto del cloud computing sobre las redes de almacenamiento

 

Gracias a la virtualización y al cloud computing, los procesos de almacenamiento e intercambio de datos tradicionalmente regionalizados en las redes de oficinas se han desplazado a la nube de red, mucho mayor y resistente. En la mayoría de los casos, al acceder a los servicios de la “nube”, el público utiliza servicios de banda ancha y la nube de Internet. Esto da lugar a un incremento en el uso del ancho de banda a lo largo de Internet, lo que a su vez posee importantes consecuencias para las infraestructuras de los proveedores de servicios dedicados al intercambio de datos. Por ejemplo, para las empresas que recurran a servicios de almacenamiento poco intenso a lo largo del día esto tendrá un impacto mínimo, mientras que la realización cotidiana de copias de seguridad (una vez al día) puede afectar al rendimiento de la red o prolongarse durante mucho tiempo, a menos que los operadores hayan previsto dichos procesos (los operadores de redes podrán garantizar unos niveles de servicio del rendimiento de la nube por los que ciertos usuarios finales estarán dispuestos a pagar ese valor adicional).
 

A medida que más usuarios estén dispuestos a pagar por aplicaciones a las que se acceda a través de Internet alojadas en servidores remotos, los distribuidores podrán ofrecerlas como servicios por niveles. Aunque esperen conseguir ahorros significativos, muchas empresas exigirán contratos de servicio para asegurarse de que el rendimiento no se vea afectado en las aplicaciones críticas implementadas. Las aplicaciones de almacenamiento que sean capaces de potenciar la “nube” tendrán muchas oportunidades de cobrar más por el nivel de servicio ofrecido. Por ejemplo, tal vez un pequeño comercio minorista sólo necesite el servicio de almacenamiento básico, pero un gran banco exigirá contratos de servicio con garantías de latencia, disponibilidad y ancho de banda, y a menudo sufrirá graves perjuicios en caso de fallo del sistema. Dado que los operadores ofrecen ahora servicios de red y de software, los proveedores de servicios deberían, de hecho, considerarse “proveedores de acceso a aplicaciones”, cambio de percepción que proporcionará tanto oportunidades como riesgos al proveedor de servicios.

 

Lo que también afecta significativamente a los modelos de empresas proveedoras de servicios, en particular a sus necesidades de redes y ancho de banda, es la creciente facilidad para conectarse a Internet desde dispositivos móviles.

 

Los usuarios se sienten atraídos por estas aplicaciones porque se puede acceder a ellas desde cualquier conexión a Internet y por medio de numerosos dispositivos, como ordenadores portátiles y de sobremesa o PDA. Esta “nueva” disponibilidad de la red extiende el alcance de los servicios virtualizados más allá de la conexión “tradicional” por cable. Dispositivos como el iPhone 3G, el Google G1 y otros teléfonos inteligentes, que ofrecen facilidad de uso, una excelente experiencia para el usuario y diversas aplicaciones de terceros, están impulsando aún más esta tendencia. A medida que los servicios de datos móviles son cada vez más ubicuos, va ganando adeptos el uso de la virtualización y del cloud computing, no sólo para consumidores y pymes, tradicionalmente más susceptibles a las novedades del mercado, sino también entre las grandes empresas.

 

 

 

 

Una respuesta al cloud computing: nuevas arquitecturas de red

 

Debido a las tendencias antes mencionadas, los proveedores de servicios sienten la necesidad urgente de iniciar una transición en sus arquitecturas de red y en sus modelos de prestación de servicios para adaptarse mejor a este nuevo entorno.

 

Una arquitectura optimizada debe tener flexibilidad y capacidad suficientes para satisfacer rápidamente la demanda de los consumidores y reducir el plazo transcurrido desde el momento en que se solicita el servicio al cobro de ingresos. Esto sólo es posible si los recursos de red se pueden reconfigurar dinámicamente para atender nuevas solicitudes de servicio con una mínima intervención humana.

 

Según un reciente estudio del Grupo McKinsey, “la arquitectura de red mediante software puede reducir el plazo de provisión de asistencia y de realización de pruebas en un 20% en el caso de las instalaciones iniciales de servicios, y hasta un 70% si se trata de actualizaciones de líneas (como por ejemplo, ancho de banda, tipo de servicio o calidad de éste [QoS, por sus siglas en inglés])“. En pocas palabras, las redes deben ser más dinámicas y basarse más en el software, teniendo en cuenta los tres elementos claves siguientes.

 

1 – El plazo de salida al mercado. Es esencial que los proveedores de redes puedan configurar, activar y proporcionar los servicios lo antes posible. Para ello, es necesario introducir un mayor nivel de conocimiento del servicio en las áreas de acceso y metropolitanas, lo que permitirá acelerar considerablemente la creación, activación y aseguramiento de los servicios.

 

2 – La diferenciación del servicio. Si desean captar más ingresos por cliente, es fundamental que los proveedores de redes se esfuercen por diferenciar sus servicios mediante estrictos contratos para las distintas aplicaciones que necesiten. Para mayor eficacia, los proveedores de redes deben adoptar una actitud hacia el servicio mucho más determinista, incluyendo funciones como la QoS jerárquica y una mejor estratificación de los servicios.

 

3 –  La flexibilidad. Los proveedores de servicios también deben ser capaces de asignar, incrementar o reducir dinámicamente la capacidad de la red con el menor esfuerzo posible gracias a su programabilidad y para responder ante curvas de demanda impredecibles, ya que nadie puede prever qué dispositivo, aplicación o servicio va a ser el siguiente gran impulsor del ancho de banda en la nube. Por otra parte, existen otros aspectos críticos, como la latencia, la seguridad y la velocidad del servicio, lo que conlleva la necesidad de disponer de una red que permita asignar prioridades y gestionar el tráfico de manera fiable.

 

Cada vez se hace más evidente que el planteamiento tradicional para la creación de redes y la prestación de servicios no podrá resistir a la larga las innovaciones emergentes relacionadas con las aplicaciones. En esta nueva era, los proveedores de servicios de red necesitan adoptar una perspectiva y un planteamiento totalmente diferentes hacia la red que sustituya la actual conectividad de tránsito inactivo (dumb pipe) para acceder a aplicaciones o redes inteligentes, automatizadas y orientadas hacia el servicio. Quienes asuman el hecho de que sus redes deben evolucionar para convertirse en un bien capaz de adaptarse rápidamente a la innovación iniciada por la virtualización y cloud computing con el fin de aprovechar y transformar los nuevos servicios en beneficios tendrán éxito. Quienes no lo hagan, deberán afrontar una serie de dificultades.

 

Antonio Gómez Moliner, director general para el sur de Europa de Ciena

 

Periodista especializada en tecnologías corporate, encargada de las entrevistas en profundidad y los reportajes de investigación en MuyComputerPRO. En el ámbito del marketing digital, gestiono y ejecuto las campañas de leads generation y gestión de eventos.

Opinión

Internet de las Cosas está transformando el negocio del deporte

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Internet de las Cosas en el Deporte

El negocio del deporte evoluciona constantemente, desde las expectativas de los aficionados y la gestión de los recintos deportivos, hasta las perspectivas y análisis de los jugadores. El acceso inmediato a todo tipo de información relevante en el mundo del deporte se está convirtiendo en un elemento crítico para el éxito deportivo y de gestión. El Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) está ayudando a crear unas ventajas competitivas tanto para los propietarios de los equipos y las diferentes competiciones como para los propios equipos y deportistas. A continuación, se detallan cuatro situaciones en las que el IoT está transformando el deporte a través de la tecnología de “recintos deportivos inteligentes”.

Interacción con los Aficionados

Los aficionados están exigiendo cada vez más datos y la tecnología está respondiendo, mejorando la experiencia de los aficionados a través de una mayor personalización. Desde pedidos de mejores asientos, novedades en los establecimientos comerciales, a puestos de información con pantallas táctiles interactivas. Por tanto, los recintos inteligentes ayudan a los aficionados a conectarse de manera divertida y emocionante con su deporte.

Imagínate llegar al estadio y recibir un mapa del recinto en el que se muestre el camino más rápido para llegar a tu asiento. Cuando quieras algo de comer, que puedas obtener casi en tiempo real información sobre la ubicación del establecimiento más cercano y con menos gente. Puede que quieras comprar algo en la tienda del equipo local, ahora podrías comprar y pagar sin tener que esperar largas colas. Esta es la tecnología de recintos inteligentes en acción.

Transporte

En la medida en la que los eventos deportivos y de entretenimiento atraen a más aficionados, la tecnología de recintos inteligentes puede mejorar la gestión de grandes aglomeraciones de tránsito y los problemas de aparcamiento, que son tan molestos para muchos de los asistentes.

Los sistemas de gestión de estacionamiento pueden ayudar a controlar el acceso en muchos aparcamientos, incluyendo parkings con reserva previa, enrutamiento de los vehículos, opciones de pago digital y otros. Esto puede facilitar todo el proceso, con mejoras en la experiencia del aficionado por un lado, y en las operaciones y eficiencia por otro.

Para los usuarios de transporte público, las señales digitales informan en tiempo casi real cuándo llega el próximo autobús o tren. Y es posible alquilar bicicletas eléctricas en puntos de toda la ciudad con tan solo acercar el Smartphone a ellas. Para los usuarios de transporte compartido, los estadios están estableciendo puntos de referencia para dejar o recoger pasajeros que mejoran el acceso de los aficionados. Finalmente, los mapas de tráfico en tiempo real pueden ayudar a optimizar la mejor ruta para llegar a casa.

Infraestructura

Gracias a la infraestructura inteligente, los sensores y cámaras inteligentes permiten visibilidad instantánea de las condiciones del recinto. Todo esto puede hacerse a través de aplicaciones que son tan fáciles de usar como el Smartphone al que estamos tan acostumbrados. De esta manera, es posible atender las reparaciones necesarias de manera proactiva en lugar de reactiva.

La infraestructura inteligente también está ayudando a los recintos a ser más eficientes en el uso de energía. Con soluciones de iluminación inteligente, por ejemplo, es posible ajustar la iluminación existente en el recinto y utilizar soluciones de Internet de las Cosas para ayudar a optimizar el uso de energía para esas actividades. Y las cámaras de video pueden dar información sobre los patrones de tráfico dentro del estadio para asegurar que los estadios pueden gestionar la demanda en tiempo casi real.

Seguridad Pública

Por último, pero también importante, la seguridad pública puede beneficiarse de manera muy importante de que los recintos estén equipados con más tecnología. Por ejemplo, los drones pueden mostrar a los asistentes sanitarios lo que está sucediendo en un accidente dentro del estadio antes de que lleguen al lugar del incidente. El potencial de desplegar un dron conectado y recolectar remotamente información de una emergencia podría ayudar al personal de servicios de emergencia a tomar decisiones y acelerar su respuesta.

Conclusión

Los recintos son como pequeñas ciudades. Como líder en tecnología para ciudades inteligentes, AT&T tiene una experiencia tecnológica única para responder a las cambiantes necesidades de los recintos deportivos.

Para atender estas necesidades específicas, AT&T Professional Services está colaborando con Threaded, una empresa global de estrategia y consultoría deportiva. Juntos, estamos asegurando que la industria del deporte tenga acceso a todo el potencial de los recursos que ofrece el IoT – brindando servicios de consultoría, datos, seguridad e innovación.

 

Chris Penrose, Presidente de Internet de las Cosas de AT&T
Es el responsable de dirigir las iniciativas globales de Internet de las Cosas de AT&T en todos los sectores verticales. Junto a su equipo operan a escala global para impulsar la estrategia y ejecución de conectividad de alta seguridad, plataformas, servicios profesionales y soluciones de IoT de extremo a extremo.
Es licenciado en Ciencias en Marketing y tiene un Máster en Administración de Empresas de la Universidad de Indiana.

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Opinión

Apple, el nuevo Gran Hermano de la industria TIC

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gran hermano

Al cierre de Wall Street, ayer, día 12 de septiembre de 2018, la acción de Apple valía 223,85 dólares, bajando un 2,60% en la jornada. Ese día Apple, como todos los meses de septiembre de todos los años, presentó sus nuevos productos al mercado, especialmente los nuevos iPhones y Apple Watch. Si, por ejemplo, uno de los cinco grandes bancos de inversión de Wall Street (Goldman Sachs, el primero) pierde 2,60 por ciento de su valor en una sesión se da por seguro que el Consejo de Administración se reúne “para analizar qué ha pasado y asignar responsabilidades”. El Consejo transmite al CEO sus decisiones, quien a su vez convoca al Comité de Dirección en sesión de crisis y procede a despedir a varios directivos -que se van a casa contentos, con varios millones de dólares de indemnización, bonus, etc- y elaborar una nueva estrategia de crecimiento. No es, en realidad, nada dramático: es como un juego, donde los jugadores conocen las reglas, sea en Goldman Sachs o en Apple.

Un vistazo a la evolución del valor de la acción de Apple en los últimos once años (el primer iPhone fue lanzado al mercado en 2007, aún vivía Steve Jobs) muestra que, cada septiembre, el día en que presenta sus nuevos productos, el valor de su acción decrece. Pero nadie llora y, si lo hace, es por alegría que no por pena: no en vano, Apple es la empresa con mayor valor bursátil del mundo y la primera en alcanzar el billón de dólares, equivalente al Producto Interior Bruto de España. Cierto que Amazon acaba de subirse al carro del billón de dólares de market cap; pero hay una abismal diferencia entre ambas empresas.

Amazon, desde su fundación en 1994 como librería pequeña online, solo ha presentado beneficios en una ocasión. Apple, en cambio es, desde que Steve Jobs cogió de nuevo las riendas de la empresa en 1996, una máquina de generación de beneficios. ¿Qué más quieren los inversores en una empresa que esta dé beneficios y reparta dividendos? Más aún, ¿Qué importa de dónde vengan? Como bien dijo el sucesor de Mao Zedong al frente de China, Deng Xiaoping, para explicar por qué un país comunista adoptaba el capitalismo de estado en 1982: “¿Qué importa si el gato es blanco o negro con tal de que cace ratones?”

Para los inversores, da igual si los beneficios de Apple provienen del iPhone, del iPad, del iPod, del Apple Watch, de los ordenadores Mac, o, si me apuran, incluso si la empresa hace honor a su nombre y se pone a vender manzanas de verdad, seguro que las vende a precio de oro, como los teléfonos. Como cada trimestre, en el segundo de este año, Apple batió récord de beneficios, de nuevo. Sus beneficios trimestrales equivalieron a la facturación anual de la mayor empresa informática del mundo, que no citaré por aplicar el refrán de “se dice el pecado, pero no el pecador”. El 65% de los ingresos de Apple proceden del iPhone. En el último trimestre fiscal las ventas solo crecieron un 1% más, equivalente a 29.900 millones de dólares en ingresos o, lo que es lo mismo, un 20% más que el año anterior. ¿Cómo es posible?, se pregunta el inversor. La respuesta está en el precio del iPhone, que se incrementó (qué coincidencia) un 20%.

Ganar mucho más dinero, aunque se venda lo mismo. Es la estrategia de Apple. Acertada porque, aunque Samsung tiene una cuota de mercado del 20,9% en la venta de teléfonos inteligentes, versus el 14,5% de Apple, de todos es sabido que esta factura, gana y vale en Bolsa mucho más que la otra. Y no sigo por aquí, por no hacer sangre…

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El público de Cook

Cito a los inversores más que a los frikis. El perfil del público que acude a Cupertino para escuchar a Tim Cook y ver la presentación de los nuevos productos ha cambiado radicalmente con los años. Si 28 años de historia sirven de referencia, diré que, en 1990, asistí a una presentación de los nuevos productos de Apple, por parte de Steve Jobs. Fuimos tres españoles: José Luis Cobas (hoy director de comunicación de Ferrovial), Osky Goldfried (editor de medios de comunicación tecnológicos y digitales) y un servidor.

Acostumbrado a ducharme hasta con el traje puesto, me sorprendió ver tanto hippie y tanto friki tecnológico, como en su momento lo fue el cofundador de Apple, Steve Wozniak, quien tuvo que abandonar la compañía (vaya, que Steve Jobs le despidió, como cuenta con detalle minucioso el gran biógrafo de Jobs, Walther Isaacson, ex director de Time y de Newsweek y autor de la monumental biografía titulada “Steve Jobs”, que ha inspirado dos películas sobre el protagonista, una interpretada por Ashton Kutcher y otra por Michael Fassbender) porque no quería democratizar la informática -como deseaba Jobs: “poner un ordenador en cada hogar”- sino dejarla en manos de ingenieros, como fue costumbre en el sector tecnológico-informático en los años 70 y 80.

Durante años, “expertos en informática”, gentes que hicieron de Apple su religión y referencia vital, acudieron a ver y escuchar a Steve Jobs en la presentación de sus nuevos productos. Pero estos fanáticos no dan a Apple de comer. En cambio, los inversores, sí. Y las masas, la población general (concretamente, 2.000 millones de clientes). Con Tim Cook, que venía de dirigir operaciones y finanzas, como nuevo CEO de Apple, el público que acude a Cupertino cada septiembre es muy distinto al primigenio. Hay más traje y corbata, hay más maletines que mochilas y hay más personajes interesados en saber el precio de los nuevos productos y la estimación futura de ventas, que en las nuevas aplicaciones, colores o innovaciones en el sistema operativo.

Y ayer los inversores se fueron a casa mucho más que contentos. Los tres nuevos modelos de iPhone lanzados ayer tienen un precio básico de, 750, 1,000 y 1,100 dólares. Y, de ahí, para arriba. Por supuesto son más caros que sus antecesores del año pasado. Son teléfonos más grandes, más rápidos y más caros, lo que permite al iPhone convertirse en un miniordenador, -sin pretender igualar, competir o canibalizar al iPad- que sigue una estrategia muy ingeniosa: los propietarios de los nuevos iPhones podrán acceder (pagando más, claro) a nuevos contenidos ofrecidos por Netflix y HBO, por ejemplo. Por cada suscripción hecha en App Store, Apple se lleva un 30% en el primer año y 15% cada año siguiente en que se mantiene la suscripción. La estrategia es lucrativa para Apple: los ingresos por servicios de Apple aumentaron 31% en el último trimestre, alcanzando los 9.550 millones de dólares.

Al consumidor final sí le interesan los nuevos modelos y, la experiencia de los 11 años previos muestra que no le importa pagar más dinero por ellos. Al fin y al cabo, es una cuestión de “estatus”, en Nueva York, en Dubai y en Madrid. Como lo fue durante años pagar cinco veces más por un café en Starbucks que en una cafetería, mostrando, eso sí, a todo el mundo el cafetito en la calle, el metro y el autobús, porque es símbolo de “estatus”. Con el iPhone pasa lo mismo y se prevé un incremento de la demanda no menor al 20% de los tres nuevos modelos lanzados el 12 de septiembre: iPhone XR, iPhone XS y el iPhone XS Max, cuyos respectivos precios de partida ya indiqué más arriba.

Por supuesto, hubo nuevos Apple Watch Series 4, con una pantalla más grande y, sobre todo, con funcionalidades asociadas a la salud de quien lo lleva. El precio de partida será de 399 dólares, a partir del 21 de septiembre.

Apple nos provee de médico en forma de reloj que, en realidad es un teléfono…; en 1984 Apple lanzó su famoso anuncio inspirado en la estética de la película Blade Runner (no es vano, su director, Ridley Scott, hizo el anuncio) por el que -sin nombrar a la compañía-, acusaba a IBM de ser el Gran Hermano que lo controla todo y a todos, como en el libro de George Orwell titulado “1984”.

Muchos se preguntan ahora quién es el nuevo Gran Hermano…

jorge diaz cardielJorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Ha sido Director General de Ipsos Public Affairs, Socio Director General de Brodeur Worldwide y de Porter Novelli International; director de ventas y marketing de Intel Corporation y Director de Relaciones con Inversores de Shandwick Consultants. Autor de miles de artículos de economía y relaciones internacionales, ha publicado una veintena de libros, como Las empresas y empresarios más exitosos; Innovación y éxito empresarial; El legado de Obama; Hillary Clinton versus Trump: el duelo del siglo; La victoria de América; Éxito con o sin crisis; Recuperación Económica y Grandes Empresas; Obama y el liderazgo pragmático, La Reinvención de Obama, Contexto Económico, Empresarial y Social de la Pyme en España, Digitalización y éxito Empresarial, Trump, año uno, entre otros. Es Premio Economía 1991 por las Cámaras de Comercio de España.

 

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Opinión

Tráfico en las smart cities: los datos son clave para la seguridad y la ecología

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Smart Cities

Las smart cities son ya un sinónimo de progreso en las sociedades desarrolladas. Consolidar entornos urbanos conectados que nos otorguen una mejor gestión de la energía, se adapten mejor a las necesidades de sus habitantes y refuercen aspectos clave como la seguridad o el tráfico es uno de los retos a los que se enfrentan las administraciones en la actualidad.

Dado que se trata de proyectos que todavía están en proceso en la gran mayoría de los casos, todavía nos referimos al concepto smart city en clave de potencial. Según el reciente informe ‘Hacia la Ciudad 4.0’, de KPMG en colaboración con Siemens, el desarrollo de proyectos de este tipo en las ciudades puede suponer un ahorro de entre un 20% y un 60% para las arcas municipales, afectando a áreas como el alumbrado público, la edificación sostenible, la monitorización inteligente de presión y fugas de agua, las soluciones inteligentes para la recogida y tratamiento de residuos o las plataformas para la gestión del tráfico.

De la teoría a la práctica

Pero, conocida ya la teoría, ¿qué clase de acciones concretas deberían aplicar los gobiernos municipales para conseguirlo? Ante esta lista de posibles ámbitos de trabajo, resulta fundamental la gestión del tráfico en las smart cities. Este aspecto supone una gran oportunidad de avance ya que atañe a áreas que van desde el cuidado del medioambiente hasta la seguridad de los ciudadanos. Así, no cabe duda de que el pilar indispensable para su correcto desarrollo son los datos.

En el mercado actual están consolidadas numerosas aplicaciones y soluciones, tanto para particulares como para profesionales, que trabajan con datos del usuario –siempre garantizando el cumplimiento de toda la legislación como el GDPR– y que obtienen información sobre volumen de tráfico o posibles puntos negros que es ser de extrema relevancia para solucionar numerosos problemas viales.

Un ejemplo sencillo: imaginémonos una intersección donde se registra un número escaso de accidentes, pero donde no son pocos los conductores que se han visto obligados a dar un frenazo brusco para evitar una colisión o un atropello. Si solo nos ciñésemos a las cifras de siniestralidad, la conclusión que extraeríamos sería que no es necesario realizar ningún tipo de actuación en esta intersección, puesto que aparentemente no es un punto negro. Pero ¿qué ocurriría si el gobierno municipal recibiese información adicional sobre el alto número de frenazos repentinos en este punto? Como es lógico, las situaciones próximas al accidente no suman en siniestralidad, pero si son detectadas y analizadas, pueden ayudar a prevenir accidentes.

La seguridad vial es clave para el adecuado funcionamiento de las smart cities, pero otros aspectos lo son igualmente. Uno de los principales retos diarios de los conductores de ciudad, la búsqueda de aparcamiento, genera más congestión de tráfico y, como consecuencia, la emisión de un mayor volumen de gases de efecto invernadero. Saber con exactitud las áreas que más problemas dan a los conductores a la hora de estacionar también ayuda a elegir la acción más adecuada, ya sea la creación de nuevas zonas de aparcamiento, reorganizar la circulación o introducir señalización. De nuevo, trabajar con los datos adecuados de los recorridos que los usuarios tienen que hacer para encontrar plazas libres también facilitará la toma de decisiones por parte de las administraciones.

¿Cómo acceder a esta información? Basándonos en el respeto a la privacidad del usuario y con el GDPR como hilo conductor de estas acciones, una de las soluciones sería el uso de  plataformas abiertas con datos agregados (y, por tanto, anónimos), donde los gestores municipales puedan tener acceso a información verdaderamente relevante sobre volumen de tráfico y conducta de los usuarios. Las herramientas y los medios los tenemos ante nosotros; solo nos falta dar un paso al frente.

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Iván Lequerica
European Engineering Director
Geotab

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